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Cine prescindible: efectos nocivos de la violencia y el sexo gratuito

Por Enrique Fernández Lópiz

A veces me pregunto quién ve según qué tipo de películas que nada más olerlas de lejos, ya se sabe que son una porquería atroz de las que prácticamente no se puede sacar nada en claro ni positivo, ni en lo estético, ni en lo actoral, ni en la historia en sí, ni como distracción y menos aún en lo moral. Yo me he armado de valor y he visionado dos de estas películas, y he concluido que solo algo se puede sacar en claro: que hay aún mucha porquería de cuarta circulando por salas de cine, TV o Internet.

Estas cintas se descalifican ellas mismas, no hay que dudarlo. Pero si están y si como es el caso de las dos que ahora menciono son proyectadas en cadenas de TV en horario de máxima audiencia, eso quiere decir que tienen su demanda, incluso puede que una importante cantidad de público, al que imagino joven y de pocas luces, está ávido de ver metralla a discreción, diálogos burdos que producen sonrojo o sexo tosco que no se sabe bien a qué viene, pues está metido con calzador, como todo lo demás, en entramados cretinos que sin hilván ni sustancia.

Hace ya años que un insigne psicólogo de nombre Albert Bandura comprobó que cuando las personas somos expuestas a modelos y escenas violentas, luego de haber visto estas imágenes, somos más propensos a ser agresivos, sobre todo en situaciones de frustración; confirman estas conclusiones los estudios de Dollard en la Universidad de Yale. De igual manera, otros muchos psicólogos sociales como el insigne investigador de la Universidad de Wisconsin Leonard Berkowitz, comprobaron que la mera presencia de señales, estímulos o signos externos percibidos como incitadores, objetos o imágenes belicosas, estimulan la agresividad. “Estas señales externas –afirma Berkowitz- incrementan notablemente la probabilidad de que una respuesta abiertamente agresiva tenga lugar o llegue al acto”. O sea, está más que comprobado ese principio que todos conocemos que concluye que la “violencia engendra más violencia”, e incluso que la agresividad filmada impulsa la violencia, sobre todo en niños y jóvenes. Y hay más. En estos filmes se pueden ver igualmente una gran cantidad de injusticias sobre alguno o varios de los protagonistas. Pues bien, también sabemos por las investigaciones de un estudioso sobre “poder social”, James Tedeschi, que cuando la agresividad es percibida como indebida, injusta o como fruto del ejercicio de un poder azaroso, eso también promociona la repuesta hostil en el espectador o perceptor.

Existen igualmente quienes paradójicamente justifican la violencia filmada porque afirman que con el visionado de este tipo de acciones hacemos catarsis, o sea, liberamos agresividad de manera vicaria o desplazada. Ya sabemos que la agresividad habita en nosotros a modo de instinto o pulsión. Pero ver escenas violentas, digan lo que digan algunos interesados, no libera estas cargas que se esconden en los entresijos de nuestro psiquismo. No hay abreacción de la agresividad visionando escenas violentas, como aseguran Bandura y los autores antes mencionados. No se comprueba la teoría de que visionando golpes, disparos o insultos nos liberemos o drenemos nuestras tendencias coléricas y destructivas. Al contrario.

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Pero qué decir de la sexualidad. Freud ya dijo que el “trabajo” y el “amor” eran los pilares sobre los que se construía una vida feliz y sana. Y Fromm habla de las oportunidades de amor y de solidaridad que deben presidir una existencia biofílica y saludable. Es decir, desde cualquier concepción cabal de la Psicología y las Ciencias Sociales, el sexo es una fórmula de comunicación afectiva que puede y es deseable que incluya el amor, y el placer, claro. Pero ante todo es una manera de intercambio íntima, y donde hay “intimidad”, como decía otro grande que fue Eric Berbe, no caben los comportamientos en circuito negativo; no cabe la violencia, el insulto, la vileza o la descalificación. Esto, empero, también se pone de manifiesto en estos filmes que hacen un tratamiento machista, vulgar, psicopático y soez donde la mujer sale muy mal parada. Apenas se le reconoce a la fémina un valor utilitarístico, algo que puede comprarse con dinero, un objeto de goce sado-masoquista en el que la mujer es obligada a hacer felaciones u otras prácticas sexuales diversas y polimorfas, desde una posición del varón como sujeto machote y dominante. Esta versión del sexo, como digo, no se corresponde con un abordaje sano, y además se sale del mundo de la realidad cotidiana habitual y satisfactoria del común de los mortales. La exposición en estos filmes de esta temática no es en absoluto aleccionadora, sino más bien punible por el trato vejatorio a la mujer que se puede ver de forma evidente: alusión a los pechos grandes, a la vagina en sus múltiples acepciones, mención al mal trato físico o a la amenaza en caso de no acatar las normas de servidumbre sexual solicitadas, etc. De juzgado de guardia, vamos.

La trama de una película, como es sabido, se piensa, se elabora y se vierte en un libreto o guión que debe tener trazas de credibilidad y sin muchos huecos al descubierto. Pues bien, en estos filmes está claro que el guión es como un mal traje: mangas cortas, solapas excesivas, perneras muy largas para una cintura breve. O sea, que el traje no hay quien se lo ponga. En este tipo de películas ocurre así: guiones carentes de sentido común, faltos de organización y sin sentido de la armonía en el relato. Y claro, donde no hay guión ya se puede decir de antemano que no hay película, a lo sumo un conato de tal, un aire de film. Esto ocurre con estas películas de cuarta.

Y los diálogos, qué decir. No es ya que no son mínimamente literarios sino que son ramplones, groseros en muchas ocasiones, carentes de inteligencia y ocurrencia, infumables y soporíferos.

Las actuaciones para qué contar. A un actor se le pide un mínimo de profesionalidad y credibilidad, si no, es como quien ve una mala pantomima. También en esto pecan este tipo de cintas.

Bien, pues como para muestra vale un botón, yo, sin embargo, quiero brevemente analizar dos de estos monumentales bodrios de películas que resultan de todo punto detestables y prescindibles, pues además, son a su manera pretenciosas.

  • MERCANCIA PELIGROSA (Precious Cargo) (2016)

En esta horrorosa película canadiense del debutante Max Adams, resulta que Jack Morris (Mark-Paul Gosselaar), un criminal como tantos en este tipo de películas, se ve en la tesitura de tener que ayudar a su ex novia, otra maleante, tras un golpe fallido de ésta en el que tiene sus intereses Eddie (Bruce Willis). Comienza la cinta con la búsqueda de la chica ya no tan chica y chori-timante, la pseudo-seductora Karen (Claire Forlani), a la que se ve con mucha cirugía encima. Y es que la pobre Karen necesita congraciarse con Eddie, lo cual que le come el coco a su ex amante y ladrón y de todo, Jack. El resto es acción simple de serie B, metralla y grosería.

Si la dirección de Adams es horrorosa, el guión del propio Adams junto a Paul V. Seetachitt es un auténtico sancocho sin pies ni cabeza que compensa sus deficiencias con secuencias de terror y el cebo-Willis que no sé si no anda escaso de recursos para hacer este tipo de cine y cobrar el cheque.

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El reparto, pues, es de risa por no decir de llanto, con pésimos actores como el rubio Mark- Paul Gosselaar (protagonista de la serie Salvados por la campana: manda…) interpretando un personaje plano y sin carisma. Le secunda Claire Forlani (Joe Black, 1998 nominada a los Razzie al peor remake); dos protagonistas, en fin, que ya, no más verlos, uno sabe lo que se avecina. Y para que den auténticas ganas de llorar vemos de actor muy secundario que hace de villano muy malo, una vez más, al pesadito de Bruce Willis, como decía. Acompañan, eso sí, un gran equipo de secundarios a todo nivel: actores de reparto, secundarios profesionalmente, etc., los muy accesorios: John Brotherton, Lydia Hull, Daniel Bernhardt, Ashley Kirk, Nick Loeb, Tyler Olson, Jean Claude Leuyer, Christopher Rob Bowen, Jenna B. Kelly, Jesse Pruett, Sammi Barber, John Ceallach y Madison West.

El guión es una porquería, los actores son muy malos, en especial el rubito, la acción simple y típica de un telefilm, con mucho tiro sin sentido y mal rodada, lo único bueno es su duración cortita. Música anodina de James Edward BarkerTim Despic, y una fotografía muy normalita de Brandon Cox.

En resumen, pretende ser una película para que se luzca Goselaar, aunque parezca mentira, y como dice Sobczynski, es “la clase de película que algún día estará cogiendo polvo en la estantería de un videoclub cualquiera, si tal cosa todavía existe”.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=ahfXLggiKds.

  • BLOOD OUT (2011)

La segunda película que quería poner de ejemplo de cine-basura es esta cuya historia se desarrolla en una pequeña ciudad y donde Michael Savion (Luke Goss) tiene que vérselas con los detectives de una gran urbe dirigidos por Hardwick (Curtis ´50 Cent´ Jackson), cuando éste les pide ayuda en la investigación del asesinato de su hermano menor, pues Michael ha jurado vengar su muerte, lo cual se ve en un flashback en el que dispara su arma bajo la lluvia y sobre su cadáver mientras grita el juramento. Lo que resulta es que su hermano David (Ryan Donowho), es un joven adicto a las drogas y perteneciente a una peligrosa banda de la que pretende salir pues su novia está embarazada, lo cual que le pidió ayuda a su hermano Michael, el bueno de la familia, ayudante de sheriff, pero sin darle tiempo a nada, la banda lo mata a golpes rematándolo con una pistola de gran calibre, por haber querido salir de la vida de las pandillas y ser sospechoso de “delator”. La cosa es que Michael Savion se quita la placa y va por su cuenta a tomarse la justicia por su mano. Conforme avanza esta pobre historia que auguraba algo más pero que degenera minuto a minuto, resulta que se tropieza con Arturo (Val Kilmer), líder de una banda internacional que participa en el tráfico de personas. El final es tan increíble que llega a resultar hilarante.

El pobre Jason Hewitt hace una dirección penosa, con imágenes gratuitamente ralentizadas que quieren dar el pego emocional o “interesante”, con un guión pobre suyo y de John A. O’Connell que nada aporta a tantas pelis de venganza y sangre como hay. Una música mortecina de Jermaine Stegall y una fotografía cetrina verde prado para una historia sin sentido.

En el reparto Luke Goss es un muy mal actor y carece de entidad para solucionar con éxito el papel que le encomiendan. Val Kilmer mediocre. Curtis ´50 Cent´ Jackson no da para mucho. Y el resto, otro largo listado de actores mediocres como Tamer Hassan, Vinnie Jones, Ed Quinn, Anna Lynne McCord, Srephanie Honoré, Ryan Donowho, Laura Bach, Sam Medina, Cherie Thibodeaux, Shaun Grant, Michael Arata y Margo Swisher. O sea, malos actores por todos lados, que están de ahí puestos por cierta inercia en este cine de cuarta, actuando en cuanta torpe oferta cinematográfica les cae en las manos.

Este violento, desabrido y de mal gusto thriller de acción yanqui fue estrenado para vídeo, y significó el debut de un Hewitt que lo hace fatal.

Malísima película, violencia mucha, sexo para nada, soez, tóxicos, mafia, horrible: repudiable.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=G3GR-m8Q3Zk.

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