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El elenco actoral del cine de Bergman

Por Íñigo Bolao

¿Cuál es el secreto del cine de Ingmar Bergman (1918-2007)? En realidad, sería más conveniente usar el plural, porque no solo reside en lo que transmiten sus historias y en la manera de tratarlas (El séptimo sello, 1956, o Secretos de un matrimonio, 1974); o al esmerado cuidado técnico que le dio a cada una de ellas, habiendo contado Ingmar con colaboradores destacados como el director de fotografía Sven Nykvist (1922-2006), aunque el tiempo de rodaje y el presupuesto fuesen reducidos.

Este artículo trata sobre el elenco actoral con el que ha contado el director sueco en sus filmes o, al menos, en los actores y actrices más relevantes. No es un misterio que Bergman, desde pequeño, había crecido con el teatro. Representaba su segundo refugio junto al cine, el único espacio en el que podía liberarse de las ataduras que suponía la rígida educación protestante que le había dispensado su propio padre, un sacerdote. Aún así, nunca pudo librarse de los valores que se le inculcaron en su infancia, lo que se aprecia en cada una de sus cintas. Hablar de Bergman es hablar de la carga de un pasado tortuoso.

Volviendo al tema que nos ocupa, el contacto con el mundo teatral le permitió desarrollar una capacidad magistral de dirigir actores. Era capaz, según François Truffaut, de hacer que, de una película a otra, los intérpretes fuesen “completamente diferentes; a menudo hacen papeles totalmente opuestos a los anteriores”. Claro que, en una película, la actuación requiere de una naturalidad que se corresponda con el motivo visual que el cineasta proporciona para que la imagen transmita un significado.

Precisamente, el secreto de su técnica residía en dejar que los intérpretes improvisasen. En sus guiones, conforme fue evolucionando como director y guionista, Bergman se centraba cada vez más en la imagen y menos en el diálogo, o al menos en lo más esencial. Para el resto de su labor, lo que hacía el director era crear una relación con su elenco basada en el apoyo constante del primero para que los miembros del reparto sacaran lo mejor de sí mismos y pudieran hacer un trabajo notable. Por otra parte, hay que decir que los personajes de sus películas están bien construidos, poniendo énfasis el cineasta en las pautas y elementos necesarios para que éstos evolucionen.

Creo que con un ejemplo bastará para apreciarlo, y recomendaría ver algunas escenas de sus películas en versión original. Una pregunta: ¿en esta escena, Bergman lo escribió todo, o dejó a Max von Sydow improvisar?

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Y después de haber expuesto toda esta retahíla introductoria que, espero, no haya aburrido al lector, vamos con cada uno de los actores:

Max von Sydow (1929). Todo un maestro de la interpretación y un referente para generaciones de actores. Son memorables sus papeles de hombre atormentado, siendo a menudo el álter ego del propio Ingmar Bergman. Destacó en con sus papeles de Antonius Block en El séptimo sello, Jan en la demoledora La vergüenza (1968) o como el pintor con demonios internos Johan Borg en La hora del lobo (1968). Generalmente es más conocido en su papel del Padre Merrin en El exorcista (1973) de William Friedkin o en películas como Pelle el conquistador (1988) de Bille August.

Liv Ullmann (1938). Actriz, directora y musa de Bergman –incluso madre de una hija que tuvo con él-, nunca podrá olvidarse su rostro después de ver la película Persona (1966) en el papel de la actriz Elisabeth Vogler, muda tras un ensayo teatral y desprovista de cualquier identidad real. Poco a poco los personajes que recibió del maestro se caracterizaban por disponer de una mayor sensibilidad, tal y como puede comprobarse en Secretos de un matrimonio.

Gunnar Björnstrand (1909-1986). El actor más asiduo de la filmografía “bergmaniana”. Gran actor de cine y de teatro, Björnstrand hizo papeles secundarios memorables y muy diferentes entre sí: desde el hijo que guarda cierto desdén hacia su padre, el profesor Isak Borg (Víctor Sjöström), en Fresas salvajes (1957), pasando por el rudo escudero de El séptimo sello y el escritor sensible de Como en un espejo (1961), al despreciable “benefactor” de la película La vergüenza.

Bibi Andersson (1935). Tan bella como Liv Ullmann, Andersson destacó en su doble papel en Fresas salvajes como una de las autoestopistas que la familia de Borg recoge en la carretera y de la mujer de la que estuvo enamorada el propio profesor en el pasado; así como en el de la enfermera Alma en Persona quien, ante Elisabeth Vogler, experimenta una disolución de su propia personalidad.

Erland Josephson (1923-2012). Compañero de Ingmar Bergman, fue, además de actor, director de teatro y sucesor del propio cineasta en la dirección del Dramaten (Teatro Dramático de Estocolmo). Sus actuaciones principales se pueden apreciar en Gritos y susurros (1972) y en Secretos de un matrimonio, así como su continuación para televisión, Saraband (2003), junto a Ullmann. Participó también en las películas de otros directores, como en el último film de Andrei Tarkovsky, Sacrificio (1986).

Ingrid Thullin (1926-2004). La tercera actriz sueca de mayor renombre internacional detrás de Greta Garbo e Ingrid Bergman. La variedad en sus interpretaciones, al igual que en el resto del elenco, también pueden apreciarse en sus actuaciones, como en Fresas salvajes, Los comulgantes (1962) o como el antiguo amor (y, a la vez, demonio) de Johan Borg (Von Sydow) en La hora del lobo.

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Harriet Andersson (1932). Encandiló a los directores de la nouvelle vague (cuando fueron unos duros y acérrimos críticos como nosotros en Cahiers du Cinéma) como la joven Mónica en el film Un verano con Mónica (1953), la primera obra maestra de Bergman. Llegó a sobrecoger con su interpretación de Karin en Como en un espejo, así como en su papel de Agnes en Gritos y susurros, enferma de cáncer de útero y distanciada en su relación con sus dos hermanas, Karin y Maria (Thullin y Ullmann, respectivamente).

Por último, no se podría terminar este artículo sin mencionar su trabajo con las dos grandes figuras de la cinematografía sueca. Por un lado, el gran pionero cinematográfico y actor Víctor Sjöström (1879-1960), ya mencionado más arriba como el hombre que interpretó al serio y melancólico profesor Borg en Fresas salvajes. Y, por otro lado, Ingrid Bergman (1915-1982), quien solo trabajó una vez con Ingmar en Sonata de otoño (1978) en el papel de Charlotte, una pianista de prestigio internacional que no pudo criar como fue debido a su hija Eva (Ullmann una vez más).

A modo de conclusión, se podría decir que todo este reparto de actores y de actrices contribuyó a que el cine de Ingmar Bergman siga siendo una guía de referencia perfecta para los aspirantes a la dirección de actores o para la interpretación. El inconveniente suele ser el hecho de que muchas de esas interpretaciones se pueden hacer un poco pesadas para el espectador al tener algo teatral. No obstante, si realmente el lector (o la lectora) gusta del cine de buenas interpretaciones, la filmografía de Bergman es idónea.

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