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A la sombra de Grey

Por Mª Jose Toledo

Quizá te decepciones si empiezo diciendo que este artículo no es de Grey ni de la famosa trilogía que ha sacado a la luz pública ese género oscuro y denostado, puede que con motivo, llamado “novela romántica”. Yo siempre he pensado que se la llama “romántica” para disimular un poco, pero que es eminentemente erótica. Si los hombres tienen el porno, las mujeres tenemos la literatura. O eso dicen. Mi propósito es hacer un pequeño repaso de la vida literaria después de Grey, que es larga y muy fructífera.

Erika Leonard James, natural de Londres e inspirada por la saga Crepúsculo, se dedicó un día a escribir fanfictions sobre Edward y Bella, imaginándoles en situaciones de alto voltaje sexual que Stephenie Meyer jamás de los jamases hubiera ideado para sus niños consentidos del romance vampírico. James lo hizo, y de esas ficciones de fans surgieron tres novelas que han sido best seller en todo el mundo y para las que se prepara en estos momentos la adaptación cinematográfica con vistas a estrenarse en el febrero de 2015. Sus protagonistas, tras muchas vueltas, búsquedas y estampidas de casting, serán Dakota Johnson, quien no cuenta con mucho recorrido ni en cine ni en televisión, y Jamie Dornan, el cazador de la serie de la ABC Érase una vez, además de ex modelo de Calvin Klein. La cosa promete.

Así, si hasta hace muy poco hablar de BDSM (siglas de Bondage, Disciplina y Dominación; Sumisión y Sadismo; y Masoquismo) se consideraba algo prácticamente tabú, a partir de este fenómeno literario puede ser un tema como cualquier otro en una charla de cafetería. Las lectoras piden más y las editoriales se posicionan a la sombra de Grey, no ya sólo en el formato de las publicaciones, donde no falta la portada negra y el objeto sugerente, sino también apostando por contenidos que fantaseen con los denominadores comunes de poder, nivel social alto, sexo rudo, mujeres controladas y hombres controladores. No hace falta golpear para ser todo un amo.

Entre los más vendidos en nuestro país, se nos ha colado Megan Maxwell, seudónimo tras el que se esconde una autora española nacida en Alemania. Quizá por eso el protagonista de su trilogía Pídeme lo que quieras (publicada por Planeta) es medio alemán: Eric Zimmerman. Advierto a las lectoras potenciales que el sadomasoquismo, a pesar de nombrarse entre conversación y conversación, no es lo que realmente le va a esta parejita, y es posible que sea lo único que no les interesa. En las más de cuatrocientas páginas del primer volumen veremos sexo, no estrictamente heterosexual, entre dos, tres, cuatro o más, aderezado con juguetitos que prometo que ni sabía de su existencia y siempre de la mano del voyeurismo. Con tanta gente y posturas, corremos el riesgo de que el romance pase desapercibido, pero está claro que si tienes una visión muy libre de lo erótico, esta será tu saga.

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Si al anterior era germano, vayamos a por un francés. Sin dobles sentidos, por favor. Quizá una rareza dentro del panorama actual, Emma Green nos trae, y ojo al título, Cien facetas del Sr. Diamonds. Aún no se ha publicado en papel pero pulula a toda marcha en formato electrónico a pesar de sus doce volúmenes. Que no cunda el pánico, que son doce libros de alrededor cinco capítulos cada uno, así que la lectura no es tan densa como nos podemos suponer. Con cierto aire juguetón, ambientada en Francia y con protagonistas franceses, las facetas de Gabriel Diamonds esconden un amor trágico y ninguna perversión especialmente llamativa a la vista. Eso sí, ella se dejará hacer en todo momento, sumisa y complaciente con su amante. Para redondear paralelismos, Diamonds guarda esposas en los cajones, es adoptado, multimillonario y, por supuesto, muy dominante.

Más en sintonía con Diario de una ninfómana de Valérie Tasso, desde las islas británicas, cuna actual de la literatura erótica, nos llega el Diario de una sumisa de Sophie Morgan, de corte autobiográfico. Como su nombre indica, es un compendio harto detallado de las experiencias sexuales de Sophie, una chica que se considera completamente normal pero que esconde unas tendencias sadomasoquistas que pondrían muy ardiente a Christian Grey. No esperes ningún cuento de hadas: humillaciones, golpes, palizas, castigos, amos sin pizca de vainilla y mucho dolor, todo encaminado al placer sumiso. Hasta la fecha va por su segunda parte y la editorial encargada es Grijalbo, la misma de Cincuenta sombras de Grey. Curioso, ¿no?

Sylvia Day las ha superado a todas y, ni corta ni perezosa, no va a hacer ya tres sino cinco entregas de su saga Crossfire, puede que debido al enorme éxito de ventas internacionales o quizá porque se comenta que está en ciernes una adaptación televisiva. Sea como sea, el boom que cosechó en Estados Unidos, de donde es originaria, ha llegado a España a través de la editorial Espasa, que publicó la primera entrega, No te escondo nada, escasos meses después del lanzamiento de Cincuenta sombras de Grey. En esta novela conoceremos a Gideon Cross, un apuesto macho multimillonario, neoyorquino, misterioso, atormentado por pesadillas (nos suena, ¿verdad?) y que emplea un lenguaje que cruza el límite de subido de tono para pasar a ser soez y muy, muy sucio. Ya lo sabes.

Sin embargo, si hay una saga que se presenta como la más seria competidora del mercado es sin duda la recién salida del horno Mi hombre, de la escritora británica Jodi Ellen Malpas. Otra trilogía, claro, que está arrasando a unos niveles que hacen temblar a E. L. James. El primer libro, Seducción, acaba de ser publicado por Planeta y se anuncia la aparición de los siguientes volúmenes para noviembre del año que viene. Entre sus páginas, encontraremos una apasionada historia sentimental entre Ava O’Shea, una joven decoradora de interiores, y Jesse Ward, hombre enigmático, a parte de guapo y rico, marcado por alguna que otra cicatriz y propietario de una mansión en la campiña inglesa que no es ni mucho menos lo que aparenta. Nuestra heroína se verá arrollada y dominada por el sexo desenfrenado que él le ofrece y por su instinto de posesión total sobre ella. Todo muy turbio, que conste, y con episodios de BDSM incluidos, aunque no te diré cómo, cuándo, quiénes ni por qué.

Si no os convence ninguna de estas propuestas, no os preocupéis que la lista suma y sigue. ¿Oleada transitoria? ¿O la literatura erótica ha llegado para quedarse en nuestras estanterías? De momento, lo admito sin reservas, yo necesito un respiro de tanta hormona y explícita anatomía humana. ¿Tú no?

Comentarios

  1. Irene Pardo

    Se suele decir que lo poco gusta y lo mucho cansa y aunque está claro que no siempre se cumple, en el tema de la ola de libros eróticos estoy de acuerdo. Cuando Leone hizo sus famosas y maravillosas películas del Oeste en Almería, la consecuencia fue que el esepctador tuvo que soportar una epidemia de imitaciones baratas y sin talento salvo excepciones. También, el descubrimiento de Tarantino trajo consigo una horda de imitadores cinematográficos y extracinematográficos que duró muuuuuuuuucho tiempo. En los años 70 hubo otra moda de revisitar la imagenería nazi combinándola con prácticas sexuales sadomasoquistas que dudo se pudieran llevar a cabo en nuestros tiempos tan políticamente correctos. He disfrutado tu artículo aunque no pienso que los hombres tienen la pornografía y nosotras la literatura. Yo veo porno y lo disfruto y como yo muchas mujeres. Creo que tanta literatura sobre el mismo tema cansa pero lo que está claro es que no nos cansaremos del sexo.

  2. Mª José

    Gracias por tu comentario, Irene. Sí, del sexo nadie se cansa, pero de la mala literatura, sí, y leerse cualquier libro de estos es harto pesado, de verdad.

    Sobre lo del porno y los hombres, bueno, no es una opinión personal mía, aunque sí creo que el consumo mayoritario de películas pornográficas corresponder al hombre. Sea como sea, la trilogía de “Cincuenta sombras de Grey” ha sido catalogada como “porno para mamás”, así que ya ves cómo andan las cosas.

    Saludos.

  3. Imelda

    Porno para mamás, sí, pero no estaría de más que más de uno le diera un repaso para aprender un par de cosas :P Hay vida más allá de Grey, pero ¿por qué este boom cuando no es la primera vez que se publica una serie erótica orientada al BSDM? ¿Qué tiene de especial? Básicamente es lo de siempre: ella es una chica con baja moral que se considera muy poca cosa, frente al Adonis que conoce y del que se enamora perdidamente de él. Esto es una moda, como todo lo demás. Pasamos de seres sobrenaturales con acné a columpios y arneses acompañado de todo lo demás. No se ha descubierto la pólvora precisamente. ¡Muy bueno el artículo Mari! ;)

  4. Mª José

    ¡Gracias, Imelda!

    Sí, el éxito de este libro y no otro es algo que también me da mucho que pensar. Supongo que el personaje de Grey y su abierta dominación sexual ha calado mucho en las lectoras habituales de erótica, que lo han difundido recomendándoselo a otras. Quién sabe.

  5. Laura

    A mí lo que me asusta del éxito de estos libros no es el tema del erotismo, que si se hace bien es más que aceptable, sino el modelo masculino que se presenta, que supuestamente es el ideal y el deseado por las mujeres de esta era. Con esto me refiero a hombres dominantes, controladores, obsesivos, manipuladores físicos (con sexo) y psicológicos (con sentimientos) que son el molde perfecto para un maltratador. Sí, un maltratador, esos que te pegan, te dicen cómo vestir, con quién hablar, qué amigos tener y a dónde puedes ir. Es más, en “Mi hombre” incluso él intenta que ella deje el trabajo (porque no puede estar ni un segundo sin ella…), el que lea la trilogía ya averiguará el resultado.

    De modo que lo que me preocupa es que este tipo de hombres guste y no indigne tanto o más como ha indignado el libro “Cásate y sé sumisa” de Costanza Miriano, que he de leer porque no sé si es merecedor de tanto alboroto. ¿Por qué no salen las feministas a la calle y gritan “esto no está bien”?

  6. Mª José

    Totalmente de acuerdo, Laura.

    Bajo la fachada de perfección física y valores tradicionalmente masculinos como la seguridad, la fuerza y la firmeza, se esconde todo un entramado de principios verdaderamente peligrosos que parecen pasar desapercibido para críticos y lectoras; por ejemplo, violencia psicológica o pulsiones obsesivas.

    ¡Gracias por comentar!

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