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El cine ni empieza ni termina en Hollywood

Por Juan Ignacio Dueñas

He sido amablemente invitado a participar en Ojo crítico con alguna aportación en forma de artículo. Me resulta difícil encontrar argumento para mi primera intervención. He visitado la página web, la he leído con atención y ha habido algo que enseguida ha llamado mi atención. Algo que se repite en muchas páginas de cine, sobre todo en aquellas realizadas por jóvenes aficionados al llamado séptimo arte. Aparece mucho cine de Estados Unidos, un poquito de cine español, y apenas algo del resto.

Lo anterior podría parecer una crítica por mi parte, pero no lo es, aun considerando el hecho como algo negativo,  por supuesto. Estoy convencido de que los amantes del cine menores de 40 años conocen muy poco cine que no sea el de Hollywood (dicho sea de paso en franca decadencia desde hace décadas) ¿En qué pantallas se puede ver cine europeo, cine americano desde México hasta Patagonia, o cualquier variedad de cine asiático? En muy pocas, casi ninguna, si se estrena alguna película no estadounidense, se puede salvar de la quema alguna española o aquella que haya sido un exitazo (si se da ese caso ya tendría distribuidora norteamericana) a la semana, ya ha salido de la cartelera, aunque haya llevado público a verla. Las enormes productoras y distribuidoras norteamericanas son las que dictan su ley que imponen al resto del mundo, así es y así ha sido siempre.

Y todo ello hablando del cine actual, si alguien se propone revisar clásicos en una pantalla de cine la misión resulta casi imposible. Así sucede que el primer clásico para muchos aficionados sea Tarantino, cuando debería ser Griffith, o en todo caso Méliès, que para todo hay gustos. En todo caso, ambos, muy anteriores a Quentin Tarantino.

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Me temo que muchos cinéfilos actuales lo van a tener muy difícil para conocer la obra de directores clave en la Historia del Cine, películas imprescindibles. Difícil va a ser conocer a los grandes del cine mudo, vaya descubrimiento que sería poder ver en una sala de cine, con una pantalla en verdad grande, títulos como Intolerancia (Griffith) o “Napoleon” (Abel Gance) ¿Se podrá ver de nuevo todo el cine de Charles Chaplin o Renoir, las innumerables muestras de lo que fue el Neorrealismo italiano, la Nouvelle vague? ¿Y el cine de Lubitsch, Sjoström, Fritz Lang o Murnau? Los maestros japoneses Ozu, Mizoguchi, Kurosawa, ¿se les podrán presentar a las generaciones más jóvenes de aficionados, por no hablar de películas como El hombre del carrito o El arpa birmana? Y, ¿Satyajit Ray? Incluso nombres como Ingmar Bergman, Andrei Tarkovski, Andrzej Wajda o Krzysztof Kieslowski, ¿no caerán pronto en el olvido? ¿Nos seguiremos acordando de los hispanoamericanos Adolfo Aristarain, Arturo Ripstein, Tomás Gutiérrez Alea, Sergio Renán o Héctor Babenco?

Como último remedio quedaría ver esas obras en televisión, pero en la televisión española, ni pública ni privada, creo que pueda ser así. Tampoco en los canales de pago, emitiendo siempre los mismos clásicos estadounidenses y cine español; pero muy poco de todo lo demás. Ni por televisión ni por internet se debe ver el cine; pero hasta en ésos sucedáneos la tarea se me antoja imposible, o casi. Quedan los DVD, pero habrá que darse prisa, pues es otro producto que tiende a desaparecer.

Para acabar vuelvo al principio, el cine no empezó en Hollywood ni Tarantino fue su primer dios.

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Comentarios

  1. Lenny

    Sin estar en desacuerdo con tu artículo he de decir que muchos clásicos están sobrevalorados. Se pueden valorar y respetar por ser los precursores del cine actual pero hay “grandes clásicos” que no volvería a ver ni a punta de pistola. Tostones infumables más aburridos que los vídeos de una boda.

  2. Sara Márquez

    En vez de señalar lo que no te gusta podrías explicar lo que te gusta. Sería más positivo.

  3. Hicht

    No te falta razón Juan Ignacio y ocurre lo mismo con la literatura.

    Es una pena, pero depende de cada uno investigar y descubrir todo lo que no nos dan prefabricado y empaquetado para consumir.

    Ahora mismo gracias a Internet no hay excusas. De hecho tu artículo es un ejemplo de ello ya que contiene información que a cualquiera puede utilizar como pista para investigar por su cuenta y buscar su propio camino.

    Un saludo

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