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El día que conocí a Boyero (Parte II)

por Borja Álvarez (Jita)

«Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos.»

Eso es lo que ponía en la camiseta. Carlos me miró y me digo algo así como: «Pues es verdad, aunque yo tengo la gran suerte de que me paguen por hacer lo que me gusta», a lo que yo respondí: «Yo haría gratis tu trabajo.» Los dos nos reíamos llegando a la conclusión de que eso sería sólo durante un tiempo. Carlos no se percató de que la frase corresponde a una película que el definió como «Una pretenciosa gilipollez.» Se trata como ya habrán averiguado, de El Club de la Lucha. Nos dijimos adiós y así terminó nuestro encuentro. Yo me dirigí al metro pensando en que me hubiera dicho de haberse dado cuenta que se trataba de esa película.

Uno le aman, otros le odian, pero lo que está claro es que Boyero no deja indiferente a casi nadie. Mi sentimiento se encuentra entre la admiración y la envidia. Guste o no, se trata del crítico más leído e influyente de este país. Todos los que amamos el cine y escribimos sobre ello nos gustaría estar en su posición. Como decía el gran Federico Luppi en Martín (Hache): «Si encuentras algo que te gusta, un oficio, una profesión y puedes vivir de ello, no vas a sentir que estás trabajando. Igualmente te van a explotar pero nadie te puede quitar el placer de hacer lo que te gusta. Te van a pagar para que te diviertas.»

A veces estoy de acuerdo con él, otras muchas veces no, pero casi siempre me gusta como lo dice. Su estilo no cambia, es un hombre polémico, qué se lo digan a Pedro Almodóvar o a José Mourinho, al que recientemente tuvo que indemnizar con 6.000 €  por llamarle “nazi portugués”. Siempre va de cara, podrá gustarte o no lo que dice pero lo que dice es lo que piensa. No tiene reparos en reconocer que se ha dormido viendo algunas películas o en criticar duramente cintas que han gustado al 90% de la gente pero a él no. Y en el fondo, así debe ser un crítico. Un crítico debe ser libre de juicio, debe decir en todo momento lo que piensa, lo que esa película le ha hecho sentir. Si a ti no te ha hecho sentir lo que al 90%  de la gente le ha provocado, no pasa nada, el cine es puro arte, y como arte que es, esta bajo la subjetividad del que lo ve. Yo amo Hasta que llegó su hora, Boyero, sin embargo, odia (salvo Érase una vez en América) el cine de Leone. Ni yo le voy a convencer, ni él me va a convencer a mí por mucho cine que haya visto.

Para mí, la primera regla que debe tener un critico es la de “no mentirse a sí mismo”. No venderse ante la opinión de la mayoría. Si no te gusta, no te gusta. A mí me aburrió hasta la saciedad El séptimo sello de Ingmar Bergman y está considerada una obra maestra. ¿Qué tengo que hacer? ¿Decir que es una maravilla porque el 90% de la gente lo piensa? Pues no, debo ser fiel a mi sentimientos y a lo que me ha provocado esa película. Se pueden tener en cuenta parámetros técnicos y demás pero la verdadera sensación está en los sentimientos que despierta en ti una película y en si te ha entretenido o no. Ya lo decía Wilder: «Tengo 10 mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir! El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final de la película.»

Y eso es lo que me gusta de Boyero, no se casa con nadie. Si tiene que poner a parir a alguien lo hace, si tiene que alabarlo, lo mismo. Se podrá estar de acuerdo o no con él, yo le he criticado muy duramente alguna vez por su exceso de querer ver lo siniestro, lo oscuro, lo turbio del ser humano. También reconozco que en ocasiones sobrepasa la línea que divide lo correcto de lo inmoral, pero en este mundo actual lleno de “postureo”, donde reina el fariseísmo y es fácil caer en las garras del dólar, se agradece que alguien diga lo que realmente piensa y le cante las cuarenta a más de uno. No todos pueden decir lo mismo.

Así es Carlos Boyero, mitad crítico, mitad personaje y, sobre todo, un tipo directo, de los que no se arrugan, ¿Les gusta? ¿Le odian? Sea cuál sea la respuesta, guarden fuerzas porque tenemos Boyero para rato.

Comentarios

  1. Marcos Senda

    Pues para amar su trabajo siempre tiene una cara de perro de cuidado como si viviera en un cabreo continuo.

    • jaja, bueno, como ya digo es un tipo peculiar. No me cabe duda de que le encanta, otra cosa es que haya cosas del trabajo que no le gusten, como a todos supongo.

      Y también pienso que es su estilo, su forma de dar su opinión. Eso sí, como tenga un mal día y encima se vea una mala peli, no creo que sea fácil de aguantar.

      Un saludo :)

  2. OjoCrítico.com

    Borja, ayer escribí un artículo al lado de Boyero en el festival de San Sebastián y me acordé de tu artículo y del de Áralan.

  3. jaja, pásadlo bien allí. Me encantaría estar en un festiva así. Aprovechad la ocasión y ya nos contáis :)

  4. A Boyero también le ha ayudado mucho la fama que cogió a raíz del pique de Almodóvar por su crítica a Los Abrazos Rotos en Cannes y posterior pataleta del director manchego (tengo entendido que exigió el cese de Boyero) y sobre todo su cambio El mundo por El País que es una especie de dejar el Madrid y fichar por el Barca. Mientras muchos críticos se refugian en los escritos el parece encantado con sacar vídeos con sus opiniones. Personalmente, creo que tiende a proteger la época dorada de Hollywood y las películas antiguas, siempre defiende las películas de Wilder y John Ford y creo que sus 3 películas favoritas son El Apartamento, El Golpe y El hombre Tranquilo siempre parece que cualquier nueva película un poco revolucionaria no se puede comparar con los viejos clásicos, mientras siga consiguiendo visitas para El País y notoriedad estará siempre con nosotros

    • Hombre, Boyero ya era bastante conocido antes. Como digo, escribía en El Mundo desde hace mucho años. Pero es cierto que un altercado con un director como Almodóvar siempre te da notoriedad o incluso que algunos te recuerden por eso. Respecto a los videos, no creo que sea cosa suya, supongo que vendrá por parte de El País. Además suele hacerlo en Festivales porque es mucho más rápido dar la opinión de las películas, normalmente escribe críticas. Y he de decir que Boyero ha alabado varias películas de Almodóvar pero como una no le guste, le da con ganas. Es lo que tiene ser un director tan estrafalario (a mí me gusta bastante por cierto).

      Sus 3 películas favoritas son “El hombre tranquilo”, “El Apartamento” y “El buscavidas” aunque seguro que “El Golpe” está entre ellas. Quizás si que esté anclado un poco en la época dora de Hollywood y le cueste reconocer obras modernas, pero cuando las ve, lo dice.

      En ese sentido yo estoy muy de acuerdo con él. No volveremos a ver el cine que se vio entre 1935 y 1960 (en especial desde 1935-1950), es irrepetible, era otra forma de entender el cine, de comunicarse con el espectador. Los tiempos han cambiado, la vida ha cambiado y volver a ver ese cine es muy difíicil. Yo he visto bastante cine clásico y también tiendo a esa comparación en ocasiones, pero cuando uno ha visto cintas como “Ninotchka”, “Las uvas de la ira”, “El crepúsculo de los dioses” o “Los mejores años de nuestra vida” sabe que no volverá a ver ese tipo de cine nunca más y no se, tiende a protegerlo. Son cintas especiales, con unos valores pérdidos en la sociedad actual y realizadas con un estilo y elegancia practicamente inalcanzables hoy en día. Y si encima es el cine con el que te has críado, ni te cuento. Seguro que muchos de mi generación comparamos las películas de animación de hoy en día con las de antes.

      Que le queda cuerda para rato está claro. Es un tipo muy directo, no se corta con nada y ya sabes, lo polémico vende, provoca visitas en internet, se habla de ti en todos los lados… es en cierto modo publicidad. Y a El País le sigue interesando eso.

  5. notelodigo

    Hola Borja, no suelo escribir frecuentemente en la red pero en este caso haré una excepción, coincidí en la etapa Trueba Boyero Resines con ellos y conozco muy a fondo las vicisitudes de aquellos años porque las vivía con ellos, decirte que el retrato infantil-juvenil del personaje es correcto, veo que tu información venía de buena fuente, por resumirte el tipo d en aquella época era un ególatra-suicida-odio el mundo y la vida. y creo que no ha variado mucho hasta ahora (entendiendo suicida como metáfora).
    Respecto a lo de grandes películas disiento de vosotros, siempre, siempre se han hecho grandes películas y horrorosos bodrios, ayer, hoy y mañana aparecen obras maestras en forma de película y sinceramente, es algo que agradezco sin medida, cada vez que veo una película en donde han dado en el clavo les adoro hasta el infinito, hay cientos de ejemplos pero sólo te diré uno que me viene ahora a la cabeza de una peli de hace unos años “gato negro, gato blanco”, como esta hay otras muchas en donde la calidad en su conjunto es enorme y aplaudo hasta con las orejas que existan esos artistas.
    Un saludo,

  6. Hola “notelodigo”, lo primero agradecerte el comentario. Yo también estoy de acuerdo al 100% en que antes y ahora se han hecho buenas y malas películas. De hecho, en el artículo nombró una antigua que a mí me aburre muchísimo. Y podría decirte más.

    El tema está en que antes se hacía menos cine. A partir de los años 50 la industria creció una barbaridad y hoy en día se hacen imnumerables películas. Que haya tanta mediocridad es una de las razones por las que hoy parece que hay peor cine.

    Pero la verdad es que lo hay, mi época favorita es la de 1935-1950 y lo es por la forma en que se hacia. Era pura clase, elegancia, transmitía valores y contaba historias de una manera artística que echo mucho de menos. Por ejemplo, si hablamos del cine negro de los años 40 muchas películas cuentan la misma historia: “Chico con problemas con la mafia, el alcohol y/o el juego. Ese estereotipo de hombre derrotado por una vida de la que ya no espera nada… y todo a causa de una mujer”. Por ejemplo Gilda, Perdición, Forajidos, Tener y no tener, Cayo Largo etc…
    Todas ellas son grandísimas películas porque de manera muy distinta, todas cuentan la misma historia. Eso es lo que creo que falla en el cine actual, la manera de transmitir el cine, eso que supongo que se llama “lenguaje cinematográfico”, hay que contarle las historias a la gente de una manera que le toque, le remueva, que le deje poso.

    Respecto a Boyero, poco que decir, el tipo es un personaje en toda regla. Ya digo que muchas veces no estoy de acuerdo con él, tampoco en sus formas pero me identifico mucha con su forma de ver el cine. En fin, todo lo que cuento en el artículo vamos…

    Un saludo ;)

  7. notelodigo

    Hola, yo también he disfrutado mucho con las películas que nombras pero tu mismo nombras el quid de la cuestión, eran el mismo tema, yo precisamente admiro mucho más a los que saben buscarse el tema, la que te puse de ejemplo, los gatos, es una de ellas, ahora recuerdo una clásica francesa que si no has visto te la recomiendo, Le Trou, el agujero, y otra que si que has visto y que yo no recuerdo el título pero seguro que la recordaras si te digo que hay un personaje con la habitación llena de caracoles y un carnicero que vende carne humana, admiro mucho la originalidad bien concebida, bien expresada y bien ejecutada y ese es el cine que me llena porque el otro, el de las historias tópicas si es bueno también me agrada pero no me aporta tanto como el otro y a esos son a los que yo llamo geniales y con los que disfruto extensivamente del cine.
    mas saludos.

  8. Íñigo

    Respecto a lo último que dices, Borja, el gurú de los guionistas, Robert McKee, acuñó una frase que se comprende cuando ves mucho cine: “se muestra, no se cuenta”. Siempre se oye decir a un cineasta: “hago cine para contar historias”. Y esos conciben el cine como un compendio de imágenes contadas de manera novelística. El cine es todo ojos, no palabras; y la cámara detecta qué es impostado y qué es auténtico.

    De todos modos, el cine es un arte jodidamente exigente, tienes que dejarte hasta el alma.

  9. He visto “Le Trou” sí. Grandísima película, al margen de la historia, hay un plano en el túnel realmente impresionante.

    Iñigo, “Se muestra, no se cuenta”

    Quizás por eso, Charles Chaplin es para mí la mayor figura que ha dado el cine y le rindo homenaje en mi blog. Con él, te estabas muriendo de risa y en apenas diez segundos estabas sollozando como un niño pequeño. Magníficaba los sentimientos y lo hacía sin palabras. Engañaba al espectador, le “manipulaba” con una ternura que traspasaba la cámara.

  10. notelodigo

    Me alegra que coincidamos en Le Trou, hace cientos de años que la vi y aún evoco la impresión que me produjo. Saludos.

  11. fran

    En general, la mayoría de los críticos parecen tener una extraña querencia hacia el cine hollywoodiense de los 40-60, que a mi personalmente me parece la cosa más aburrida y más mitomaníaca del universo. Este, con todo lo especial que se cree, cae sin embargo en el tópico, de cuerpo entero. Vamos a empezar porque lo artístico de la narración no debería de depender tanto como les gusta a los “críticos tópicos” de la cara del actor de turno que encarne al personaje. Un actor es un profesional, como el maquillador o el operador de cámara, que debe trabajar por un fin: trasladar una historia guionizada a unas imágenes. Es un profesional que tiene incidencia directa en el resultado final, pero no es “la razón” de la historia, ni es “el objetivo de la historia”, ni “el objetivo de la visualización. A mi, personalmente, Wilder me aburre soberanamente (sus 9 primeros mandamientos fallan, por lo visto, conmigo) mientras que Sidney Lumet no lo hace en películas que otros considerarían aburridas, como “Tarde de perros”. Y no creo que sea cuestión de gustos, es más bien cuestión de percepción del hecho artístico. En general, todo lo que ha parido el circuito comercial de Hollywood cumple bastante mal como producto artístico, y quizá un poco mejor como producto de artifico, o producto comercial. Pero el cine hollywoodiense de los 40-60, es como el de los 80, o el de los 90. Artísticamente, en general, bastante pobre, mitomanías aparte. Hacer un análisis por su calidad “de acabado”, como se puede analizar el acabado de una silla, es otra cosa. A lo mejor pueden presentar una gran calidad de acabado, pero eso no las hace una gran producción artística, sino un gran acabado artificioso.

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