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Cuatro actrices que darán mucho de qué hablar

Por Íñigo Bolao Merlo

La historia del cine español, como la de la televisión y la del teatro, se puede escribir tomando las generaciones de actores y actrices como referencia. Sin embargo, la tarea resulta muy difícil, por la sencilla razón de que ha habido tantas y tantas que podríamos perdernos en medio de una inmensa maraña de fuentes documentales y testimonios que nos complicarían el trabajo. Restringiendo el campo al cine de nuestro país en el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI ha habido muchas grandes actrices, pertenecientes a cinco generaciones y cuyas fechas pueden matizarse: la de quienes nacieron durante la preguerra (1898-1936), la del primer Franquismo (1936-1959), la del segundo Franquismo (1959-1975), la transicional (1975-1996) y la posmoderna –o como les gusta decir a los periodistas, la millenial (desde 1996 hasta hoy).

Voy a centrarme en la que sería la cuarta generación de actrices y, más concretamente, en cuatro mujeres que, desde mi perspectiva, son las mejores dentro de un grupo concreto: el de las nacidas entre los últimos años de la década de 1980 y los primeros de la de 1990. Si puedo ser sincero, las he escogido por varias razones. Una de ellas es que, para mí, son unas mujeres bellas, cada una a su manera y a su modo, sin que por ello desprecie a las demás actrices de ese grupo. A quienes nos gusta el cine siempre nos dejamos llevar por el atractivo de cualquier actriz y no es algo nuevo; es una cuestión subjetiva muy difícil de refrenar para cualquier aficionado al cine.

Pero también porque esas cuatro mujeres tienen un potencial interpretativo escondido que, aún no del todo, han podido sacar a la luz. Un método de trabajo, una mirada, un determinado papel, un modo de ser ante las cámaras o en el escenario, les han permitido alcanzar una mayor o menor notoriedad. Es por ello que han recibido algún que otro premio cinematográfico, televisivo y/o teatral o, en los casos más modestos, alguna nominación. Pero no han alcanzado la consagración definitiva en su carrera. Es posible que lo hagan en un futuro, más o menos lejano, pero están en proceso de conseguirlo.

Por eso el artículo incluye el título de que darán mucho de qué hablar, porque a nosotros, como espectadores, nos sorprenderán en cualquier momento con alguna interpretación que cambiará nuestra percepción de lo que teníamos de esa actriz. Y porque pueden revolucionar el cine español, e incluso la televisión, si se topan con el cineasta y el guionista adecuados. Estaremos pendientes de ellas. Así que en este artículo de OjoCrítico lo que vamos a hacer es echarle un vistazo a su vida y obra y criticar su “arte”. Por último, el artículo está dedicado a otras mujeres muy importantes en mi vida. Concretamente, a quienes fueron conmigo en la Licenciatura de Historia en León: Sandra García Gutiérrez, Camino González Rodríguez, Sonsoles Ortiz de Urbina, Ana Rabanal Martínez, Débora Díaz Fuentes, Marta Astorgano Arias y Adela Pérez López. Chicas, va por vosotras. Bueno, pues empecemos el recorrido. Esperemos que no se haga aburrido.

MANUELA VELLÉS: DE UN EXTREMO A OTRO.

Es risueña como ella sola. Estoy seguro de que cuando ella está en la calle, da igual si es en la Gran Vía de Madrid, en la Plaza Mayor de Salamanca o en la Avenida Diagonal de Barcelona, mostrando su amplia sonrisa, el mundo se vuelve menos gris de lo que habitualmente es. Pero ojo, porque la que mucho sonríe también puede ser la que más fuerte grite. Si llora siempre será de verdad, reflejará mejor que nadie el sufrimiento reprimido del mundo. Incluso puede ser la viva expresión de una violencia inimaginable. Si eso pasara en los sitios que hemos citado, el mundo temblaría. Bueno, pues ese es el don, aún no desatado en su totalidad, que tiene la actriz Manuela Vellés.

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Nuestra amiga, de nombre completo Manuela Vellés Casariego, nació en Madrid el 16 de enero de 1987. Desciende, por parte de madre, de una familia de artistas, la familia Casariego. Su abuelo es el arquitecto y pintor asturiano Pedro Casariego Hernández-Vaquero (1927-2002), hombre que trabajó en la construcción de edificios emblemáticos de la capital de España como el desaparecido Edificio Windsor o en la rehabilitación del Mercado del Fontán en Oviedo; y es también sobrina de los escritores, pintores y guionistas Pedro (1955-1993), Antón, Martín (1962) y Nicolás (1970), autores de diversos guiones y relatos. De entre ellos cabe destacar, bajo la autoría de Martín junto a David Trueba y Emilio Martínez-Lázaro, el guión de la película Amo tu cama rica (1991). Dentro de ese ambiente tan artístico, Manuela estudió interpretación en varios cursos y escuelas, de entre ellas la célebre Escuela Corazza o The Acting School en Londres. Aparte de la interpretación, una de sus aficiones es la música, dedicándose a la composición musical y a cantar.

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Todo parecía transcurrir tranquilamente en la vida de Manuela hasta que algo inesperado ocurrió. Fue en algún momento del año 2006, en plena calle de la capital castiza. Alguien vio a la joven en plena calle. El hombre era un cineasta consagrado, alguien muy criticado recientemente por un documental sobre el conflicto vasco estrenado unos años atrás. “La vi y supe que tenía ante mí a la Ana deseada”, confiesa el director en una entrevista que realizó al diario El País. Sin más dilación, él entró en contacto con ella y empezó a trabajar en ese nuevo proyecto. Se trataba de Julio Medem (1958), y la película era Caótica Ana (2007), una de las cintas más criticadas y desprestigiadas del cine español más reciente, hasta tal punto que se hicieron parodias humorísticas muy diversas.

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De la película hablé hace mucho tiempo en un artículo monográfico que hice sobre el cineasta guipuzcoano –un artículo que, por cierto, necesitaría alguna que otra revisión tres años después de su publicación. Baste decir que Julio se inspiró en una de sus hermanas más queridas, Ana, muerta en un accidente de tráfico para la realización de la película. La cinta gira en torno a la vida de Ana, una pintora de estilo näif que, durante una sesión de hipnosis, accede a varias vidas que son nada más que las diversas facetas de su personalidad, a modo de una cuenta atrás en la que vemos una sucesión de momentos alegres y tristes, crudos y agradables. Como se puede leer en el artículo mencionado, el film fue un desastre, cayendo demasiado en los excesos tan típicos de Medem. Pero, desde ese momento, Manuela explotaría muy bien ese carácter de extremos que, desde ese momento, caracterizaría su carrera.

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Hasta el momento Manuela Vellés ha trabajado más en papeles secundarios que en papeles protagonistas después de su experiencia con Medem. Dejando aparte sus intervenciones en televisión, donde se ha hecho muy popular en series como Hispania (2010-2012) o Velvet (2013-2016), ha realizado diversos cortometrajes y filmes bajo la autoría de realizadores como Javier Fesser (Camino, 2008), Miguel Ángel Vivas (Secuestrados, 2010) o Paula Ortiz (La novia, 2015). En todos ellos se confirma un poco lo que se ha escrito más atrás: Manuela ha interpretado a mujeres muy distintas pero que siempre se mueven entre los dos extremos de la vida de cualquier ser humano. Pueden pasar de la melancolía más absoluta a la alegría más desbordante y viceversa, pero es muy difícil ver personajes completamente equilibrados en su trayectoria.

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Tal vez sea eso por lo que ella, que ha sido nominada y ha ganado premios en festivales menores, no haya tenido un éxito aún mayor en su carrera. Hay interpretaciones suyas que pueden resultar empalagosas para unos y agradables para otros, ¡o todo lo contrario si interpreta a otra clase de personaje! Aún así se encuentra en una posición cómoda: no ha destacado mucho, pero tiene su presencia en el mundo de la interpretación y le va bien. A Manuela le falta por interpretar un papel por la que se la reconozca verdaderamente, mucho más que con Caótica Ana, y ese papel debe ser el de alguien equilibrado pero con determinación. Aunque el camino hasta ese papel sea largo, duro y cansado, ella siempre buscará una oportunidad para no rendirse, seguir hacia adelante… y sonreír con optimismo, claro.

IRENE ESCOLAR: ¿DE CASTA LE VIENE AL GALGO?

Irene Escolar tiene una belleza que a mí me gusta llamar “castellana”. Es verdad que no tiene un cuerpo de miedo o las facciones de una actriz de Hollywood o de una supermodelo. Sin embargo posee un rostro muy agradable y sereno, que transmite calma y tiene una extraña elegancia en sus formas austeras y sencillas. Aunque detrás de esa mirada se esconde una auténtica leona, una mujer con una fuerza increíble en todo lo que hace en el mundo de la interpretación. Eso es lo que hace de ella una actriz extraordinaria que también dará mucho de qué hablar en los años sucesivos.

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Nacida, también en Madrid como Manuela Vellés, un 19 de octubre de 1988, el nombre de Irene Escolar Navarro no nos dice nada… hasta que descubrimos en su genealogía que es nieta de Gregorio Alonso e Irene Gutiérrez Caba (1930-1995), sobrina-nieta de Julia Gutiérrez Caba (1932) y Emilio Gutiérrez Caba (1942) y, por lo tanto, sobrina-biznieta de Julia Caba Alba (1902-1988). Por lo tanto, forma parte de la séptima generación de la familia Caba de actores y actrices, el último fragmento de una larga cadena que ha enriquecido la historia del cine, el teatro y la televisión española. Aunque ella misma confiesa que nunca se ha planteado la importancia del hecho de pertenecer a esa familia y que el tener familiares dedicados a la interpretación le resulta algo natural. En fin, nuestra amiga no solo ha realizado estudios de interpretación con la maestra Cristina Rota (1945) –madre de Juan Diego y María Botto- y en el Teatro de la Abadía con el actor José Luis Gómez (1940), sino que también estudia Filología Inglesa por la UNED y ha realizado danza clásica y contemporánea.

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Sin más dilación echémosle un vistazo a su carrera, muy rápidamente, porque Irene ha trabajado en todos los medios. Empezando por el teatro, donde ella confiesa sentirse más cómoda, ha actuado en diversas obras y adaptaciones de escritores y dramaturgos como Federico García-Lorca, John Steinbeck o Mario Vargas Llosa desde sus comienzos en 1998. En televisión es conocida por interpretar a la reina Juana I de Castilla, “la Loca”, en la serie Isabel (2012-2014), para después protagonizar el telefilm continuador de dicha serie, La corona partida (Jordi Frades, 2016), después de haberse puesto en el papel de tal personaje Aurora Bautista y Pilar López de Ayala. Mientras que en cine ha sido dirigida por varios de los cineastas más importantes del cine español, entre ellos Carlos Saura (1932) en El séptimo día (2004) o José Luis Cuerda (1947) en Los girasoles ciegos (2008). Recientemente ha obtenido el Premio Goya a la Mejor Actriz Revelación de 2015 por Un otoño sin Berlín (Lara Izaguirre, 2015), la historia de una chica que vuelve a su pueblo natal en medio de una época llena de incertidumbre como la nuestra.

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Ese premio, sumado a otras nominaciones y premios menores, ha supuesto para esta actriz un futuro prometedor. Tanto haciendo pequeños papeles como protagonistas, ante el público en un escenario o en pantalla, Irene domina la escena sin ningún inconveniente, combinando esa elegancia sencilla con esa fiereza. ¿Y no será que esas habilidades que tiene son hereditarias? ¿De casta le viene al galgo todo lo que esta chica ha realizado? Bueno, muchos talentos se heredan en una familia. Pero lo importante, y eso es algo que Escolar tiene muy asumido, es trabajar duro y exigirse mucho para lograr un buen trabajo. Si sigue en esa tónica logrará muchos premios, no solo para ella misma, sino para quienes trabajen con ella. Es un auténtico lujo tenerla en el panorama cultural español. ¡Solo le falta que protagonice un Estudio 1!

AURA GARRIDO: UNA MIRADA QUE JUEGA CON NOSOTROS.

Sin que nos pongamos demasiado filosóficos, todas las miradas de cualquier persona tienen algo único. Unas son más sencillas y otras son más complejas. A veces lo que esconden se percibe a primera vista y otras veces con el transcurrir del tiempo. Todas portan el reflejo del alma. La de Aura Garrido, de segundo apellido Sánchez, destaca por sus múltiples matices: hay algo de tristeza, de alegría, de ira, de picardía, de nostalgia, de amor, de pánico, de coraje y de sinceridad. Todo entremezclado de tal modo que su mirada resulta difícil de clasificar. Pero que muy difícil. Y esa dificultad es la que, sin embargo, ha facilitado que esta madrileña nacida el 29 de mayo de 1989 haya tenido unos comienzos muy buenos en el mundo de la interpretación.

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Una vez más nos encontramos ante alguien nacida en el seno de un hogar de artistas: su padre, Tomás Garrido, es compositor y director de orquesta, y su madre, Pilar Sánchez, pintora. A pesar de confesarse una chica tímida siempre ha querido trabajar en el mundo de la interpretación. Aunque tuvo que interrumpir sus estudios en la Real Escuela de Arte Dramático (RESAD) de Madrid al comenzar su carrera en el cine en 2010 con Planes para mañana (Juana Macías, 2010). De aquella participación, sin embargo, salió con la Biznaga de Plata a la Mejor Actriz de Reparto en el Festival de Málaga en la mano. Mejor, e inesperado, comienzo, no se puede tener. Poco a poco, y como es habitual, aquel éxito le permitió trabajar en diversos cortometrajes, series de televisión y películas, como en el thriller El cuerpo (Oriol Paulo, 2012).

https://www.youtube.com/watch?v=uy5RIU0nqi0

Pero entonces le llegaron dos proyectos –casi dos regalos- que cambiarían su carrera. Uno de ellos, en medio de los años más oscuros de la Crisis de 2008, vino de la mano del director y guionista Rodrigo Sorogoyen (1981) y de su compañera, la también guionista Isabel Peña. Su título es Stockholm (2013) y en ella, durante una fiesta, un chico innominado (Javier Pereira) conoce a una chica también sin nombre. Desde entonces, y durante todo un día, se conocen y todo deriva en un sutil secuestro de la muchacha. Es entonces cuando la pareja revela sus miedos, inseguridades, y su lado más oscuro. Con esa interpretación Aura volvió a llevarse otra Biznaga de Plata (esta vez a Mejor Actriz Principal y exaequo con Candela Peña) y la película fue premiada durante las ceremonias de los Premios Feroz, José María Forqué y Goya, siendo una película, sin pretensión de exagerar, tan reveladora de una nueva generación de cineastas como la del Nuevo Cine Español en la década de 1960 con Basilio Martín Patino, Miguel Picazo, Manuel Summers o Carlos Saura entre otros directores.

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La segunda sorpresa de Aura vino de la mano de un Licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, guionista, realizador, productor y especialista en arte. Su nombre es Javier Olivares (1958). Su regalo: el papel de una mujer del último cuarto del siglo XIX, hija única de una familia de la burguesía catalana durante los años dorados de la Barcelona industrial, adelantada a su tiempo y que trabaja en un oficio muy especial. Ella es Amelia Folch y es uno de los personajes protagonistas de El ministerio del tiempo (2015). Nunca una serie había tenido tanta repercusión y había transformado tanto el panorama televisivo español. Pero no nos detengamos en la serie, que merece un artículo especial próximamente en esta página. Con todo el éxito de crítica y público recibido, gracias a una buena realización, unos personajes inolvidables y una serie de situaciones situadas entre lo cómico y lo dramático, entre la pura ciencia-ficción, lo histórico, el drama humano y el humor español, Aura se alzó con el Fotogramas de Plata a la Mejor Actriz de Televisión, entre otros premios y nominaciones para la serie.

Así mismo, el éxito de esta flamante actriz le ha permitido seguir trabajando, tanto en proyectos de esta nueva generación a la que pertenecen Sorogoyen, Fernando Franco (1976) o Jonás Trueba (1981), como en otros países, incluyendo su participación en el papel de una criatura monstruosa en el film La piel fría (Xavier Gens, 2017). La mirada de Aura Garrido, camaleónica, difícil de describir con palabras, sigue causando una impresión más o menos honda en cada espectador. Y al tener tantos matices, cada una es subjetiva según cada individuo. Yo la veo como una mirada inteligente que sabe jugar con nosotros en cualquier momento y lugar, y que llena de contenido –no perceptible a simple vista- cualquier película o serie en la que participe. ¡A ver hasta dónde lleva la televisión y el cine españoles con sus ojos!

INGRID GARCÍA-JONSSON: LA PERFECTA IMPERFECCIÓN.

Imagínate por un momento, amigo lector, que eres director de cine y que tienes una cita con una actriz tan alta, tan rubia y de facciones tan delicadas que piensas: “Joder, no es española y tiene un aire de dulzura…. Más vale que la trate con tacto porque si no se ofenderá con lo que diga y tendrá una idea equivocada de lo que somos los españoles”. Se sienta y descubres en ella, durante la conversación, lo que nunca hubieses imaginado: que tiene una voz con un leve acento sevillano, que hace las cosas con un desparpajo que no se corresponde con el concepto inicial que tenías de ella y que es un poquito “cabra-loca” (el actor Daniel Grao decía de ella en El hormiguero que es una “punki” con corazón”). Sí, ella no es perfecta aunque lo parezca y podría suceder que uno saldría desilusionado de la entrevista. Pero sus defectos la hacen única, sin que ella pretenda serlo. Ella es nada más y nada menos que Ingrid García-Jonsson, una pura, y bendita, contradicción viviente, la perfecta imperfección.

https://www.youtube.com/watch?v=vgyTAlOgnpY

https://www.youtube.com/watch?v=WW_abfH3wck

Sí, es cierto, Ingrid no parece española, porque desciende de padre español y de madre sueca. Ella nació en una pequeña localidad de Suecia llamada Skelleftea, en la provincia septentrional de Västerbotten, el 6 de septiembre de 1991, pero se ha criado la mayor parte del tiempo en nuestro país. Se la podría considerar como una “ciudadana del mundo” por el hecho de haber crecido entre dos países y con tres idiomas si al español y el sueco incluimos el inglés, pero no creo que a ella le guste ese calificativo. Simplemente, es alguien peculiar; lo suficiente como para lanzarse a la carrera de actriz, y puede que para que consiga ser estrella de rock y graduada en Arquitectura si termina su carrera –a no ser que nos confiese que la ya la ha acabado.

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La carrera de nuestra amiga comenzó en modestas series de televisión y en proyectos de cortometraje, incluso haciendo de doble de Cameron Díaz en la película Noche y día (James Mangold, 2010) y participando en películas estrenadas con posterioridad respecto a su realización como Todos tus secretos (2014), la opera prima del dibujante de cómics Manuel Bartual (1979). Parecía que por un momento Ingrid no destacaría en el mundo de la interpretación, que pasaría desapercibida fácilmente. Pero como pasó con Manuela Vellés o con Aura Garrido, apareció la persona idónea en el momento idóneo para darla a conocer. Se trata del cineasta Jaime Rosales (1970), célebre por su película La soledad (2007), ganadora del Goya a la Mejor Película.

Tras haber rodado diversas películas con un tono entre minimalista y experimental como Un tiro en la cabeza (2009) o Tiempo y silencio (2012), realizó una película sobre el desencanto de una juventud atada entre un futuro de crisis y un pasado de limitaciones y traumas. La cinta lleva el título de Hermosa juventud (2014), y es la historia de dos de esos jóvenes, llamados Natalia y Carlos (Carlos Rodríguez). Ni tienen dinero, ni muchos estudios, ni ambiciones, ni esperanzas –si el término “nini” se repitiera por cuatro ellos serían parte de ese grupo social tan abundante en España. Solo pueden aspirar a realizar trabajos temporales, a participar en películas porno e incluso a quedar con los amigos para hablar de todo. Este “retrato del vacío” como lo calificó el crítico de cine Luis Martínez resultó nominado a varios premios, de los que incluso Ingrid llegó a ser nominada como Mejor Actriz Revelación en los Goya sin conseguirlo.

https://www.youtube.com/watch?v=_55fPJoiPqw

https://www.youtube.com/watch?v=8D-bTmD90Fo

Desde entonces, la carrera de esta chica ha sido muy intensa. Ha trabajado en proyectos de todo tipo, unos más conocidos y otros no tanto, de géneros muy diferentes entre sí. De los primeros caben destacar Acantilado (Helena Taberna, 2016), basada en una novela de Lucía Etxebarría sobre la investigación de un hombre (Daniel Grao) acerca de la desaparición de su hermana, miembro de una secta y presunta víctima de un suicidio colectivo. También nos encontramos con Toro (Kike Maíllo, 2016), una historia de crímenes y pasiones coprotagonizada por Mario Casas, Luis Tosar y el gran José Sacristán, y con la reciente Gernika (Koldo Serra, 2016). De entre las segundas estaría Sweet Home (Rafa Martínez, 2015), una historia de terror sobre una pareja que vive en un piso acosada por el anterior inquilino como metáfora del drama de los desahucios en España.

Para acabar, se espera que para 2017 se estrene una película que a Ingrid tal vez le siente como anillo al dedo y que puede suponer el comienzo del momento en el que dará mucho de qué hablar: Ana de día (Andrea Jaurrieta), la historia de una chica que encuentra a su doble y la reemplaza de repente, como si la historia de El príncipe y el mendigo se volviera de repente en contra del más inocente. El todoterreno Jonsson acaba de arrancar y ya veremos hasta dónde nos lleva. Habrá risas y dramas en medio del camino, pero nunca podremos olvidar esa imperfección encantadora… con guitarra eléctrica llameante o sin ella como en Mad Max: furia en la carretera (2015).

https://www.youtube.com/watch?v=KUcE1_1XgBo

EN RESUMEN (MUY BREVEMENTE)…

Hemos hablado de cuatro actrices que pueden darnos una gran sorpresa en el futuro, o que, como dije más arriba, están en proceso de hacerlo. Y ahí siguen, delante de nosotros, trabajando duro por hacernos reír, llorar y para que no nos olvidemos de ellas, incluso para hacernos pensar en muchas cosas con las que nosotros nunca hubiésemos pensado. Lo que diferencia a estas chicas de otras generaciones de actrices es su uso, más o menos pionero, de las redes sociales para promocionarse, para ser un poco más cercanas al espectador. No necesitan una carta de presentación elaborada ni una enorme campaña publicitaria: simplemente con la cuenta que se han creado ya pueden hacerse visibles y que se acorte el camino hacia un futuro más o menos prometedor.

Por último debo decir que muchas veces tengo la sensación, y no quiero ponerme estomagantemente poético con estas palabras, de que las actrices son como alienígenas o como hechiceras: están en este mundo para hacer magia o para abducirnos y llevarnos a otro lugar recóndito. Hacen vudú con cualquier papel y tienen una intuición femenina muy especial que penetra en el fondo del alma humana. Luego, inevitablemente, aunque eso se reserva a unas pocas, hacen leyenda. Cuando estas cuatro chicas, como hicieron otras actrices de otras generaciones, sepan hacerlo –o ya lo saben pero no nos hemos dado cuenta, son así de sutiles-, darán de qué hablar y nos rendiremos ante ellas con aplausos. Y como dijo el maestro Rosendo, prometeremos estarles agradecidos y agradecidas, aquí y en Roma.

https://www.youtube.com/watch?v=_Gj8QvG0qzk

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