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De Sundance a Hollywood. Parte 2. Aaron Katz

Por Gerardo Gonzalo

Aaron Katz, nacido en 1981, es considerado como uno de los padres del movimiento mumblecore, un subgénero del cine independiente americano, caracterizado por su bajo presupuesto, la presencia de actores amateurs y por el verismo de diálogos y situaciones.

El amigo Katz ya ha rodado 3 películas, y digamos que bajo la premisa de lo que acabamos de describir como “Mumblecore films”, su cine se está tornando cada vez más ambicioso y da la impresión que su salto a la industria está próximo.

Esto seguro agradará a algunos críticos que ven con interés la obra de este hombre -y a él mismo-; parece que se está labrando un futuro en la industria del cine, pero yo, que he visto su filmografía completa, me muevo entre la indiferencia y la amonestación en lo que a su cine se refiere.

Su primer film, Dance Party, USA (2006), es de esa categoría de filmes que a mí me resultan desagradables y carentes de ningún tipo de mérito artístico o intelectual. Cinta de bajísimo presupuesto, que lo que hace es dar voz a un grupo de adolescentes salidos (valga la redundancia), donde sólo se habla de una cosa y donde parece que se nos pretende decir que puede haber amor tras tanto hormona desaforada. Bueno, no digo que sea real como la vida misma, pero la plasmación superficial y tópica que hace de la adolescencia, en mi opinión, ni aporta nada ni creo que pueda interesar a nadie.

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Un año después, en 2007, Katz dirige su segundo largometraje, también con un presupuesto muy limitado y realizado en muy pocos días, se trata de Quiet City, aquí una joven de Atlanta va a Brooklyn a visitar a una amiga, pero es incapaz de localizarla y en el metro, conoce a alguien que le hará compañía. El planteamiento de la historia está muy bien, y su protagonista Erin Fisher está espléndida, es una película que se ve con agrado, de extraordinaria naturalidad, pero en la cual su director no parece saber desarrollar la historia según esta va avanzando. No obstante, y a diferencia del resto de su filmografía, la película se puede ver, tiene momentos de cierto interés, y si bien no emociona, tampoco decae del todo, podemos decir que se trata de un film cuanto menos digno.

Y ya en 2010, y para culminar de momento tan discreta filmografía, realiza ya con más medios, más  tiempo y rodeado de profesionales su obra más ambiciosa a la par que desastrosa, Cold Weather. Esto, en mi opinión, más que una película es un despropósito que, sin embargo, creo que le va a colocar directamente en la industria. Es un film que empieza siendo una típica película indie, con un tipo un tanto perdido que vive con su hermana, que lo acaba de dejar con su novia, que encuentra un trabajo en una fábrica  de hielo, aunque él está estudiando ciencias forenses y es un fan de Conan Doyle y, de repente, sin ninguna lógica, la película se convierte en un thriller absurdo que va a poner a prueba a este aprendiz de Sherlock Holmes que deambula entre el ridículo y el desconcierto, y en el que además como espectador ni te enteras bien de lo que pasa, ni te importa lo que les ocurra a sus protagonistas.

Visto en perspectiva, haberme adentrado en la obra de este joven ha resultado bastante estéril, no veo atisbo de nada; parece que tiene cierto favor de la crítica y de un determinado tipo de público pero, en mi opinión, ninguno de sus filmes le hacen ni especial, ni acreedor a tenerle en cuenta para algo importante en la industria. No obstante, queda dicho, levanto acta de lo que opino de Aaron Katz, y ojalá me equivoque y mejore -será bueno para todos-, porque presiento que este nombre nos va a acompañar en el futuro, de hecho ya ha rodado en Islandia una película que se estrenará en 2014 llamada Land Ho, veremos si va aprendiendo.

Próximo capítulo… Lynn Shelton.

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