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El día que conocí a Boyero (Parte I)

Por Borja Álvarez (Jita)

Carlos Boyero nació en Salamanca el 2 de Mayo de 1953. A los 9 años fue internado en un colegio de curas o como el dice “verdugos legalizados”, hecho que según él mismo ha reconocido marcó su personalidad. Guarda muy malos recuerdos de aquella época en la que fue expulsado varias veces y los curas llegaron a decir de él que acabaría siendo un delincuente. Empezó a beber y fumar (bastante por lo que cuenta) a los 13 años. Ante esta situación se refugió en los libros, en el cine (supongo que estos detalles influyen en su idilio con Léolo) para escapar de todo aquello. Todos estos hechos hacen que se autodefina como “Un rebelde con causa”.

A los 18 años se fue a vivir a Madrid para estudiar Ciencias de la Información en la Universidad Complutense. Allí coincidió con Antonio Resines y Fernando Trueba. Por entonces, Resines quería ser productor, Trueba director de cine y Boyero no quería ser nada,  “sólo me planteaba la supervivencia”. Vivía en un Colegio Mayor donde pasaba muchas horas jugando al póquer, con el que ganaba bastante dinero. Sospecho que esta es una de las razones por las que tanto le gusta El Buscavidas.

Gracias a Fernando Trueba empezó a escribir a finales de los 70 en La guía del Ocio. ¿Adivinan sobre qué? Pues de putas, locales de Strip-tease y demás espectáculos en una sección llamada “Madrid Nocturno”. Desde entonces ha trabajado en numerosos medios de comunicación como Casablanca, Diario 16 y El Mundo. Actualmente escribe en El País y colabora con la Cadena Ser y Canal Plus. Tal era su éxito que llegó a compaginar su trabajo en El Mundo y en La Cadena Ser, dos medios ideológicamente enfrentados.

Guarda muy buenos recuerdos de sus 20 años con Pedro J. aunque reconoce que los últimos años llegó a sentirse censurado. Algunas columnas no gustaban a gente importante y llegaron a controlarle todo lo que escribía. En 2007 se marchó a El País, algo que no gustó al director de los tirantes. Éste intentó retenerlo pero Carlos se negó aludiendo que las discrepancias de pensamiento eran demasiado grandes.

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Un hombre con un pasado difícil –drogas incluidas- que admite querer mucho a su madre pero no haber sentido nunca la complicidad familiar, en gran parte por la mala relación que tenía con su padre. Es un hombre duro y que cree mucho en la amistad. Seguro que por ello adora El hombre que pudo reinar o Sólo los ángeles tienen alas. Él mismo reconoce que ha estado cerca de la muerte. En una entrevista con Luis Alegre llegó a decir: «He sentido como la soledad me estrangulaba, yo le he visto la cara al diablo.» Quizás esa soledad hace de El Apartamento otra de las películas de su -y mi- vida. Actualmente se encuentra en un gran momento, en un momento alejado de las depresiones y las clínicas mentales.

Yo tuve el placer de conocerle el pasado 25 de Junio. Fue en el Teatro Calderón (Madrid) en un acto que organizaba Havana 7. Era una especie de homenaje al periodismo de cine al que también acudieron Toni García (El País), Enric González (El Mundo), “OtiRodríguez Marchante (ABC) y Carlos Marañón (Cinemanía). Fue un acto bastante divertido en el que se contaron anécdotas de todo tipo y en el que, por supuesto, se habló de cine. Al final del acto se abrió un turno de preguntas y quise preguntar, pero justo cuando era mi turno, el acto finalizó por falta de tiempo. Me quedé con las ganas pero tampoco le di demasiada importancia. Simplemente quería preguntarle acerca de una de sus películas favoritas, Los fabulosos Baker Boys. Antes de abandonar el teatro fui al baño. El caso es que al salir del baño no sabía por dónde tenía que abandonar el edificio. De repente divisé una puerta anexa que estaba entreabierta y me colé por allí. Delante de mí bajaba Enric González, era una salida que conducía directamente a la calle y por la que salían los invitados. Al salir a la calle me encontré con todos los críticos y decidí hablar con Carlos. Le dije que por falta de tiempo no había podido preguntar y que quería preguntarle sobre el final de Los fabulosos Baker Boys. Hay varias cosas que me identifican con Boyero, por ejemplo, que a ambos nos aterra el envejecimiento. Pero, sobre todo, nos une nuestra pasión, una pasión que se encuentra incluso por encima del cine: las mujeres. Y una de ellas, por supuesto, es Michelle Pfeiffer. Durante un par de minutos debatimos el maravilloso final de esa película, hasta que la mirada de Carlos se clavó en mi camiseta.

Borja Álvarez

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