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Cosecha del 2014. Caballos desbocados

Por Íñigo Bolao Merlo

Los chinos llaman al año 2014 el año del Caballo de Madera Yang. Y parece ser que hemos vivido un año en el que muchos caballos se han desbocado y han entrado en nuestros hogares en forma de mil caballos de Troya desde las pantallas de nuestros ordenadores y televisores. Nuevas guerras se han librado, nuevos atentados terroristas han provocado un aumento de la inseguridad mundial, la ascensión de nuevos partidos políticos ha generado nuevas esperanzas entre miles de personas, los escándalos y casos de corrupción han aumentado en España… En fin, nuevos acontecimientos históricos han provocado que el mundo del siglo XX desaparezca y surja el mundo del siglo XXI, con nuevas ilusiones y temores.

Ciertamente, el 2014 no lo recordaremos como un año bueno… salvo en lo cinematográfico. Al menos para nosotros, los españoles, porque este ha sido un año excelente para la industria cinematográfica nacional. Se han estrenado varios títulos cinematográficos que, independientemente del gusto individual de cada espectador, han reconciliado al público español con su cine. Ocho apellidos vascos, El niño, La isla mínima, Magical Girl… se cuentan entre las cintas más notables de este 2014.

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Enrique González Macho (1947) y los miembros de la Academia de Cine tienen motivos para estar orgullosos: se ha recaudado en taquilla más dinero que en años anteriores y ha sido posible consolidar una cinematografía más variada en la que las cuestiones de industria y de ocio ya no riñen con las de arte y ensayo. Como también ha sido posible la creación de una cinematografía que, sin perder sus señas de identidad nacional, ha sabido incorporar los elementos puramente americanos y europeos, para el gusto de un público nacional e internacional.

Ahora bien, es cuestión de tiempo saber si este 2014, tan bueno para el cine español, ha supuesto el comienzo de una nueva tendencia que continuará por muchos años en España o, simplemente, es algo circunstancial al momento de crisis económica, política y social del momento que estamos viviendo. Es cierto que toda crisis genera una situación de reflexión social y mental que, a la larga, enriquece la cultura de un país y de la que salen obras artísticas innovadoras y muy ilustrativas del periodo transcurrido.

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Y en nuestro país ha pasado más de una vez: durante la Reconquista (siglos VIII-XV), en plena época medieval, las disciplinas artísticas estructuraron y dieron sentido a la sociedad de su momento, a través del Prerrománico Astur, o del Arte Mozárabe, o del Románico y el Gótico; y tras el “Desastre del 98” emergió una nueva generación de científicos, escritores, artistas y políticos (Ramón y Cajal, Baroja, Unamuno, Machado, Picasso, Joaquín Costa…) que defendía la regeneración de España para su modernización. Y ha habido crisis recientes en nuestro país (las de 1973 y 1991 son un ejemplo claro) que han estimulado un poco la creación cinematográfica nacional.

Pero, ¿qué es lo que hace singular a esta crisis actual, y a este cine español que ha surgido de ella? ¿Tal vez es por el hecho de que no nos la esperábamos, y el sueño en el que vivíamos quedó trastocado por unas olas de corrupción y de incompetencia tan grandes como las que aparecen en la película Lo imposible (J.A. Bayona, 2012)? ¿O quizá es porque es una nueva clase de crisis que, para su resolución, no hace falta seguir las mismas estratagemas que se aplicaron en el siglo XX? ¿O simplemente es una prueba del tiempo para que nos haga sacar lo mejor que tenemos?

Reflexiones aparte, la situación social actual, junto al mayor interés por parte de los grupos de comunicación privados (Atresmedia, Mediaset…) a apostar más por la producción cinematográfica nacional para obtener mayores ingresos, han contribuido muchísimo a que el año 2014 haya sido un buen año para el cine español. Varios cineastas que han realizado previamente algunas películas, como Daniel Monzón (1968) Alberto Rodríguez (1971) o Carlos Vermut (1980), junto a los que rodaron en años anteriores como Rodrigo Cortés (1973), Juan Antonio Bayona (1975), Fernando Franco (1976) y Rodrigo Sorogoyen (1981), entre otros, han explorado, consciente o inconscientemente, el tema de la “crisis” en sus múltiples formas, hasta tal punto que el cine español de la década de los 2010 lo podríamos recordar como el “cine de las crisis”, porque están protagonizadas por personajes con una crisis (más o menos simbólica respecto a la situación actual) tan profunda que intentan librarse de ella, algunos con mejor fortuna que con otros.

¿Y qué se nos presenta en el año 2015? De momento cabe decir que vuelven los veteranos: se espera que para el otoño Alejandro Amenábar (1972) estrene Regresión, un thriller ambientado en los Estados Unidos durante la década de 1990 en el que un hombre (Ethan Hawke) es acusado de haber abusado de su hija (Emma Watson), sin poder recordar qué fue lo que pasó y lo que hizo. Mientras tanto, Julio Medem (1958) ha rodado con Penélope Cruz, Luis Tosar y Asier Etxeandía Ma Ma, la historia de una mujer, Magda, que quiere seguir luchando por ser feliz ante la tragedia (la sinopsis sobre la película no es muy amplia). También se espera el regreso de Fernando León de Aranoa (1968) con su primera película con actores internacionales, Un día perfecto, sobre un grupo de cooperantes de una O.N.G. (Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Laurent…) que intenta sacar del pozo a un cadáver en una zona de conflicto. Y lo que nos espera.

En este año del Caballo de Madera Yang los españoles hemos tenido suerte desde el punto de vista cinematográfico. ¿Pero qué pasa con el resto del mundo? A nivel internacional, ha sido un año normal, con estrenos de películas interesantes y de otras que han pasado sin pena ni gloria. Centrándonos en Estados Unidos, cabe decir que cuatro películas muy diferentes han causado sensación entre la crítica y el público:

1.- El último éxito de Christopher Nolan (1970), Interstellar, que podría considerarse como su película más americana y que retoma, con su genial combinación de elementos de ciencia-ficción, intriga, problemas emocionales y revolucionarias interpretaciones sobre el mundo de la física, un tema tradicional del cine estadounidense: la aventura de los pioneros americanos, pero ésta vez más allá de las estrellas. Con ella, Matthew MacConaughey (1969) ya se ha consolidado como un actor serio y polifacético tras el éxito de Dallas Buyers Club (2013), pero atentos a Jessica Chastain (1977), porque esta bella actriz pelirroja podría hacer el papel de su vida, y estar en la primera fila de actrices de Hollywood, en poco tiempo y hacernos enamorar como en su día lo hizo Meryl Streep (1949). Por cierto, hay que decir que el crítico Carlos Boyero la considera como la nueva Meryl Streep.

2.- En pocas semanas ha cosechado mucho éxito entre los críticos y en varios festivales, y es la ópera prima del cineasta Damien Chazelle (1985). Se trata de Whiplash, la historia de un joven músico que toca la batería en un grupo de jazz y que aspira a convertirse en el mejor batería del conservatorio… ante las exigencias de su profesor (J.K. Simmons), que le exprime física, moral y mentalmente para convertirle en el mejor. Como con Jessica Chastain, habrá que estar atentos a este nuevo cineasta, porque nos podría reservar más sorpresas.

3.- Érase una vez que un mexicano llamado Alejandro González-Iñárritu (1963) decidió retomar al escritor y dramaturgo Raymond Carver (1939-1988), criticar el género cinematográfico de superhéroes, mostrar los conflictos entre el mundo cinematográfico de Hollywood y el del teatro de Broadway, el choque entre el ocio y la cultura, la lucha personal de una celebridad entre el ser amado y el ser admirado y añadir a todo ello algunos elementos cinematográficos propios de Jean-Luc Godard (1930), planos secuencia como los de La soga (Alfred Hitchcock, 1948) y algunos elementos oníricos. Michael Keaton (1951) regresa a la gran pantalla encarnando todos estos conflictos y temas en el papel del actor fracasado Riggan Thomson, solamente célebre por el papel de un superhéroe, en la película Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), que se ha convertido en la principal competidora del gran éxito del 2014.

4.- Doce años de rodaje le han bastado a Richard Linklater (1960) para mostrar el crecimiento, y la perspectiva cambiante hacia la realidad momentánea, de un joven texano llamado Mason (Ellar Coltrane) en Boyhood, momentos de una vida. Grande en su sencillez, ha arrasado en muchos festivales internacionales, galas de premios y ha conquistado el corazón del público, no solo por su carácter innovador, sino también por mostrar los temas del crecimiento personal y de los problemas vitales sin recurrir a discursos filosóficos complejos. Se ha recurrido tan solo al elemento principal del puro cine: mostrar las cosas y su discurrir con naturalidad, al estilo del típico texano que observa las cosas y solo dice, con tranquilidad y tras profundas reflexiones: “Yeah…”. Lejos de quedarse estancado, el cine presenta posibilidades que aún no han sido explotadas del todo, y Boyhood nos lo ha demostrado.

Estas cuatro películas son también un resumen de por dónde va el cine en esta década del 2010. Habiendo surgido películas muy notables por la introducción de nuevas formas de narración cinematográfica, o por la exposición innovadora de temas hasta entonces poco abordados, la segunda década del siglo XXI cuenta con filmes que, en general, abordan un tema común: el de las señas de identidad personal, que creemos tener y que nos definen, hasta que en cuestión de meses o de años las cambiamos o el momento, que se adueña de nosotros, las hacen cambiar.

¿Y dónde se pueden apreciar estos temas? Se pueden apreciar: en la muerte y resurrección de la estrella de cine mudo que consigue, tras muchos esfuerzos, pasar al cine sonoro en The artist (Michel Hazanavicious, 2011); o en el caso del joven conductor y especialista de cine que cree ser un héroe de película cuando, en realidad, es un asesino a sangre fría, en Drive (Nicholas Winding Refn, 2011); también está esa mujer que se enamoró de otra chica, pasó de ser heterosexual a lesbiana, pero la ruptura la hizo ser, tras el dolor que provoca el amor (independientemente de la orientación sexual), más madura pero decidida, en La vida de Adéle (Abdellatif Kechiche, 2013); e incluso en aquel liberto estadounidense de raza negra del siglo XIX convertido en esclavo por accidente en 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2013). Y un largo etcétera.

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Y en lo que respecta la producción de otros países, han destacado dos zonas en concreto. Una de ellas es Europa del Este, que con Ida (Pawel Pawlikowski, 2013) y Leviatán (Andrei Zvyagintsev), ha conocido la emergencia de un cine que, no solo muestra la sombra del pasado histórico de los países europeos orientales, sino también los problemas sociales del momento actual. Otra zona es, dentro de Canadá, la región del Quebec, con dos representantes que podrían dar más vida y variedad –lingüística y temática- al cine de su país y que emplearán (o ya han empleado) su talento en el extranjero: Jean-Marc Vallée (1963), que ha dirigido Dallas Buyers Club y Alma salvaje; y el primer enfant terrible del cine del siglo XXI, Xavier Dolan (1989), que con el éxito obtenido con Mommy, Premio del Jurado en Cannes en 2014, le han asegurado un prometedor, y singular, futuro cinematográfico.

Por todo lo demás, el Lejano Oriente, el Próximo Oriente (principalmente Turquía e Irán) y Latinoamérica siguen siendo la cuna de grandes talentos cinematográficos y su cine sigue siendo apreciado entre la crítica y el público. En concreto, los argentinos nos siguen impresionando con su habitual mezcla de comedia y drama con sus toques de profundidad psicológica en cintas como Relatos salvajes, una coproducción hispano-argentina que es, posiblemente, la revelación del año junto a Boyhood, y que muestra también que los españoles y los hispano-americanos ganamos mucho trabajando juntos que por separado.

El año 2015 es conocido por los chinos como el año de la Cabra/Oveja de Madera Yin. Parecen ser dos animales tranquilos pero, ¿las apariencias engañan? Posiblemente lo sepamos en un año marcado en España por varias elecciones y por un posible cambio de gobierno; por la expansión, o la derrota, del Estado Islámico en el Próximo Oriente; por el fin, o la continuación, de la Guerra de Secesión Ucraniana; por la nueva dirección que trace la Unión Europea en política económica; por lo que pase en Grecia después de la victoria de Syriza a principios de este año; y por los cambios que realicen Estados Unidos, Rusia, Irán, China y las potencias emergentes en el mundo en política internacional. ¡A ver qué cine sale de este año plagado de incertidumbre!

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