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Festival de series: El gran golpe propagandístico

Por Sergi Monfort

El aroma irresistible de las palomitas recubría las fosas nasales ya en la primera apertura de las puertas del Cinesa Proyecciones de Madrid. Allá donde se fuera, el barullo retumbaba constantemente. Delante de las salas, se agolpaban las colas de espectadores para ver todas sus series favoritas a) de forma gratuita, b) en una pantalla de cine. Lo sorprendente era que cupiera un alfiler.

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Por si fuera poco, en el hall del edificio se ofrecía, como definía un seriéfilo de por allí, “una efectiva mercadotecnia”, escenarios de cartón para que los curiosos se tomaran sus fotos, que emulaban una cama de hospital encharcada de sangre para The Knick o una celda de prisión en la que “encerrarse” que hacía las veces de Orange is the new black, entre otros. Un par de chicas vestidas con chillones uniformes amarillos y faldas de 2 Broke Girls regalaban magdalenas a todos los transeúntes. Los zombis de The Walking Dead se paseaban gruñendo y mordiendo amistosamente a la gente. Entre la sala 3 y la 4, barra libre de gin tonics, que los clientes dejaban por todas partes si ya habían quedado satisfechos o si ya no gustaban de ellos. En consecuencia, no quedaba espacio ni para un átomo de otro vaso de cóctel en la mesa negra entre los sofás de Mad Men.

De todas las diferentes proyecciones y charlas que se organizaban a la vez en cada una de las cuatro salas abiertas al público, este humilde cronista pudo insertarse en tres. La primera fue, de hecho, una charla, que parecía tratar de la nueva temporada 13 de la mítica South Park y un par de jóvenes —ambos youtubers— que doblaron a algunos personajes, todo bajo el patrocinio de Comedy Central. Uno de ellos era Wismichu, uno más entre esta camada de jóvenes adultos que ganan dinero en YouTube colgando cualquier cosa que graben e insertando cuatro chistes entre medias que a servidor no le hacían ni puñetera gracia… pero al parecer a su público target, que había peregrinado allí para ver a su ídolo y que eran chicos y chicas que no debían superar ni por asomo los 12 años, les dio un ataque cuando el chaval pasó por su lado para darles las mano y recibir sus ensordecedores y agudos chillidos de emoción. El otro era menos famosillo entre esta franja de edad: Korah, o Carles, actor de doblaje profesional al que una persona (y no muchas más) pareció reconocer. Ambos presentaron sus canales con vídeos no demasiado ocurrentes, ni imaginativos, ni graciosos. Debieron hacer algo más, pero el que os escribe ya había puesto pies en polvorosa.

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Lo bueno empezaba más tarde, cuando entré a ver el piloto de The Honourable Woman, con una sobresaliente Maggie Gyllenhaal. La sala nos recibía con el famoso y ambiental tema musical de Twin Peaks, sucedido por una breve explicación de la trama de la serie y del rotundo favor que se había granjeado con la crítica más exigente, advirtiendo de que era difícil de seguir si no se atendía, que hilaba muy fino y era muy profunda. ¿El capítulo? ¡Deme diez más, muchas gracias! Impactante, tenaz y con unos diálogos tal vez un poco demasiado inteligentes y desafiantes como para ser realistas, pero también demasiado como para no asombrar. Sobran los calificativos.

Después, el primer episodio de Fargo. Por lo visto en la ocupación de las butacas, mucha gente quería ver Fargo, algunos de ellos, como bien dijo el joven que presentaba el evento, arrastrados seguramente por la película, “con la cual no comparte más que la nieve y el nombre”, decía. También el tono y la esencia de los hermanos Coen y el humor negro. Ésta añadía unas salvajes intrepretaciones de Martin Freeman y, especialmente, la unánimemente aplaudida participación del sanguinario (aunque simpático) Billy Bob Thornton. Apabullante, ver dos primeros capítulos tan majestuosos en un solo día y salir de allí lamentando que no vas a poder terminar el resto hasta el próximo siglo, por lo menos.

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Al preguntar las opiniones de los demás espectadores, uno se encuentra con que la variedad de puntos de vista y de preferencias en cuanto a series es sorpendentemente amplia. A partes iguales, primerizos o veteranos de anteriores ediciones del festival, se dividían entre los que habían ido a ver Fargo, The Walking Dead y Juego de Tronos (las tres opciones más populares con poquísima diferencia respecto a las demás, al parecer) y entre los que mencionaban otras como American Horror Story, Arrow, Castle, Gotham, The Knick o incluso algunos que sencillamente habían asistido por los coloquios y los talleres. Los shows preferidos de estos seriéfilos esparcidos por el cine tampoco solían resultar ser comunes entre ellos, aunque sonaron algunos títulos muy comentados como las ya mencionadas The Walking Dead, Arrow, Juego de Tronos, luego también Homeland, Breaking Bad, Sons of Anarchy, Los Soprano, Fringe… Otros nombres surgieron puntualmente, como es el caso de Hannibal, Masters of Sex, Broadchurch, Mad Men, CSI, Expediente X, Person of Interest, Orange is the New Black, Downton Abbey, Doctor Who, Vikings, The Wire, Chuck

Pero la pregunta del millón de dólares era ésta: ¿Consideras que las series han sustituido al cine?

Las opiniones (sí y no) también estaban equitativamente divididas, aunque, curiosamente, los argumentos para defenderlas coincidían en un mismo punto: las series están ofreciendo un producto de una calidad nunca antes vista. Entre los defensores del “no”, solía aparecer la misma palabra exacta: “las series y el cine son complementarios”, que son plataformas distintas. No parece haber consenso entre si el cine ha alimentado a las series o viceversa, pues algunos directores, como J.J. Abrams, salen de las series (Lost) para empezar a hacer cine (Star Trek, Star Wars…), mientras otros, como Martin Scorsese, vienen del cine (Uno de los nuestros, El lobo de Wall Street…) para aterrizar en la pequeña pantalla (Boardwalk Empire).

Los del bando del “sí”, argüían que las series han llegado a tener más calidad, requieren un menor compromiso (2 horas de una película frente a media/tres cuartos de un capítulo televisivo) y es más cómodo y económico ver una serie en tu casa en televisión o gratis por Internet que moverse hasta el cine “para pagar 9,50 euros”. Con todo, los había quienes se definían más como cinéfilos que seriéfilos.

Al fin y al cabo, todo este gran evento no es más que una (eficiente) gran estratagema publicitaria de Canal+, en la que emiten sus series en primicia para ganar adeptos (ergo abonados). No concibo una mejor forma que hacer llegar a y conectar con el público ofreciéndoles muestras gratuitas en la gran pantalla, con contenidos de gran calidad y mini-eventos (aunque se echa en falta un poco de merchandising). De paso, han atraído a los jóvenes espectadores de la red mediante la incursión de youtubers y han construido una campaña loable que se repetirá en Barcelona y en Málaga.

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