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Gafes y orgullosos: Getafe Anime Festival

Por Sergi Monfort

Hikaru Kumo wo Tsukinuke FLY AWAY, FLY AWAY… Karadajuu ni Horugaru PANORAMA… se escuchaba desde el principio de la calle. A medida que uno subía como si fuera a tomar el tren desde el centro de Getafe, ya en la acera opuesta al Teatro Auditorio Federico García Lorca, donde se celebraba el GAFE (Getafe Anime Festival), te tropezabas con la cola. No era para menos: para esa tarde de la segunda edición de este festival dedicado al anime y a la cultura japonesa, se iban a abrir las puertas del teatro para presentar a los actores de doblaje que brindaron a muchos fans españoles las voces de sus personajes favoritos de Dragon Ball: Vegeta (Alberto Hidalgo), Videl (Mercedes Hoyos, directora, además, del doblaje del filme que se iba a presentar a continuación, Dragon Ball Z: La batalla de los dioses), Krilin (Ángeles Neira, que empezó dirigiendo la serie), Piccolo (Luis Fernando Ríos) y Chichi (Julia Oliva).

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Aun así, no habían tantos cosplays, a primera vista, como el año anterior del festival. Death Note y Shingeki no Kyojin (Ataque a los titanes) fui capaz de reconocer. Para un evento pequeño y modesto, la organización era acorde: entre el ayuntamiento, Radio Ritmo y Ramen para Dos, se había montado un encuentro que incluía concurso de cosplay, animación en la plaza, tiendas de merchandising, películas, ramen, refrescos y dulces, un photocall de cosplay-lightpainting (el primero del mundo de estas características, como se organizó el año pasado) o el mini-GAFE, sesión matinal para los otakus más pequeños. Uno de los eventos, sin embargo, no pudo realizarse: la proyección de la película de Los caballeros del Zodíaco: La leyenda del santuario, cuya exhibición TOEI Animation había vetado asimismo de otros dos festivales (San Sebastián y el Salón del Manga de Barcelona). En el caso del GAFE, se sustituyó por la presentación en exclusiva de los tres primeros capítulos doblados al castellano del anime Sword Art Online.

Para la primera sesión de la tarde, se proyectaba Dragon Ball Z: La batalla de los dioses (para la cual se dedicaba prácticamente toda la decoración… hasta la chica que te recogía las entradas se vestía de Vegeta), tras pasar por los cines japoneses y españoles, en estos últimos con un éxito rotundo e inesperado, evento para el doblaje del cual se habían vuelto a reunir los actores después de tanto tiempo (algunos después de quince, o incluso veinte años). Nos contaban sus experiencias y sus relaciones con los personajes a lo largo del viaje a través de la mítica serie (o series, si contamos Bola de Dragón, el Z, el GT…) que “nunca se esperaron” que creciera de la manera que lo hizo. Lamentaba en ese momento no haber visto nunca el anime (mientras escribía esa frase se ha colado un otaku por mi ventana para abuchearme). Justo al terminar, el sorteo. Con la entrada, a uno le tocaba un número que el sombrero mágico podía anunciar o no, para ganar un lote de materiales cedidos por Tokyo Shop, otro de los participantes del acontecimiento.

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Menos entusiastas había para llenar el teatro con la proyección de Bayonetta: Bloody Fate, basada en el videojuego con la misma protagonista principal: una chica medio-demonio amnésica y con pistolas que se dedica a matar bichos y eso es todo básicamente. Hay algo parecido a un guión, pero no es interesante y ni siquiera vale la pena resumirlo (salvo con telegramas: profecías rancias, stop, historia que se auto-reitera cansinamente, stop, cerebro afuera en la puerta de la sala, stopSTOP). Es una de estas adaptaciones videojuego-película cuya existencia es desechable. Es probable que algunos sólo estén ahí para ver domingas bidimensionales y es con seguridad lo que menos aburre o da vergüenza ajena. Estas cosas le hacen a uno sentir viejo con diecinueve años. Posiblemente no sea culpa de nadie. En fin, que a otra cosa.

El tríptico de organizadores llevaba ya un tiempo trabajando para enriquecer las actividades culturales en Getafe. Entre entusiastas del manga, los videojuegos y lo que se puede llamar (respetuosamente) la cultura friki, nos cuenta Alba Lucío de Radio Ritmo, se decidió llevar a cabo un festival que de un año (iniciaron en 2013) para otro, ha tenido un crecimiento exponencial, pasando de un solo día con 5 películas proyectadas (más sesión infantil) y un concurso de cosplay a alargarlo hasta tres, a petición del propio Ayuntamiento para extender el evento. “Estoy un poco asustada porque creo que vamos muy rápido”, nos dice, “el año que viene no podemos hacer un festival de 5 días porque vamos a morir en el intento… pero la idea es seguir creciendo”.  Los organizadores también son jóvenes con sus propios estudios y trabajos, con lo cual, su labor en paralelo para llevar adelante este compromiso es algo a reconocer.

Está por ver qué aspecto tendrá el GAFE 2015. Posiblemente (y con suerte) con más actividades, tal vez con menos. Son tiempos difíciles, al fin y al cabo, especialmente para un país como éste y en concreto para la cultura. Por ello, las iniciativas juveniles y frescas para resucitar la pasión por ésta, por pequeñas que sean, han de encontrar su hueco.

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