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El arte como producto: la belleza de lo comercial

Por Javier Fernández López

Dejen que comience este artículo con una anécdota. Antes de iniciar lo que suele llamarse “la aventura universitaria”, solía hablar con mi profesor de filosofía sobre cine. Era el año del estreno de Avatar, de Malditos bastardos, de Watchmen, de District 9.  Personalmente, he de decir que fue un año que disfruté y mucho. Mi profesor solía burlarse de mí por las películas que me gustaban, pero luego le decía que me gustaban películas como El increíble hombre menguante y me decía aquello de “eso sí, eso sí que es cine”. A los dos nos gustaba el cine comercial, nos gustaban nombres como Spielberg o Cronenberg. No le gustaba demasiado James Cameron, pues decía que no soportaba del todo el tono trascendente de su cine. Yo le decía que eso era precisamente lo que más apreciaba de él, el hecho de ver una película y hacerme sentir que estoy viendo algo importante. Y un día le dije: “¿No le parece, profesor, que este cine que nos gusta es muy comercial?” Y él me respondió con una idea: “Todos los grandes directores de la historia han sido directores comerciales”.

Un año después, inicié mi viaje por esa etapa universitaria de la que solemos decir que son los mejores años de nuestra vida, no por estar en la Universidad, sino por ser los años en los que, sobre todo, te vas descubriendo a ti mismo además del mundo que te rodea. Así pues, comencé a estudiar Filosofía, un ámbito no demasiado querido hoy día, con pocas salidas laborables en general. Pero no me iré por las ramas, y comenzaré pronto con la idea que quiero expresar aquí, y es que si algo me han enseñado en la carrera de filosofía, tanto directa como indirectamente, es a valorar el verdadero arte. El sentido crítico es algo que se ejercita con el estudio de la filosofía, y de pronto las películas que habías visto dejan de tener la misma esencia para ti. Ahora comienzas a ver más en ellas, cosas que antes no estaban para ti pero que ahora proyectas en esas obras. Quizá ni siquiera estén ahí, pero tú se lo añades. Es lo que uno llama “el enriquecimiento de la obra”.

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Pero al mismo tiempo que crece el sentido crítico y empiezas a hablar con tus compañeros de lo que es el gusto y la belleza, se origina una lucha de pensamiento. Sin más, un día te dicen que la trilogía moderna de Star Wars es una basura en comparación con la original. ¿Cómo es posible? ¿Qué está pasando aquí? Otro día te dicen que el subgénero de superhéroes que tanto te entretiene es cine barato, y más tarde algunos afirman que Titanic es el culmen de la mediocridad cinematográfica.

Entonces, uno empieza a cuestionarse a sí mismo. Ya decía Heidegger que somos el único ente con la capacidad de reflexionar sobre nosotros mismos, nuestro ser. ¿Será que yo no entendido del todo lo que he aprendido? Hume tenía un problema en su obra La norma del gusto, y es que no nos supo decir quiénes debían elegir a los jueces que sostienen lo que es verdadero arte y no arte mediocre. ¿Quiénes establecen los presupuestos estéticos y artísticos para que uno pueda comenzar su carrera en la contemplación del arte en sí mismo? Cuidado, no intento concluir en una forma de relativismo, lo que viene siendo un “para gustos, los colores”.

Pongamos un ejemplo práctico y personal para exponer la idea que quiero sugerir. De igual manera que mi profesor de filosofía decía que no le gustaba James Cameron por ciertos elementos de su cine, a mí personalmente tampoco me agrada el cine de Tarantino. Pero jamás me atrevería a decir que su cine es mediocre o malo. Partiendo de la subjetividad que me es propio, tengo que ser lo más objetivo posible, luego no puedo decir que las películas de Tarantino sean un mal producto. Todo lo contrario, son una genialidad, pero no tienen lo que yo busco en el cine: el placer del entretenimiento. Y esta idea sí está en el ámbito de lo personal, por supuesto. Porque una película te puede gustar o no, y eso es algo relativo en cuanto a los juicios, principios y actitudes de cada uno. Pero a la hora de analizar la obra, realmente sabemos decir cuándo es bueno lo que estamos viendo. Y no puedo negar que el baile de Thurman y Travolta en Pulp Fiction es una genialidad.

Pero ahora saco una conclusión de todo esto, porque si Hume critica algo en su obra es el elemento efectista de una obra, la capacidad de la obra para crear un efecto en nosotros de manera directa, algo que, según el filósofo del empirismo, es propio de la mediocridad y de un placer efímero. Y ahora es cuando yo monto en mi cabeza la trampa, porque estoy seguro que la mayoría de críticos y amantes del cine sostienen que Tarantino es un genio, pero… ¿su cine no es comercial?

Aquí es donde comienza un largo debate donde nos metemos de lleno en la ambigüedad de los términos y el sentido que le busquemos a las palabras. Ningún filósofo ha sabido dar la definición universal de igualdad, libertad o felicidad. Lo mismo sucede con el arte. Hay quienes sostienen que la fotografía no es un arte como tal, y hay otros que afirman que cualquier perfomance realizada en la calle es algo que despierta los sentidos. ¿Qué es el cine comercial o, más bien, cuál es el cine comercial? ¿Dónde podemos encontrarlo? Es típico encontrarse con esta respuesta: “El cine comercial es aquel al que acude la masa”. Sobre la masa han hablado muchos en el último siglo, y si nos vamos un poco más lejos, nos encontraríamos a Kierkegaard, que defendía la individualidad en contra de la globalización, el individuo frente a la masa. Y si profundizamos un poco, al final lo que encontraremos es la afirmación de que el arte no comercial es aquel que no se deja llevar por las reglas que imperan en la sociedad, es decir, lo que quiere la masa. Pero en este punto, personalmente, me gusta llegar a un juego de confusión: ¿Acaso no se está siguiendo una regla al no seguir ninguna regla? Estás siguiendo la máxima de no seguir las reglas establecidas, y sin embargos, por esto, acabas estableciendo una norma, aunque dicha norma sea huir de las normas. Ahora es cuando se argumenta, y con sentido, que independientemente de estar siguiendo una regla, lo que haces se diferencia lo suficiente del resto y por lo tanto no puede ser llamado comercial por su carácter particular y distinto. Y dicho esto, ahora viene la trampa: el morbo.

En primer lugar, vamos a suponer que tenemos ante nosotros una obra, y de esta obra nos han hablado, pues sea como sea, el arte se vende en mayor o menor medida. De lo contrario no sabríamos de la existencia de películas como El árbol de la vida o Nymphomaniac. Y llegado el momento de ver la película, hay una idea preconcebida en nosotros: me han dicho que esta película es diferente. Y uno, inocentemente, se pregunta: ¿qué hay más morboso que venderme una obra, una película en este caso, como algo diferente a todo lo demás? Es más, ¿desde cuándo la originalidad está alejada de la comercialidad?

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Y de esta última película que mencionamos, se puede hablar mucho sobre su director, Lars von Trier, quien junto a Thomas Vinterberg estableció las reglas del Dogma 95, siendo posiblemente, y esto siembre bajo opinión personal, el mayor insulto a la imaginación y la creación del artista, del cineasta. Porque hay una realidad, y es que el cine es una mentira, un engaño. Pero nos gusta, queremos disfrutar de historias que no ocurren en la vida real, porque ya tenemos nuestras vidas y las de los demás para darnos cuenta de lo difícil que es seguir adelante. Podemos viajar hacia lo desconocido y descubrir algo monstruoso y libre, como en King Kong. O quizá viajamos por la galaxia hasta encontrarnos en una carrera de vainas, como en La amenaza fantasma. O podemos intentar salvar el mundo intentando buscar una solución en un agujero de gusano, como en Interstellar. Pero el Dogma 95 no quería decorados, no se puede usar una banda sonora, adiós a Alan Menken, Hans Zimmer, Thomas Bergersen y John Williams. ¿Desde cuándo una pretensión artística puede pretender, precisamente, limitar el ingenio del que crea? Con esto, llegamos a otro suceso importante en la historia del cine, y quizá no sólo del cine: la intención por hacerse el raro.

Y es que, cuanta más rara sea tu película, más buena será, al menos para un público reducido que busca productos alejados de los cánones convencionales. En resumen, que sea todo lo contrario a lo que representa Avatar. Y sin embargo, pocos en la industria del cine se atreven a cuestionar el trabajo de James Cameron en la industria. Y sobre él, una anécdota sería curiosa de añadir aquí. Si visionan el documental que se hizo sobre la saga Pesadilla en Elm Street, podrán escuchar a los responsables de la saga contando que James Cameron llegó un día al rodaje de una de las películas para preguntar cómo iba a renacer a Freddy esta vez, y los mismos responsables afirman que fue una sorpresa y un privilegio tener a James Cameron de visita en el rodaje de, atención a esto, una película de cine independiente. No era ni siquiera la primera entrega, por lo que New Line Cinema ya era conocida en la industria del cine como “La casa que Freddy construyó”. Fue un fenómeno de masas, película de culto en el género de terror, y sin embargo sus responsables trataban las películas como productos propios del cine independiente. ¿Por qué? Quizá fuese porque el presupuesto de las películas nunca fue muy elevado, o quizá porque el reparto siempre fue prácticamente desconocido, aunque luego algunos se convirtiesen en grandes estrellas, sobre todo Johnny Depp. Y sin embargo, las películas de Freddy Krueger no es que sean muy originales, se dejan llevar por el efectismo de la escena.

Lo que uno quiere decir con todo esto que se ha dicho en este artículo, es que no merece la pena hacer divisiones elitistas, con aires postmodernos. Lo cierto es que el cine independiente se vende en el mismo sitio que el cine comercial: en las carteleras de los cines. Y también acaban vendiéndose en los mismos establecimientos. Siendo justos, ¿acaso no queremos verlas ahí? ¿No quieres ver Birdman en el cine que tienes cerca? Personalmente, disfruto igual La familia Addams que Transformers 3: El lado oscuro de la luna. Ofrecen un entretenimiento distinto, pero a su vez me producen una satisfacción similar. Igual ocurre si veo El rey león y El increíble hombre menguante, o Juno, Las colinas tienen ojos, American Pie, Gravity, American History X, Leyendas de pasión, Mistic River, Entrevista con el vampiro, Guardianes de la Galaxia, Atrapado en el tiempo, El expreso de medianoche, The Amazing Spiderman, Cómo entrenar a tu dragón, Mad Max, Akira, Terminator, La roca, Solo en casa, El caballero oscuro, Dos tontos muy tontos, El hombre bicentenario, 50 primeras citas, Uno de los nuestros, Memento, Austin Powers, El crepúsculo de los dioses, Todos los días de mi vida, El diario de Noa, Jurassic Park, Mentiras arriesgadas, Mary Poppins, Rocky, Alguien voló sobre el nido del cuco, Dredd, Rush o incluso la tan criticada Movie 43.

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Lo que me importa, personalmente, es que la película se haya hecho bien, que llegue a donde quiera llegar y me haga sentir aquello para lo cual ha sido hecha. Y si no hay ningún mensaje de fondo en la película, tampoco pasa nada, pero que sean un buen entretenimiento, algo por lo cual merezca la pena pasar un rato enfrente de la pantalla, porque si no hay un disfrute, ¿qué demonios estamos haciendo? Por supuesto, en este artículo no hay ninguna pretensión por cambiarle el gusto a nadie, sino de buscar un acuerdo por el cual decir que una película es mediocre por su visión comercial es algo injusto, porque siendo lógicos, lo comercial es todo, y déjenme decir que hay mucha belleza en todo esto. Y si todas o casi todas las películas que he mencionado anteriormente es cine comercial, déjenme decir que pobre del cine que no sea comercial, pues se pierde un mundo fascinante, lleno de emociones, sensaciones y risas.

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Comentarios

  1. María

    Es muy diferente como se toma el visionado de una película una persona que se dedica profesionalmente a ello u otra que no siendo ello su fuente de ingresos se dedica a ello de forma compulsiva como hobby; de quien solo busca entretenimiento como se indica en la conclusión de este artículo. Como decía Tarantino: “El cine es como una droga; o te da subidón o bajón”. Pues eso.

  2. Patricia Robles

    Es muy diferente como se toma el visionado de una película una persona que se dedica profesionalmente a ello u otra que no siendo ello su fuente de ingresos se dedica a ello de forma compulsiva como hobby; de quien solo busca entretenimiento como se indica en la conclusión de este artículo. Como decía Tarantino: “El cine es como una droga; o te da subidón o bajón”. Pues eso.

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