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Como ver cine experimental

Por Sergi Monfort

Olvídate de todo lo que sabes sobre ir la cine. 

Si te suenan los nombres de Luis Buñuel o David Lynch, este artículo es una asignatura ya superada para ti. Sin embargo, si nunca has oído hablar de Jonas Mekas, Chris Marker, Bill Viola, Maya Deren, Kenneth Anger, Gus Van Sant, Juan Cavestany, Jean Cocteau, Javier Rebollo, Peter Greenaway, Hans Richter, Matthew Barney… sí que te recomiendo que te quedes un ratito.

Al que sea totalmente nuevo en esto, le repito la recomendación: despréndete de lo que crees haber visto. ¿Es posible estar tres horas maravillado por imágenes mal grabadas sobre la vida en la América de los 60, sin ningún hilo conductor? ¿Qué hormona me tiene que crecer para que pueda apreciar como una obra maestra tres minutos de colorines danzando en la pantalla? (pues en realidad la película «A Colour Box» no es más que una serie de fotogramas coloreados).

Antes de empezar a charlar, me gustaría que dedicarais tres minutos de vuestra vida (sobre todo si no habéis visto nunca una obra audiovisual experimental) a ver, sin interrupciones, este pequeño vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=Yt3nDgnC7M8

Efectivamente, es el resultado de una idea de un tal Stan Brakhage, que pegó alas de polilla, hierba y flores a los fotogramas que usaría para pasar la película, sin utilizar una cámara para nada. La sensación al verlo es peculiar y, si no se enfoca desde la perspectiva correcta, es una simple y pura tomadura de pelo. Constituye una síntesis de lo que uno puede esperarse de toda esta corriente. 

Obviando las definiciones que todos podéis buscar en Wikipedia, el cine experimental, en resumen, es un lenguaje cinematográfico que subvierte la narración convencional, se fundamenta en la experimentación con el medio y con el público y es estrictamente anti-comercial (esto último es lo que hace que descarte la teoría de que las primeras películas de la historia —cortas, no narrativas y con el único propósito de descubrir el aparato cinematográfico— eran propiamente cine experimental, aunque estrictamente sí eran experimentales… pero la corriente de la que estamos hablando va más bien ligada a los movimientos contraculturales de mitad de siglo XX y/o el redescubrimiento de las técnicas cuando las bases narrativas hegemónicas ya estaban sentadas).

cineexperimental2

Si lo juzgamos por el concepto que tiene el público general y su reacción a él, es casi el equivalente cinematográfico del “arte moderno” (aunque no es un símil estricto; son historias diferentes). ¿Es justo que Pollock gane millones por descorchar una botella, ponerse a pintarrajear un lienzo sin ton ni son y llamarlo arte, mientras Antonio López tarda años en trazar cuidadosamente un cuadro hiperrealista que no vale monetariamente ni la mitad? A muchos les parecería obsceno poner en la misma escala de valores a Doce hombres sin piedad y Empire (conste que a mí Andy Warhol me parece un gilipollas… Empire es una película suya de más de seis horas que consta de una toma del Empire State Building mientras anochece. Creedme que le llovieron aplausos de muchos y la lluvia sigue). ¿Pagarías lo mismo por ver El Señor de los Anillos que por ver tres horas de un hombre durmiendo?

Has de ser muy cuidadoso con tus círculos sociales si quieres admitir que tu película favorita es Begotten, de E. Elias Merhige. Es posible que por la calle te quiten el bocadillo y te rompan las gafas de pasta (en el caso de esa película en concreto, de hecho, yo mismo sería el primero en entregarte en mano una amable invitación firmada para que te vayas silbando y despacito a la madre que te parió).

Es por esto por lo que aconsejo a la gente no familiarizada a desprenderse de su manera de ver cine, de sus expectativas y de su proceso mental habitual. Ningún subgénero o tema exige un cambio de chip tan brutal (tal vez el surrealismo). Una de las reacciones más comunes es la de frustración: el clásico “¿si este tío llega y hace esa tontería y se convierte en rico y famoso, por qué no podría hacerlo mi abuela?”. Pero tu abuela no lo hizo (y, de hacerlo, seguramente tampoco lo vendió bien ni se juntó con los contactos adecuados). Como poco, esta experimentación debería despertar la curiosidad. El hecho de que un artista haya tenido una idea rompedora (las polillas sobre la bobina, un sueño inexplicable sobre la violación y la Navidad, dos chicos que se pierden en el desierto y no pasa nada más…) y cómo te relacionas con la experiencia. Durante una clase universitaria, Luis López Carrasco vino a presentarnos su film experimental El futuro, en la que hacía un análisis sobre el cambio de los tiempos en la España de los 80 mediante una fiesta en un piso. El espectador sencillamente vagaba por la fiesta en 16mm, como lo haría si estuviera allí de cuerpo presente; la música está tan fuerte que no escuchas los diálogos, da la sensación de que estás perdido y fuera de lugar; es la experiencia viva de la noche, durante una hora. Mis compañeros reaccionaban tal que «Comprendo la idea, pero me parece soberanamente aburrida». Es posible. Pero también es a causa de la falta costumbre de exponerse a un simulacro así, de estar constreñidos por las expectativas de entretenimiento del cine narrativo. La falta de guión y de continuidad incomoda… nos aburre. Por eso pienso que para disfrutar este tipo de cine hay que caer en una suerte de hipnosis, especialmente si el filme es de una duración considerable. Intentar empaparte de lo que el director pretende hacerte sentir (la fascinación, el paso del tiempo y, sobre todo —y esto es para apuntar— una manera alternativa de ver las cosas, sin más ni menos). Es comprender, o no, relajarte y fascinarte, o no, desechando todas las convenciones. Y al final, juzgar si el director es un visionario que te ha convencido o un warholiano gafapastas que te ha robado el tiempo y merece fenecer miserablemente.

Este es el momento del artículo en el que seguramente muchos de vosotros os veréis obligados a prepararos para detenerme por la calle para quitarme el bocadillo y romperme las gafas de pasta (si las tuviera… aunque puedo prestaros las de mi novia, si os quedáis con las ganas). Me gustaría terminar con un rapidísimo top 5 de mis largometrajes experimentales favoritos (para cortos, prefiero los que os mencionarán siempre: Un perro andaluz, Meshes of the Afternoon, La Jetée…). Para delimitar exactamente cuál es experimental y cuál no, he utilizado exclusivamente películas que la web Filmaffinity etiqueta como tales («Cine experimental»). Por supuesto, estoy abierto a que compartáis vuestra opinión conmigo.

Los títulos son los siguientes:

#5 Arrebato (1980, dir.: Iván Zulueta)

Un personaje tan salvajemente inquietante como el cineasta Pedro se cuela en una historia de sexo, drogas y pasión rompedora por el cine. Tengo vagos recuerdos de ella, pero está hecha de la materia de las pesadillas.

#4 Enter the Void (2009, dir.: Gaspar Noé)

Yo soy el último que calificaría a ésta de puramente experimental, pero así lo hace Filmaffinity. Aun así, si yo hubiera de incluir ésta en la lista, también haría igual con «El árbol de la vida», «Un hombre que duerme», «El arca rusa», «Slacker», «El espejo», «Blow-Up»… y todas éstas podrían aparecer en este ranking. Sin embargo, el criterio ahí está dispuesto. Gaspar Noé me parece un director totalmente reivindicable, perverso y astuto. En esta fantasmagórica película, consigue, con la ayuda de unos efectos especiales magníficos, hacernos vivir la experiencia de consumir DMT y, muy especialmente, de ser un espíritu flotando por las calles de neón de Tokio. Imperdible.

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#3 El hombre de la cámara (1929, dir.: Dziga Vertov)

El cine-ojo es uno de los ejemplos más claros de experimentación total con la cámara de cine. Esta es su obra más famosa, en la que se despliega una inventiva colosal a la hora de grabar con todos los trucos posibles una ciudad rusa. También, es la única de esta lista en la que el elemento narrativo está no solamente subvertido, sino totalmente ausente, una de las características de la mencionada corriente.

#2 La chinoise (1967, dir.: Jean-Luc Godard)

Lo mismo. Si La chinoise es calificada como experimental, ¿por qué no Week-End, del mismo director, que es incluso más críptica? Aun así, ésta es mucho mejor. Es una obra con un fuerte carácter político y maoísta, que trata sobre unos jóvenes que viven según esta ideología en un piso, discutiendo e interactuando sin una historia definida. Para mí, esta es la menos experimental de las cinco de la lista. Pero de las mejores. De no ser por…

#1 Holy Motors (2012, dir.: Leos Carax)

Un actor ambulante se mete en diversos papeles como forma de vida en un día laboral. Increíblemente enigmática, es una confesa declaración de amor al cine. El espectador se encuentra preguntándose una y otra vez qué es lo próximo que va a pasar. Todas las posibilidades están brillantemente explotadas y son a cual más desconcertante. Una gozada total para la vista… si sabe uno consumirla.

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Comentarios

  1. Iñigo

    Un buen artículo, Sergi. Te diré que he oído hablar de algunos de los cineastas que mencionas al principio (al final el libro “501 directores de cine” ha resultado ser una buena inversión). De Chris Marker he visto “La jetée” y de otros (Vertov, Greenaway…) solo he visto fragmentos de películas. “El hombre de la cámara” nunca la he visto entera y de Greenaway tan solo un fragmento de “El contrato del dibujante”. Pero sí que he visto “Arrebato”, y es una película que ha ganado bastante con el tiempo: expresa los miedos y las inquietudes de España en plena Transición. Nunca me atreveré a ver nada de Leós Carax hasta que esté mentalmente preparado; he oído tanto buenas como malas cosas de “Los amantes del Pont Neuf” y de “Holy Motors”. Pero bueno, ha sido un artículo estupendo, te felicito.

    P.D: Creo que ya se va apreciando los gustos cinematográficos de cada colaborador de Ojo Crítico. A tí te gusta el cine experimental, Enrique Fernández Lópiz los clásicos, Javier Fernández el cine de género, Jorge Valle el cine personal… Creo que a mí me gusta un poco de todo, en gustos soy más equilibrado, ya lo habrás visto. Un saludo.

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