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Antonio Banderas: Un liviano homenaje a NUESTRO Antonio

Por José Manuel Morales

¿Quién iba a pensar que aquel muchachito de Málaga que quería ser actor podría llegar tan alto? Vendió su moto para poder comprar un billete de tren que lo llevara de su Málaga natal al Madrid de “la movida” ochentera. Contó en una reciente entrevista que aquel 3 de agosto de 1980, cuando se fue marchando el tren y dejando atrás a la gente que había ido a despedirle a la estación de tren ya se sintió como un tipo nuevo, como alguien distinto hacia su objetivo.

Estuvo buscando castings  y estirando el poco dinero que recibió como pudo (llegaron a darle limosna aquellos amigos que lo veían bastante necesitado), y tratando de cogerse en alguna parte. Pasaba sus días en una pensión de Madrid y comiendo palmeras de chocolate para poder ahorrar dinero. Antonio tenía diecinueve años y una fe en el mismo como pocos se plantearían tener ahora donde la gente parece estar cansada de hacer cosas a esas tiernas edades.

Después de tener decidida su vuelta a casa, porque ya el dinero no le alcanzaba, se cruzó saliendo de la cafetería del María Guerrero con Alicia Moreno (la hija de Nuria Espert y trabajadora del Centro Dramático Nacional), y ya cuando estaba en la puerta, le surgió algo dentro de él que le llamaba a regresar a ella y pedirle una oportunidad. “Perdone, Alicia, Me llamo José Antonio Domínguez Bandera y me preguntaba que hay que hacer para entrar a trabajar en el Centro Dramático Nacional”. La mujer se quedó sorprendidísima y le pidió sus señas.” ¿No tienes teléfono, ni me puedes dar señas seguras por qué dices que te vas? ¿Cómo quieres que te avise si te consigo una prueba?”. Metió en la conversación a la amiga que tenía en el CDN y le dio su dirección. El mismo día que se iba, aquel sábado 23 de Febrero del 1981, se encontró a su amiga aporreando el telefonillo de la pensión mientras terminaba de hacer la maleta para que corriera a hacer las pruebas en aquel momento en el citado lugar. Llegó, como pudo, corriendo y con la lengua fuera y le metieron con calzador en las pruebas finales y dándole un golpe en el culo lo pusieron delante de Nuria Espert y del director de teatro Luis Pascual, los cuales vieron algo en el muchacho que cerraba el casting. Banderas se fue con una prueba conseguida y unas ganas enormes de empezar a trabajar. Aquella tarde entraron en el Congreso de los Diputados el teniente general Tejero y se acojonó España y Antonio, el pobre, sólo pensaba en que pasaría con la prueba que había realizado aquella mañana y su futuro como actor.

Conoció, ya trabajando en el Centro Dramático Nacional, en el café Gijón a un loco que le pareció muy gracioso, éste le dijo que tenía una cara muy romántica y que debería probar a hacer cine. “¿Quién es ese tío? Preguntó y le dijeron que era un tal Pedro Almodóvar y que había hecho una peliculita muy mala y que probablemente no haría ninguna más. Aquel visionario dio en el clavo, desde luego. De la mano de Almodóvar realizó cinco películas más antes de cruzar el charco. Con “La ley del deseo”,  pudo ver el mismo actor en una presentación en el festival de Donostia, como el director que le había acogido tenía verdaderas cosas que decir que no se habían dicho antes. Se les increpó por presentar a homosexuales teniendo relaciones sexuales y como por otras actitudes mucho más censurables no se les decía nada.

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 En 1992 dio el salto a Hollywood de mano del director Arne Glimcher para aparecer en una peliculilla llamada Los reyes del mambo junto con Armand Assante, donde tuvo que aprenderse el guión de manera fonética por la poca fluidez que tenía en la lengua de Shakespeare. La oportunidad de representar a un homosexual que está con otro chico que se muere de SIDA en el aclamado film Philadelphia  le sirvió para mostrar su calidad como actor a los anglosajones.

Pero vendrían muchos más trabajos y mejores y el siguiente fue Entrevista con el vampiro donde estaría con los guaperas Tom Cruise y Brad Pitt. Fue la película De amor y sombra con Jennifer Conelly la que le abrió del todo las puertas a un cine que había sido vetado hasta ese momento para los españoles. Un actor de cinco estrellas a nivel humano y a nivel interpretativo. Vinieron películas donde hacía de protagonista como Desperado o La máscara del Zorro y entre ambas conoció, gracias a Fernando Trueba, en el rodaje de Two Much a su amor más duradero Melanie Griffith, la cual venía ya bastante cascada de estar con Don Johnson y con quién tuvo a su única hija Stela del Carmen.

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Alternó fracasos como El guerrero número 13 con éxitos,  y, aunque Banderas ya no pega tanto como lo hizo en su juventud, puede hacer gala de no haber perdido la cabeza con su fama en ningún momento.  Ni siquiera cuando las cosas estaban tan bien dadas para él y protagonizaba películas. Siempre estuvo colaborando con directores españoles y ha llevado el nombre de Málaga por cada rincón que ha ido. Antonio Banderas ha hecho algo que ningún otro español ha hecho. Quizás Bardem se le acerque, pero no a su nivel. Es indudable que es seña y honra de la ciudad malagueña, que lo acoge con fervor cada vez que vuelve para su querida Semana Santa. Ahora ha recibido un homenaje en el festival de su ciudad por su carrera este año 2017 y apenas nos hemos enterado de un ataque al corazón que se pudo resolver para bien a finales del mes de Enero. Antonio, yo no creo que vaya a nacer otro como tú. Puedes sentirte orgulloso de tu legado y de lo que eres como persona. Mi pequeño homenaje para ti acaba aquí. Gracias Antonio, por como eres.

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