Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Cuando la tertulia entra por la puerta la certidumbre sale por la ventana

Por Íñigo Bola Merlo

Amanece en España, como todos los días. Cualquier ciudadano enciende la tele de su casa y descubre, casi sin sorprenderse, que en la mayoría de todos los canales se emita un formato de programa que no ha dejado de acompañarnos desde hace unos años. Varios periodistas, especializados en determinados asuntos de actualidad que investigan en solitario o en equipo, o que conocen a ciertas personalidades, están reunidos en un plató de televisión e intercambian sus opiniones al respecto de una noticia más o menos importante. Hay momentos en que intercambian tanta información y dicen tantas cosas que al final te sientes perdido. No es como el vocerío caótico de las películas de Berlanga pero se le parece. Después acabas teniendo, al menos en mi caso pero también en el de otros muchos, la sensación de que no sabes cómo son las cosas en realidad.

Se supone que el formato está adaptado para que escuches cada versión y reconstruyas unos hechos. Pero, aún así, no parece que sea posible llegar al fondo de la cuestión abordada y, en determinadas situaciones, se pierde el espíritu de concordia que supuestamente caracteriza a estos programas. Con ellos no tenemos una llave, una clave, para abrir la puerta y saber lo que hay detrás, sino que divagamos en la cuestión perpetua de si hay que abrirla o no sin que se haga nada y a veces vociferando inútilmente. Son las tertulias televisivas y, en conjunto, han provocado que, cuando entran por la puerta, la certidumbre salga por la ventana, como en estos videos (recomiendo verlos pasando escena por escena y de modo simultáneo porque hay algo de fondo que es similar en todos ellos a pesar de las diferencias de contenido):

https://www.youtube.com/watch?v=U43vsZh7KnY

https://www.youtube.com/watch?v=Y5pWKX6RIVk

https://www.youtube.com/watch?v=EC6wo3OMl6c

Creía necesario escribir un artículo sobre el fenómeno de las tertulias por un montón de razones que no sería capaz de contar en esta introducción, sino a lo largo de éste. Una de ellas es que han provocado que la visión que tenemos de España esté muy mediatizada por estos programas, sin que sepamos a ciencia cierta cómo son las cosas en el país en realidad. También porque han impedido una mayor creatividad en la realización de otros contenidos diferentes en la parrilla al ser las tertulias más rentables económicamente (y sobre todo que sepan conectar bien con la situación nacional). Además, he podido notar al ver algunos de ellos que varios defectos en la educación nacional y la falta de cultura han influido en la degeneración (más o menos aparente) del formato –un fenómeno que no creo exclusivo de España, sino del mundo entero-; y que la Crisis de 2008 y el desarrollo de Internet, que están muy ligados entre sí aunque no lo parezca, han reforzado el seguimiento masivo de todos ellos.

Dicho todo esto, el artículo de OjoCrítico.com que presento a continuación -¡el número 40 ya, cuando llegue al 50 habrá que celebrarlo!- es un intento humilde de comprender esos programas y saber quiénes participan en ellos, cuál es el trabajo de estos tertulianos, en qué piensan y cómo –y qué- defienden con sus argumentos a golpe de teclado, bolígrafo y voz. Como con otros artículos, y por mi formación de historiador, primero no se puede construir una casa sin que se parta de los cimientos, así que hablaré del pasado –muy rápidamente- de las tertulias en primer lugar para luego abordar el momento presente y tratar las conclusiones. Y en cuanto a las dedicatorias, este artículo va para un colega mío de la universidad y opositor de Secundaria que está abducido por el espíritu tertuliano, aparte de ser leonesista de pro: Nacho Traseira. También va para quienes estén estudiando la carrera de Periodismo en todas las universidades españolas que la impartan y, cómo no, a quienes trabajan en la realización de esos programas y a quienes recomiendo la lectura del artículo para saber qué terreno van a pisar, o están ya pisando. Nos preparamos para sufrir (es broma) con el artículo a golpe del Método Ludovico con el que Alex (Malcom McDowell) fue tratado en La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971).

/p>

LOS COMIENZOS CON BREVEDAD –O “LA TERTULIA CUANDO NO SE GRITABA”.

Comenzamos con unas imágenes de televisión. Se corresponden al 12 de mayo de 1979, cuando la Constitución de 1978 llevaba desde diciembre en vigor y hubo en el mes de marzo unas Elecciones Generales que dieron la victoria, por mayoría simple, a la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez. Fueron años de ilusión y de miedo a la vez: la ilusión hacia el futuro y el miedo al retorno de los fantasmas del pasado, bien por la cadena de atentados efectuados por E.T.A., el F.R.A.P. o los G.R.A.P.O., bien por un golpe de Estado que reinstaurase el Franquismo. Esas imágenes pertenecen al programa de tertulias más importante de la historia de España: La clave (1976-1985), presentada por José Luis Balbín (1940). Unas imágenes que yo recomendaría ver en un rato libre, porque dicen mucho de una época a pesar de cómo estaba de revuelto todo aquello.

Los programas de tertulia empezaron a surgir en las televisiones desde las décadas de 1950 y 1960, siempre tomándose la radio como referente y con el fin, no solo de informar a la población de cuáles eran los temas más candentes en determinados momentos, sino también de que diferentes visiones y opiniones de un mismo hecho fuesen confrontadas por personas especializadas en estos para que, entre todos, se lograra un mínimo consenso o acuerdo general. En una tertulia hay una mezcla entre la entrevista y el debate: un presentador introduce el tema, presenta a los ponentes y estos argumentan, durante un periodo de tiempo determinado, su tesis ante la antítesis del contrario. Pero se pretende llegar a una síntesis que enriquezca a todos los participantes y también al espectador.

Evidentemente, La clave era un programa que estaba hecho para un público más concreto –sobre todo gente relacionada con el mundo político, económico, científico y cultural- y eso se aprecia en el lenguaje, muy culto y muy especializado. Sin embargo, visto ahora, y en comparación con lo que se realiza actualmente, había algo bonito en ese programa. No es solo la realización y esa famosa música de cabecera compuesta por el maestro Carmelo Bernaola (1929-2002) que forma parte del imaginario colectivo nacional, sino el hecho de que había una verdadera concordia y entendimiento entre personas muy diferentes entre sí. ¿Por qué? Porque existía un valor que hoy en día parece que no se aprecia tanto, el de la asertividad, que consiste en respetar la opinión del otro aunque se defienda la contraria. Vamos a servirnos de otros tres ejemplos de programas de La clave, tanto en la época de Televisión Española como en la de Antena 3 (1990-1993), para vislumbrar cómo ese valor definía la atmósfera del momento.

https://www.youtube.com/watch?v=YCeLUTog4vQ

https://www.youtube.com/watch?v=VLo9LajdKnQ

https://www.youtube.com/watch?v=3dQW1rkcjRs

Es difícil obtener una respuesta a esta pregunta: ¿por qué había ese espíritu en la tertulia televisiva de aquel momento y ahora no? De momento no respondamos. Dejemos la respuesta en el apartado de las conclusiones y quedémonos con lo más importante: a partir de la instauración de la democracia surge la tertulia televisiva y se desarrolla en España para discutir sobre toda clase de asuntos, siempre en base a la pluralidad política, social y de medios. Podía ser política, económica, deportiva, e incluso del corazón. O a veces podía mezclarse en un mismo espacio televisivo con la entrevista con unas secciones definidas. El ritmo era reposado y estaba hecho para que el espectador pudiera quedarse fácilmente con todos los argumentos. Aquí tenemos más ejemplos de otros programas –NOTA DEL AUTOR: sorprende ver cómo Florentino Pérez no tenía ningún inconveniente en participar en programas televisivos y la lucidez que tenía María Teresa Campos hace más de veinte años.

https://www.youtube.com/watch?v=awR3IScuZ4o

https://youtu.be/G4A8yATXw64?t=3m41s

Pero a partir de finales de las décadas de 1980 y 1990 algo empezó a moverse en la televisión española. Por un cúmulo de circunstancias muy variadas (diversificación de la oferta televisiva, globalización de los medios de comunicación, fusión de una cultura más alta con otra más baja, búsqueda de audiencia para obtener beneficios…), la tertulia, o componentes concretos de ésta, pasaron a convertirse en espectáculo. Poco a poco, de una manera muy discreta, se fue pasando de una tertulia seria para un público minoritario a otra mucho más cercana, para un público mayoritario, pero cuyo nivel de lenguaje y de temática fue descendiendo. Aquí tenemos tres casos muy claros y muy célebres en la historia de nuestra televisión que reflejan esa evolución: uno que pasó sin que nadie se lo esperara; otro que, visto con perspectiva, se buscó para generar ese espectáculo; y uno más que acabó conformando el tipo de espectáculo que tenemos ahora en las pantallas.

LAS TERTULIAS DE AHORA.

Pues sí, tenemos que volver a la palabra “espectáculo”, porque la esencia de los programas de tertulias actuales se define por esa palabra tan repetida que a veces se vuelve demasiado manida de tanto usarla. Espectáculo surgido, no del montaje, ni de la realización, sino de cómo participan cada uno de los asistentes en cada programa de televisión con sus declaraciones, los enfrentamientos verbales entre unos y otros y, de vez en cuando, alguna frase salida de tono que hace reír a la par que provoca vergüenza ajena. Analizar las tertulias de ahora es difícil si no hacemos una distinción entre los temas. Y como no, tenemos que empezar con las que tienen más éxito, pero de tipo coyuntural: la tertulia política.

tertulia-politica-television

¿Cómo empezar a hablar de este primer tipo de tertulia y de su presencia en la tele española? La política siempre ocupa un lugar importante en las vidas de muchas personas y se habla todos los días de lo que hace cualquier gobierno, tanto de lo bueno como de lo malo. Constantemente hay noticias sobre las acciones gubernamentales y entrevistas a líderes más o menos destacados. Pero la tertulia surge cuando un país se encuentra en un momento especialmente relevante y es necesario reunir a ciertos periodistas y especialistas para analizarlo con detalle. Por ejemplo, cuando se acercan unas elecciones, o cuando se acomete una decisión de primera magnitud (un referéndum, o la entrada del país en una guerra, o cuando hay un problema de corrupción política bastante extendido).

Hemos visto que durante la Transición y los primeros años ochenta, y gracias a programas como La clave, la tertulia política llegó a tener su importancia porque España atravesaba por unas transformaciones muy importantes que determinarían su futuro histórico. Ahora bien, estabilizado el país, y con los gobiernos de Felipe González (1982-1996) y José María Aznar (1996-2004), junto con la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2008), había tertulias y entrevistas, pero raras veces éstas llegaban a tener éxito de audiencia o influían en el devenir político nacional.

Pero como dije en la introducción, dos fenómenos que aparentemente no están ligados entre sí cambiaron la posición de la tertulia a un primer plano que nunca antes ha alcanzado en nuestra parrilla televisiva. Por un lado tenemos la Crisis Económica de 2008, con sus cotas de mayor intensidad en los años 2011, 2012 y 2013, sumada a toda serie de casos de corrupción generalizada que hasta entonces habían pasado desapercibidos. Por otro lado está el constante avance de internet, más evolucionado y con mayores posibilidades para el usuario, dotado con toda suerte de redes sociales que han revolucionado el campo periodístico hasta tal punto que surgió lo que muchos denominan “Periodismo 2.0”. Un periodismo que también transformó las televisiones nacionales y que hizo ver la política de otra manera a como se la veía tradicionalmente.

Antes de seguir vamos a echarle un vistazo a los principales programas de tertulia política de la actualidad y quiénes participan en ellos, incluyendo a algunos de sus presentadores y de sus colaboradores habituales. Empezamos por La 1 de Televisión Española y por Antena 3. En ambas cadenas la tertulia política se realiza en dos espacios. Tenemos en primer lugar Los desayunos de TVE, en antena desde 1994 y con el nombre previo de Los desayunos de RNE, con un formato tradicional: un presentador invita a un grupo de periodistas para comentar la noticia del día y analizar la situación, acompañada con una lectura de los principales titulares de prensa y habiendo a continuación una entrevista con un líder político.

tertulia02

Luego tenemos el programa Espejo público, emitido por Antena 3 desde 2006. Durante sus diez primeros años de emisiones, y presentado por Pedro Piqueras, Roberto Arce y Sonsoles Suárez, comenzó siendo un programa semanal de reportajes hasta que pasó a ser un programa de tertulia y entrevistas presentado por Susanna Griso. Desde 2006 es uno de los programas de tertulias más seguidos por la audiencia debido principalmente a que su contenido es más variado: hay una sección dedicada a la política para después dar paso a noticias de la crónica de sucesos, el corazón u otros de actualidad cultural o científica. Aunque, por supuesto, se han producido toda clase de anécdotas curiosas en el plató que definen un poco la tertulia en la actualidad.

https://www.youtube.com/watch?v=F_V9pA4mvQM

https://www.youtube.com/watch?v=VMg-28pxFdI

https://www.youtube.com/watch?v=IwBz-Z5Qo4w

Pero pasemos a los canales y a los programas sobre los que realmente se fundamenta la tertulia televisiva exitosa en la actualidad: Cuatro, La Sexta, Intereconomía y 13tv. En la primera cadena tenemos Las mañanas de Cuatro (2006), programa inicialmente presentado por Concha García Campoy y después por Marta Fernández hasta que en 2013 sufrió una reestructuración del formato. Antes el programa era bastante similar a Espejo público, pero fue tendiendo hacia la tertulia política exclusivamente bajo la presentación de los periodistas Jesús Cintora y Javier Ruiz, este primero apartado en 2015 por su falta de imparcialidad. La estructura es sencilla: hay varios temas de actualidad que son presentados y comentados por una serie de periodistas –dos o tres de medios progresistas y dos o tres de medios conservadores- que contrastan su información, habiendo de por medio entrevistas en plena calle a ciudadanos normales y corrientes, a especialistas procedentes de instituciones diversas o a los líderes políticos propiamente dichos.

https://www.youtube.com/watch?v=MF89-6Q-70g

https://www.youtube.com/watch?v=yhuVniZf4ZA

Esa misma estructura presentan los que yo definiría como los “seis grandes” programas de la tertulia política: Al rojo vivo (2011), El objetivo (2013) y La Sexta noche (2013) en La Sexta; El gato al agua (2005) en Intereconomía; y El cascabel (2013) y La marimorena (2013) en 13tv. Tan solo con ver las fechas de estreno de estos programas se puede deducir mucho del contexto histórico del que surgen. Salvo El gato al agua, que se estrena en 2005 y que fue presentado por Antonio Jiménez, en el momento en el que surgió una corriente social que se manifestaba en contra de muchas de las decisiones tomadas por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero –pero que, sin embargo, pasó desapercibido hasta el estreno de Intereconomía en abierto desde 2007/2008-, todos los restantes emergen en 2013, el año más duro de la Crisis Económica de 2008. Tantas cosas pasaban en España que parecía que la tertulia política iba a ser la solución a grandes interrogantes que estaban en el aire por aquel entonces y que era necesario tratarlos en espacios, no de una hora y media como Los desayunos de TVE, sino de hasta tres horas e incluso más.

La estructura de estos programas es similar. Al rojo vivo, presentado por Antonio García Ferreras, y La Sexta noche, con Iñaki López como presentador, cuentan con varios tertulianos e invitados especiales que tratan los problemas políticos actuales, Al igual que con El cascabel y La marimorena. Ligeramente diferente es El objetivo de Ana Pastor, un programa que no es solo de tertulia y de entrevistas, sino también de lo que se denomina “programa de verificación de datos” o fact checking TV program, a través de la utilización de distintas imágenes y declaraciones de líderes políticos comparadas con las de hace unos años atrás. En España se ha conocido popularmente como la “maldita hemeroteca” y en general consiste en que el espectador sea consciente de que se le confunde, y además se le des memoriza, con informaciones contradictorias.

tertulia03

Y, ¿qué tertulianos participan en esos programas? La lista es inmensamente grande y yo creo que con unos cuantos nombres de periodistas de prensa, radio y televisión bastará: Francisco Marhuenda, Eduardo Inda, Ignacio Escolar, Ana Pardo de Vera, Carmen Morodo, Kety Garat, Ana Terradillos, Javier Sardá, Cristina Fallarás, Jaime González, Isabel San Sebastián, Alfonso Rojo, Ernesto Ekaizer y un etcétera demasiado largo. Entre todos ellos se desarrolla la tertulia a partir de la introducción, por el presentador, de un tema concreto. Luego es sometido a discusión después de que estos periodistas hayan preparado su investigación sobre el asunto. Pero luego surge el problema que hemos mencionado antes. Si en La clave se intentaba llegar a un punto en común o a una resolución pacífica de la cuestión, en La Sexta noche o en otros programas lo que importa es la tertulia en sí, el espectáculo que se crea entre las palabras de unos y las de otros, sin que se resuelva la cuestión u ofrecer una luz al asunto tratado e intentando el presentador calmar el ambiente.

https://www.youtube.com/watch?v=zPZw3SA7tg0

https://www.youtube.com/watch?v=c298JswLmeU

https://www.youtube.com/watch?v=yOKS1cZm_88

https://www.youtube.com/watch?v=UKrZUPKsSws

https://www.youtube.com/watch?v=-QPfJWH-Ui0

https://www.youtube.com/watch?v=w44mj8q6KmA

Tal vez sea demasiado arriesgado hablar de ello. O, mejor dicho, puede que lo que diga sea demasiado subjetivo y no coincida con lo que opinen otros lectores. Pero al ver fragmentos como estos sucede lo que he descrito en la introducción: cuando estos periodistas mantienen una tertulia entre ellos se contrastan tantas visiones de un mismo hecho que al final no sé cómo son en realidad. No solo me siento confuso, sino que también experimento una profunda vergüenza ajena al modo en el que tratan esas cuestiones por la forma de su discurso, sin asertividad de ningún tipo. Es verdad que no todos los tertulianos son iguales, pero hay veces en que, por el mero hecho de cómo dicen las cosas, e incluso por cómo sobreactúan en ocasiones, desprestigian el formato de programa.

¿Repasamos un momento? ¿Rebobinamos? Veamos, vamos paso a paso. En primer lugar enciendo la tele y pulso el botón del canal en el que emiten ese programa. Yo si veo un programa de tertulia me gustaría que entre todos estos periodistas se pudieran compartir las buenas con las malas opiniones con un espíritu de asertividad sobre un mismo hecho, y que a partir de ahí se puedan ofrecer unas soluciones determinadas. O que cada visión pueda ser aceptada respetando la otra para que el público pueda hacerse una visión general de la situación. Esas son mis expectativas como espectador. Sigo el programa a los cinco, siete minutos, de haber encendido la tele, algo menos. Y entonces es cuando mis expectativas caen por los suelos. Empiezo a escuchar voces y exageraciones corporales con las que un tertuliano intenta imponerse a su contertulio, o intenta dramatizar demasiado. Me siento frustrado cuando veo esa clase de sainetes. No contemplo una confrontación intelectual y dialéctica pacífica y respetuosa, pero sobre todo, seria, tanto desde quienes representan a medios progresistas como desde los de los medios conservadores.

¿Por qué las tertulias políticas en España son así hoy en día? Pues porque en España nos gusta pelear y porque también odiamos aceptar lo que nos dice el otro como si de una imposición coartadora de la libertad de uno se tratase. Podría ser por algo más, por el hecho de que vivimos en una época rara en la que todo, o casi todo, ha degenerado. En todo caso ha supuesto que en España ese tipo de tertulia se haya convertido en la principal fuente de negocio en el mundo del espectáculo televisivo: porque conecta con un espíritu, casi me atrevería a decir que atávico, de hostilidad irracional que mencioné en mi artículo sobre los canales autonómicos y que es lo que proporciona más éxito. Es el equivalente al Duelo a garrotazos de Goya pero con periódicos, televisores e incluso tabletas.

tertulia04

Así que, para entendernos entre nosotros, la tertulia política televisiva actual es un duelo a garrotazos en el que parece que un periodista va a salir vencedor con sus argumentos cuando en realidad no debería ser así. Porque una tertulia no se ha creado, ni para alarmar, ni para actuar, ni para luchar, ni siquiera para ganar, sino para compartir unas ideas y llegar a unas conclusiones más o menos definidas, aceptadas por todos. Pero aquí se ha hecho todo del revés y el presentador de tertulias solo puede hacer dos cosas: o poner orden inútilmente o ser lo suficientemente hábil como para aprovechar un momento de vacío, cambiar de tema, pasar a siete eternos minutos de publicidad o, como hacía Ferreras durante el ciclo electoral de 2015 a 2016, jugar con el “pactómetro” con nosotros como si se jugara con nuestras ilusiones y luego nos diesen una sonora bofetada en la cara para desilusionarnos.

tertulia05

Los duelos a garrotazos televisivos no acaban aquí porque hay otros dos grandes tipos de tertulia en los que se muestra esa misma confrontación. Uno es el de las tertulias deportivas y el otro el de la tertulia del corazón, tanto, o más, exitosos que los de política. Bien, ¿cómo es posible que el mundo del deporte –y en concreto el del fútbol- y el mundo del corazón hayan tenido cabida en el mundo de la tertulia? Os sorprenderá si os digo que no lo sé. Pero la respuesta tal vez esté en esa palabra que mencioné más atrás: negocio. Alguien que está al frente de una cadena de televisión –sobre todo si es privada- necesita la mayor cantidad de audiencia posible para obtener grandes cantidades de dinero. Si se quiere obtener beneficios se debe crear un tipo de programa que se acerque a los gustos del grueso de la población, tratar temas que son un buen punto de partida para la conversación en un bar, en una oficina o en una peluquería, incluso en la misma calle. Hasta ahí vamos bien porque es lícito crear tertulias deportivas y del corazón.

Pero, en un determinado momento, estos directivos llegaron a la conclusión de que el beneficio es mayor cuanto más se estira el chicle, es decir, cuando exprimes una historia el máximo posible para cubrir un vacío. Tratas el asunto un día tras otro, como si de una serie de televisión se tratase, pero con la diferencia de que no es ficción. Es realidad, y vende…demasiado. Da igual que Tony Soprano tenga problemas psicológicos, que Julián Martínez, Amelia Folch y Alonso de Entrerríos trabajen en el Ministerio del Tiempo viajando época tras época, que Finn el Humano y Jake el Perro protagonicen sus horas de aventuras o que Daenerys Targaryen quiera hacerse con el trono de hierro a lomos de un dragón. La realidad miserable triunfa sobre la ficción. Los programas del corazón como Tómbola (1997-2004), A tu lado (2002-2007) o Sálvame (2009), o de deportes como Punto pelota (2008) o El chiringuito de jugones (2014) se podrían considerar los más “barrocos” de la parrilla televisiva por el hecho de que cualquier vacío temático –u horror vacui- se recubre con historias que se detallan lo máximo posible, de una manera en ocasiones muy artificiosa y con discusiones de por medio para enganchar al telespectador de una manera más eficaz que estas series.

Vamos a poner dos ejemplos de sobra conocidos de programas y de historias que se estirarían hasta el infinito. En el de la tertulia deportiva tenemos los casos de las discusiones entre la situación de los dos equipos principales de la liga española, el Real Madrid Club de Fútbol y el Fútbol Club Barcelona, los máximos campeones en la historia de esta competición. Cualquier problema físico o personal de cualquier jugador, cualquier relación entre el equipo técnico y los jugadores, cualquier problema financiero, cualquier rumor de fichaje, cualquier resultado deportivo, es objeto de tertulia. Y lo es de un modo que raya la obsesión por quienes participan en esos programas. Se discute de una manera muy acalorada, apasionada, llegándose en ocasiones hasta un “mano a mano” verbal entre unos tertulianos y otros. Donde más se ven esta clase de tertulias es en El chiringuito de jugones, presentado por Josep Pedrerol y que cuenta con la presencia de periodistas deportivos como Tomás Roncero, Hugo Gatti, Irene Junquera o Iñaki Cano entre un largo etcétera. Toca ver imágenes para ver cómo se desarrolla uno de estos programas.

https://www.youtube.com/watch?v=wMceUu1r9to

https://www.youtube.com/watch?v=Hm27Luk7HZ8

https://www.youtube.com/watch?v=dGOcS7w3SoA

En el caso de la tertulia del corazón tenemos el caso de Sálvame con Jorge Javier Vázquez como presentador y con periodistas y colaboradores de la talla de Carmele Marchante, Kiko Matamoros, Kiko Hernández, Raquel Bollo o Belén Esteban. Con este programa ocurre algo bastante curioso, y creo que a la vez decepcionante para quienes no les suele gustar este género. Se supone que es un programa semanal, pero libremente la cadena Telecinco puede decidir si emitir una edición especial la noche de un día de la semana a excepción de los viernes, cuando normalmente se emite. Ello se debe, no solo por la necesidad que tiene la cadena de ganar una audiencia elevada o para arrebatarle a una cadena la audiencia de otro programa, sino a que se pretende estirar el chicle cada vez más para tener a la audiencia atada en el sofá viendo cómo se desenvuelven una, o dos, o tres historias del corazón simultáneamente.

Posiblemente, de todas las historias del corazón que más se han tratado en treinta años de historia de España la más destacada en estas tertulias sea, ni más ni menos, que la de la cantaora Isabel Pantoja (1956): estrella de la copla, con miles de seguidores y admiradores en todo el país, con una vida que ha dado mucho que hablar dentro y fuera de los medios, alguien con un gran poder sobre las masas incluso estando en prisión, con unos familiares y personajes públicos coprotagonistas de otros escándalos por doquier… Su historia es el fiel reflejo de hasta dónde puede llegar la prensa del corazón, del poder sociológico y económico que puede ejercer y del barroquismo al que pueden llegar estas tertulias. Tan solo interrumpidas por el presentador cuando llega el momento de presentar, con una mezcla ridícula de suspense, risas y morbo otra historia.

tertulia06

https://www.youtube.com/watch?v=wIOPd2ETrBc

https://www.youtube.com/watch?v=vzsoBxjYbcE

Lo cierto es que estas tertulias, y casos como el de Isabel Pantoja, constituyen un fenómeno único en la historia de los medios de comunicación españoles. En general, toda la prensa del corazón nacional merece un estudio muy serio, porque revela la evolución de España en cuanto a lo social, cultural y mediático al igual que el cine, el cómic o el deporte por poner unos ejemplos. Implicaría, ya no solo la escritura de uno o varios artículos originales, sino toda una tesis doctoral si en el mundo universitario no hubiera el pudor del que están exentos otros países del mundo. En este punto de la prensa y de los programas del corazón, junto con las tertulias deportivas, habría que aplicarse aquella frase de Friedrich Nietzsche (1844-1900) de afrontar al demonio nacional mirando hacia el otro lado del abismo guardándose el inocente periodista o investigador de que no se convierta en aquello que está a ese lado.

tertulia07

 En fin, sigamos con nuestro camino, porque voy a pasar a otros tipos de tertulia televisiva. En este formato hay espacio para otros temas, eso lo sabemos de sobra. Se puede hacer una tertulia sobre los temas universales que afectan a todo ser humano: los sentimientos, los hallazgos científicos, la cultura de masas, y así sucesivamente. Con la diferencia de que estás tertulias no tienen un seguimiento tan grande por parte de la audiencia y tienen dos opciones: o desaparecer a los tres o cuatro programas, o emitirse tarde en La 2 de Televisión Española. Raras veces hay tertulias sobre otros temas que tienen seguidores asiduos. Como ha sucedido, por ejemplo, con el escritor Fernando Sánchez Dragó (1936) al presentar su Negro sobre blanco (1997-2004) y el posterior Libros con Uasabi (2015), de tertulia literaria y con un tono mucho más culto, dirigido a un público más concreto que las tertulias, podríamos llamarlas así, “populares”.

https://www.youtube.com/watch?v=Fd14GLt8CdY

https://www.youtube.com/watch?v=oj5Wp4rbeQM

Dentro de ese nicho de los otros tipos de tertulia surgió un programa cuyo éxito absolutamente nadie se esperaba y cuyos seguidores son más fieles cada semana. Durante mucho tiempo ciertos temas que eran considerados absurdos o un simple tabú para la población como el ocultismo, las historias de terror, crímenes que forman parte de la España Negra, espíritus del más allá u ovnis que sobrevuelan los cielos fueron recogidos de la mano de un hombre con una especial sensibilidad para hablar de estos temas en televisión. Su nombre es Íker Jiménez (1973) y presenta, desde el año 2005, Cuarto Milenio, un programa que con los años ha ido ganando cada vez más audiencia. Su estructura es la de un programa de reportajes de investigación pero también de tertulias en el que dos o cuatro tertulianos, especializados en estos temas, discuten sobre la veracidad o no de estos hechos, si son científicos o si no lo son.

https://www.youtube.com/watch?v=xgQUh-jP29s

https://www.youtube.com/watch?v=escnIQUg4LI

https://www.youtube.com/watch?v=F7jdypW8Bf8

Pero yo creo que el tipo de tertulia más exitoso, y que constituye una categoría aparte, sería la tertulia cómica, aquella que consiste en tratar los temas de actualidad pero desde una perspectiva humorística, en ocasiones alternando los momentos de discusión con los reportajes, las entrevistas y de vez en cuando algún sketch divertido. Bien, hay tres programas que yo considero como los pioneros de la tertulia cómica, que fueron muy originales y muy queridos por el público en general, aunque también incluyen un poco de entrevistas y otros elementos. Curiosamente los tres son de Telecinco en la que fue su etapa más creativa, la segunda mitad de la década de 1990. Uno de ellos es Caiga quien caiga (1996-2002/2005-2008/2010), un programa que mezclaba la tertulia con entrevistas grabadas por reporteros célebres por su camisa blanca, traje y corbata negra y esas icónicas gafas de sol que regalaban a cualquier celebridad. El Gran Wyoming, Pablo Carbonell, Arturo Valls, Christian Gálvez, Juanra Bonet y Gonzo se dieron a conocer a través de ese programa, aunque los dos primeros ya eran bastante populares y el programa no hizo sino acrecentar aún más su fama.

https://www.youtube.com/watch?v=28JGp5u28-0

https://www.youtube.com/watch?v=bdiRUsqRiA8

El segundo es todo un fenómeno en la historia de la televisión española y un ejemplo de cómo un programa puede evolucionar hacia direcciones insospechadas en cuanto a los contenidos que tiene. Se trata de Crónicas marcianas (1997-2005), presentado por Javier Sardá y que en principio tenía un toque de humor más alternativo y más blando hasta convertirse en un vivo ejemplo de la telebasura durante la primera mitad de los 2000, con colaboradores tan variopintos como Boris Izaguirre, Manel Fuentes, Javier Cárdenas y diversos “personajes” salidos de la prensa del corazón y de los reality shows por entonces en boga como Gran Hermano durante sus primeras ediciones. Viendo los vídeos colgados aquí uno se pregunta si ese tono desagradable e inapropiado de este programa es el que, de una manera más discreta, ha influido realmente en la configuración de una parte de las tertulias actuales.

https://www.youtube.com/watch?v=NUkE-eEch9U

https://www.youtube.com/watch?v=UmyF-VB6Bpg

Y por último, y tan influyente como los anteriores, se encuentra el inolvidable y siempre divertido El informal (1998-2002), presentado por Javier Capitán y Florentino Fernández y que tuvo como colaboradores a humoristas como Miki Nadal, Félix Álvarez “Felisuco” y Patricia Conde, lleno de secciones de doblaje y entrevistas que seguro que más de uno recuerda. Es precisamente El informal un programa que, desde mi punto de vista personal, pudo haber tenido continuidad en la cadena. Y no solo lo digo yo, sino antiguos colaboradores de éste. Su desaparición se debió precisamente a esa tendencia a la telebasura que siempre ha caracterizado a Telecinco, al predominio de las historias del corazón y de la telerrealidad frente al humor sano y creativo. De todos modos, y a pesar de esa pérdida, quienes trabajaron allí han contribuido a hacer avanzar la tertulia humorística en otras cadenas de televisión.

https://www.youtube.com/watch?v=O0EEwx5HLfI

https://www.youtube.com/watch?v=0e6Jc1Ilm1Q

https://www.youtube.com/watch?v=Y186SACKFYA

https://www.youtube.com/watch?v=oH2qiTSUVZs

Curiosamente, fue en La Sexta, en la segunda mitad de la década de los 2000, la que recogió mejor que ninguna otra cadena el formato de tertulia cómica, desarrollándola en dos direcciones muy diferentes. De un lado dos fenómenos que nunca se habían comentado en una tertulia, la televisión –tomando prestado los elementos de los programas de zapping- y las redes sociales, se convirtieron en objeto de discusión tertuliana con tono humorístico, creándose secciones cómicas muy especiales en ellos. Sin lugar a dudas se pueden citar como ejemplos representativos de tertulia cómica sobre la televisión y las redes sociales Sé lo que hicisteis (la última semana) (2006-2011) y su sucesora Zapeando (2013), programas donde viejos colaboradores de programas como El informal (Patricia Conde o Miki Nadal) coincidieron con presentadores de televisión y radio (Frank Blanco, Pilar Rubio, Anna Simón y Cristina Pedroche) y con humoristas, actores y actrices (Ángel Martín, Dani Mateo, Paula Prendes, Berta Collado, Ana Morgade o Leo Harlem) para comentar ciertos momentos de la televisión o de las redes…e incluso entretener con algún juego de por medio.

https://www.youtube.com/watch?v=Cz7Vn8Quzps

https://www.youtube.com/watch?v=lRudgD2U2bc

https://www.youtube.com/watch?v=ElKwJRNT1R8

https://www.youtube.com/watch?v=x_gQCMAmy-s

https://www.youtube.com/watch?v=5HODRU6iwlY

https://www.youtube.com/watch?v=WqPyXH94nik

De otro lado nos encontramos con el que tal vez se trate del programa de actualidad y tertulia cómica más políticamente incorrecto de la España actual. Después de haber pasado por Caiga quien caiga y tras haber aparecido en varias cadenas, El Gran Wyoming se convirtió en presentador del programa que ostenta el récord de llevar más tiempo de emisión en La Sexta a pesar de los intentos de “censurar” sus contenidos. Hablamos, como no, de El intermedio (2006). Bajo la premisa “Ya conocen las noticias. Ahora, les contaremos la verdad”, Wyoming y su equipo de colaboradores (Beatriz Montañez, Usun Yoon, Thais Villas, Dani Mateo, Sandra Sabatés o Gonzo) meten el dedo en la llaga sobre aquellos temas de actualidad candentes y espinosos, con un humor que divierte a una parte de la audiencia y que “cabrea” a la otra mitad con los ocurrentes comentarios del presentador y de quienes le acompañan con alguna entrevista y/o reportaje de por medio. Lo más significativo no es solo la realización, sino que es un programa que ha sabido adaptarse a las circunstancias: de ser un programa de humor más en los años previos a la Crisis de 2008, se ha convertido en un referente televisivo para el tipo de humor que se busca en la España actual, que es el de divertir sin distraer al espectador con todo lo que está pasando e informarle.

https://www.youtube.com/watch?v=E81z28PL_zI

https://www.youtube.com/watch?v=VIBC2YZOTXg

https://www.youtube.com/watch?v=6TbgYg7iZBg

¿Y hay más programas de tertulia cómica? Sí, los hay. Y esta parte no se puede acabar sin mencionar el programa de Canal Plus, actual Movistar Plus, titulado Ilustres ignorantes (2009). Presentado por Javier Coronas, Javier Cansado y Pepe Colubi se tratan las grandes cuestiones de la Humanidad de modo cómico: los sentimientos, los placeres, la vida, la muerte… Y como con El intermedio, ha sido un programa que con los años ha ido gozando de un éxito cada vez mayor, emitiéndose después de haberse grabado en teatros y salas de conciertos de Madrid como el Galileo Galilei o el Calderón. Su estructura es muy sencilla: se invitan a unos famosos para discutir sobre estas cuestiones a partir de una imagen, secuencia cinematográfica o un sketch y durante 25 minutos se trata ese asunto con comentarios ingeniosos a la par que divertidos.

https://www.youtube.com/watch?v=3fLiiVWuLAY

https://www.youtube.com/watch?v=uTv8cfXe3U0

https://www.youtube.com/watch?v=Jy8Bnwm3lJ8

LAS CONCLUSIONES.

Ya hemos visto aquí, de una manera muy genérica, cuáles y cómo son los programas de tertulias de la actualidad en España. También conviene insistir un poco en lo que se ha dicho en la introducción: que todos ellos han cambiado la imagen del país, alterándola tanto desde una dirección política como desde otra muy distinta. Incluso ciertos tipos de tertulia han contribuido a popularizar ciertos temas, a que la cultura popular tenga espacios de discusión y a que nos riamos más de nosotros mismos. Son una de las principales fuentes de financiación de las cadenas de televisión y, ojo, han influido en la configuración de nuevos movimientos políticos por la mutua influencia entre éstos y las redes sociales. Sin las tertulias y sin Facebook o Twitter nunca hubiese tenido la trascendencia que tuvo el Movimiento 15M en 2011 y nunca hubiese tenido la aceptación, y representación, políticas que tiene ahora Podemos desde que participase en las Elecciones Europeas de 2014.

tertulia08

El caso es que, aunque lo más duro de la crisis ya ha terminado, siguen emitiéndose estos programas y cuentan con mucha audiencia. En el caso de las tertulias políticas porque sigue habiendo en España la sensación de que algo ha de cambiar a nivel político; y ya no es solo el actual gobierno conservador del Partido Popular presidido por Mariano Rajoy (2011), sino algo más, en forma de reforma constitucional o de la estructura administrativa nacional. En el de las tertulias deportivas y del corazón, simplemente, por un mero deseo de evasión, intención lícita pero que provoca una gran ceguera entre una parte importante de la sociedad española, sobre todo entre los ancianos y los adolescentes. En el de las tertulias cómicas por un sano equilibrio entre la diversión y el saber muy bien qué está pasando de una parte de la audiencia. Y en lo que respecta a otros tipos, como Cuarto Milenio, por una mezcla de varios intereses –saber la auténtica verdad, conocer qué está pasando en el mundo de la cultura, estremecerse o pasar miedo…-, tantos como espectadores lo ven.

¿Cómo es que las tertulias actuales son como son hoy en día? Tengo una teoría, tal vez no aplicable en todos los que trabajan en este formato de programa televisivo, pero sí en muchos de los que he visto, que contribuyen un poco a comprenderlos. No hace falta volver al factor negocio, porque se ha expuesto en todo el artículo, pero sí que quisiera centrarme en cómo es la figura del periodista de tertulias actual. Por lo general, como quien trabaja en un periódico o en una emisora de radio, un periodista que participe en una tertulia debe exponer su visión de un acontecimiento tras haberlo investigado. En ocasiones su visión de ese acontecimiento siempre estará modificada por sus convicciones o filias (políticas, deportivas, personales…) porque, en la prensa como en la vida, es muy difícil ser completamente neutral y objetivo.

El oficio de periodista se caracteriza por ser muy subjetivo con lo que uno argumenta y defiende, para lo bueno y para lo malo. Uno cree estar en posesión de una verdad que tal vez no sea del todo cierta, y es de oficio contrastarla una y otra vez, aunque se mantiene una cierta subjetividad. Y lo que vemos en estos programas es, tras días –incluso meses- de investigación periodística, la apreciación, más o menos personal, de cada acontecimiento por parte de estos profesionales. Con ello se fundamenta una opinión y a continuación, por lógica, se produce el choque de perspectivas y la suma de palabras que se entrecruzan y, o confunden al espectador, o le hacen pasar un buen rato. Si en La clave se buscaba cierto consenso al final, después de la marea de intervenciones verbales de cada ponente, para reconciliar al espectador o mostrarle las múltiples perspectivas del asunto para tener esa visión general (primándose la asertividad por encima de todo y partiéndose de la premisa de que hay una cuestión importante que, entre todos, puede discutirse para que haya entendimiento), en La Sexta Noche eso no pasa. No pasa porque, ya se ha dicho muchas veces, impera el sentido de negocio, el ganar audiencia de una manera o de otra, por medio de la confrontación verbal.

tertulia09

Lo de que los periodistas nunca son del todo objetivos eso lo sabemos de sobra. Aún así, creo que cada tertuliano tiene la intención de que su subjetividad se convierta en objetividad y que su opinión sea de común aceptación por quienes le leen o escuchan. Su deseo surge del miedo a que, si acepta la versión de su contrincante, perderá muchas cosas (credibilidad, empleo, apoyos sociales, reputación laboral, seguimiento, etc.). Y ese miedo y deseo simultáneos coexiste con la sobreexposición. Hace cuarenta años ser periodista consistía en trabajar en un oficio en el que no estabas tan expuesto al público; realizabas tu artículo o tu crónica, o tus intervenciones, y tu popularidad no trascendía salvo en círculos muy restringidos. Hoy en día es todo lo contrario porque dependes, tal vez en demasía, de unos lectores, unos radioyentes, unos telespectadores o unos seguidores en redes sociales para tener un buen desempeño laboral. Quieres que te lean, te escuchen, te vean, que digas lo que piensas de todo para mantenerte en tu oficio, sin importar lo elaborado o no que esté tu argumento. Intervienes en muchos programas, dejas comentarios en tus cuentas de redes, haces todo eso para ganar dinero, contar la “verdad” y para tener mucha fama. Pero…

Pero, y aunque el periodista se haya vuelto más visible, más cercano y más conocido, se ha vuelto un ser más vulnerable, no en apariencia sino en el fondo. El periodista actual está sobreexpuesto, por ejemplo, a la crítica, a la amenaza –más o menos encubierta-, a la confrontación permanente y posiblemente algo más que, por experiencia vital, alguno de los periodistas que mencioné las habrá conocido. El ansia de popularidad –que tal vez se note, más o menos, en todos ellos- ha devorado el espíritu de una parte de la prensa que se considera algo más que un simple reportero. El periodista actual se concibe como una especie de caballero andante que, con razón o sin ella, y lo demuestra en sus intervenciones verbales, ha de matar al dragón –un líder político, rival periodístico, injusticia social o figura del corazón- para salvar a una supuesta princesa –otro candidato, medio de comunicación, equipo de fútbol, sector social o presunto amigo- que, sin embargo, se acaba convirtiendo en un demonio que devora poco a poco el alma de quien la defiende. El periodista de hoy en día, en definitiva, basa su profesión en su ego y en cómo lo proyecta al mundo por múltiples medios y herramientas. Y la cadena de televisión de turno se aprovecha de esa característica para hacer dinero con la audiencia.

En ese pilar del ego, junto con el del hacer espectáculo y el de aprovecharse de internet, es donde se basa la tertulia actual. Da igual el nivel de formación del ponente o el campo de especialización: lo que importa es atacar verbalmente y defenderse, porque la “lucha”, el campo de batalla que se crea en un plató, enriquece el tipo de espectáculo que se busca en esta época en la que vivimos. ¿Cuál es la munición de estos guerreros? Historias, con o sin trascendencia, de todo tipo, buscando cada uno la que más le guste para discutir por discutir. Detallar cada suceso al máximo, a veces partiendo el tema por capítulos, como si esa munición o suministros se repartiesen de un modo racional sirviéndose el presentador de ese recurso llamado “parón publicitario”. ¿Alguien se imagina estos programas convertidos en literatura épica? Sonaría así: “Y entonces, de una manera tan rauda como un relámpago, Antonio Ferreras interrumpió a Cristina Pardo, ansiosa por dar detalles sobre la entrevista entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, dando paso, por obligación de la cadena, a siete excitantes e intensos minutos de publicidad para deleite del espectador. Mil tuits se enviaron aquel día como comentario de aquel acontecimiento”.

¿Seguirán siendo así las tertulias televisivas? ¿Hasta cuándo? Haciendo un pronóstico probable, pero no certero, puede suceder que la tertulia política se reestructure y acabe volviendo al humilde lugar que ocupaba como antes de 2008 cuando la crisis actual se supere del todo…hasta que se produzca una nueva crisis nacional que la haga resurgir. Con la tertulia deportiva puede suceder que, una vez retiradas ciertas superestrellas del deporte, también conozcan un cambio en su tono y forma pero no en su fondo. La tertulia del corazón seguirá estando ahí porque nunca se podrá acabar con ese espíritu de cotilleo, ya no propio de España, sino de la especie humana. En cuanto a la tertulia cómica, esta nunca ha de desaparecer, porque el humor es siempre una necesidad y un espacio para la reflexión muy inteligente. Y los demás tipos dependen del apoyo que reciban y del esfuerzo de sus profesionales para seguir emitiéndolos.

Una cosa podemos dar por cierta, y es que el pasado no volverá. No habrá tertulias como las de Balbín hasta dentro de mucho tiempo si se dan las circunstancias que favorezcan esa clase de tertulia que lo es de verdad por sus verdaderas características. Muy difícilmente se pondrá fin al espectáculo televisivo que crean porque siempre hay que crear dinero. Nunca llegaremos a conocer la realidad de España en su totalidad, y quien viva en otro país experimentará lo mismo. Desconoceremos la realidad de las cosas aún más por la proliferación de internet, en una época que precede a lo que será, o parecerá, Matrix. La televisión, y las tertulias, como los países, son como son porque el Ser Humano es como es, el mayor misterio de la ciencia porque no se lo conoce del todo.

tertulia10

Solo puede volver la certidumbre a nuestras vidas de una manera. Tiene que ver con lo que voy a contar ahora –y no pretendo dármelas de intelectual con ello. En mis viajes, durante el tiempo que estuve trabajando –y que han hecho que haya tardado en publicar lo que estáis leyendo ahora- he pasado por varios lugares (tanto a pie como en autobús o coche) de Cantabria que me han resultado acogedores: Liendo, Liérganes, Escalante, Voto, Ampuero, Soba, Vega de Pas… Al ver aquellos prados, árboles y casonas, ante aquellos parajes, mi cabeza se vaciaba entonces de muchas cosas: de las historias de las tertulias, de la televisión, de tanta sobrecarga de información que, lo quieras o no, contribuye a que te cabrees (preguntas retóricas: ¿acaso una parte de la indignación nacional se debe al embotamiento que produce esa sutil sobrecarga excesiva de noticias en nuestra mente? ¿Hasta qué punto lo que decimos y pensamos es realmente algo propio?).

Veía las cosas de aquellos parajes cántabros con la claridad que aporta la sencillez. Y entonces concluí que la certidumbre está en la sencillez. A veces uno necesita huir de, pero no abandonar, el mundo en el que uno vive para ser consciente, no de la verdad de España o del mundo, sino de la tuya propia. Uno es libre cuando está solo y, en un instante, sabe que está realmente vivo y es alguien. Es lo sencillo: el saber que se está vivo y que se es uno solo en este planeta. Entonces se conoce uno a sí mismo, toma conciencia de su propia vida y pensamiento, reflexiona y puede decir sus propias y verdaderas opiniones. Siendo sencillo se es sincero, lo cual no quiere decir que se tenga que ser un paleto a lo Paco Martínez Soria.

tertulia11

La televisión, y las tertulias se incluirían aquí, sin ninguna mala intención por su parte, no son, o no pueden ser, sinceras porque son complejas. Todo lo que sucede en España pasa por estos canales y todo se filtra, incluso en cada tipo de tertulia, porque conviene controlar la opinión; tanto por presiones exteriores a los medios como por ese viejo amigo llamado “miedo”. Eso nos embota la mente y nos impide razonar con la cabeza. Aquí alguien me diría: “Macho, me has contado lo del mito de la caverna”. Cierto, porque sigue siendo una verdad filosófica que está ahí. Hay miedo en los tertulianos, en los directivos y en los espectadores. Es un sentimiento compartido, universal. Determina la historia de cada país y ha permitido los mayores logros y las mayores barbaridades. Y sigue estando ahí, llámesele “Crisis económica”, “terrorismo yihadista” o “virus Ébola”.

El miedo y el embotamiento que producen programas de televisión como éstos tienen cura. La receta es la que sigue: pulsar el botón de “Apagado” del mando a distancia, mandarlo todo a la porra, salir a tomar el aire para estar solos –viajando a algún lugar como los que he citado o similares- y ver las cosas con sencillez para recuperar el espíritu de certidumbre. Para a continuación, como hizo Álex en La naranja mecánica, curarnos de muchas cosas para que todo lo que hagamos salga mejor, lo que comemos nos sepa mejor y que nuestras artes amatorias sean inolvidables y permitan la construcción de relaciones de noviazgo y matrimonios de verdad. ¡A ver si quienes trabajan en esos programas toman nota de la receta!

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Querido colega Iñigo, te doy la enhorabuena por tan excelente trabajo de análisis y reflexión sobre los programas de tertulia en la TV, y agradezco que hayas insinuado en tu gran escrito, ese consejo de: “pulsar el botón de “Apagado” del mando a distancia”. Yo ni siquiera los inicio. Un abrazo

  2. Íñigo

    Amigo Enrique, gracias por leer y comentar. Un abrazo.

  3. Irene Feito

    Las tertulias, como tantas cosas en la existencia, pueden ser emprobrecedoras o más enriquecedoras que una tonelada de Starlux. Por desgracia, se dan con más frecuencia los primeros casos, pero, cuando suceden los segundos, es muy estimulante. Este artículo me ha provocado este y otros pensamientos en su justificada extensión. Lo agradezco profundamente.

Escribe un comentario