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Festival de cine de San Sebastián. Una historia personal de encuentros y desencuentros

Por Gerardo Gonzalo

En mi opinión de cinéfilo, el evento más importante y glamuroso de este país, y que siempre he seguido con interés, es el Festival de Cine de San Sebastián.

Soy de Madrid, y desde la distancia siempre me pareció un acontecimiento algo lejano, y poco accesible. Pero todo cambió cuando la suerte llamó a mi puerta, allá por el 2005 y la coincidencia de un fugaz viaje de trabajo a San Sebastián, con el festival, y la generosidad de un jefe que nos invitó a unos cuantos compañeros a ver desde el palco del Kursaal la premier de una película de la sección oficial, a cuya localidad se accedía a través de la alfombra roja, me hizo inocular el gusto por una especie de cinefilia fetichista, que desde ese momento no solo me ha hecho seguir con intensidad y desde la distancia el festival, sino acercarme a él a costa de horas de sueño y viajes estrambóticos.

Recuerdo esa primera vez en el palco, en el Kursaal, y tener a mi lado a Anjelica Huston, Julian Schnabel o Verónica Forqué, en un ambiente extraordinario, pero eso si, para compensar, una película horrorosa llamada “La vida perra de Juanita Narboni”. Pero bueno, ya me había estrenado, y al día siguiente, apurando mis últimos momentos en la ciudad y ya de madrugada, en un contexto de reuniones de trabajo y formación agotadora, aun tuve fuerzas de ver la presentación en España el film “Hacia el sur”, en presencia de su director Laurent Cantet.

Lo más curioso es que me parecía tan friki, que tras la última cena de trabajo, me excusé ante mis compañeros que se disponían a tomar una copa, mostrando un repentino malestar estomacal, y tras simular dirigirme al ascensor para subir a mi habitación, salí por la puerta trasera del hotel donde nos hospedábamos, y me fui corriendo en mitad de la noche, a lo fugitivo como James Mason en “Larga es la noche” rumbo de nuevo al Kursaal para ver, esta interesante película.

Pasaron los años, y el tema seguía ahí, “tengo que volver, tengo que volver”….pero claro uno tiene una familia un trabajo, unos días de vacaciones y casi 500km de distancia en una ciudad sin una sola plaza hotelera durante el evento. Pero tenía un plan.

Era cuestión de controlar el tiempo, fortaleza, moral y mucha mucha fuerza de voluntad, gastar un día de vacaciones, y estar en el minuto 0 delante del ordenador el día que salen a la venta las entradas. Y en 2012 conseguí un par de buenas localidades para un par de, a priori, muy interesantes películas, la última de Lasse Hallstrom “El hipnotista” y la última de Costa Gravas “El capital”, films que no me emocionaron, pero tampoco me decepcionaron en exceso. Iba sólo, salí de Madrid a las 06:00horas, llegué desayuné, paseé por la Concha, vi una peli, comí de tapas, me choque, literalmente, con Bernardo Bertolucci, que iba en silla de ruedas, en el casco antiguo, y volví a Madrid, agotado, pero contento.
Pero mi siguiente experiencia un año después iba a ser más ambiciosa, y como en el festival empiezan las sesiones a las 09:00 de la mañana, (daban “Prisioners” de Dennis Villeneuve, uno de mis directores preferidos en la actualidad) y hay que aprovechar el día, en un ataque de euforia, me lancé a tan insensato horario, para lo cual había que levantarse a las 03:00 de la madrugada, para llegar. El esfuerzo empezó bien, mi usb de música renovado y listo para ser escuchado, noche clara, y todo el día por delante.

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Pero todo se torció a eso de las 06:30 de la mañana, de repente y en lo que yo suponía que eran las cercanías de Vitoria, se encendieron todas las luces del cuadro de mandos de mi coche, que empezó a perder velocidad y a duras penas alcancé el arcén antes de que muriese definitivamente. Parado en mitad de la noche y rozándome los camiones vislumbré lo innecesario de esa situación, y el sentimiento de qué coño hacía ahí para ver unas películas que estrenarían meses después en Madrid. Pero bueno, me recompuse, llamé al seguro, me coloqué mi chaleco reflectante, y mi triangulo a la distancia reglamentaria, y abandoné el vehículo sentándome en un terraplén muerto de frío.

En ese momento llega la guardia civil, yo pensaba que para ayudar y acompañarme un rato (no soy experto en quedarme tirado en mitad de la noche), ya que como veis había cumplido escrupulosamente todas las normas para la ocasión, pero no, directamente un guardia mal encarado me dijo “Ese triangulo que usted tiene se sujeta por 3 partes y usted solo ha sacado 2, voy a tener que multarle”, debió de ser mi expresión de tal calibre, mezcla de indignación y rostro tiritando y en vías de congelación, que el guardia descojonándose me dice, con un tono de condescendencia y superioridad a partes iguales,” Bueno bueno, no se ponga así, se lo perdono por esta vez, pero tenga cuidado que un camión de estos se lo puede llevar por delante”, tras lo cual, la pareja salió pitando, y yo me quedé más indignado y helado que otra cosa.

En eso me llama el de la grúa, que no me encuentra, que qué veo desde mi posición, y claro está, yo hundido en un terraplén no veo nada, con lo cual empiezo una escalada a cuatro patas a un pequeña colina para describirle el entrono, tras lo cual, parece aclararse, llegando minutos después.
Me sube el coche a la grúa, y ponemos rumbo a Vitoria (estaba a medio camino entre esta ciudad y Miranda de Ebro) hacia un taller oficial para mi coche. Pero no, cuando llama a mi seguro para anunciar mi rescate, el conductor le dice que estamos en la provincia de Burgos, y la poco flexible operadora responde que no, que mi llamada era desde el País Vasco, y el traslado no era el programado. La verdad es que ambos llevaban cierta razón, ya que mis huesos habían dado en el Condado de Treviño, (un trozo de Burgos metido en Álava), y claro, esto desconcertaba a la operadora, a la que hubo que ilustrar con una clase de geografía e historia para que cuadrase su incidencia abierta.

Tras esta interesante disertación, rumbo a Vitoria, y cuando ya estábamos llegando a la ciudad, me pregunta el conductor de la grúa por la marca de mi coche, “Un Renault”, respondo, ante lo cual me mira atónito y me dice “Pero no sabe usted que en Vitoria no hay taller oficial de Renault”, la verdad es que no, no lo sabía, ni me lo imaginaba, pero tenía suerte porque si lo había en Miranda de Ebro, de donde casualmente veníamos, así que marcha atrás, y a Miranda de Ebro. Pero oh sorpresa, el taller no abría hasta las 09:00 de la mañana, y eran las 07:45, con lo cual, ahí me quedo en un descampado en medio de un polígono industrial con mi inútil vehículo esperando la apertura del taller . Tiempo suficiente para imaginarme a Hugh Jackman en pantalla, interpretando a su personaje en esa película que tanto deseaba ver, y que me estaba perdiendo de forma inesperada.

Abren el taller, les cuento, “no pasa nada” me dicen, “eso tiene pinta de ser una súbita bajada de batería” se lo recargamos y ya está”, la verdad es que volví a ver el cielo abierto, ya me veía en ruta llegando a ver la peli de las 12:00h, pero sorpresa, no era la batería, era el motor, se había roto, 15 días para arreglarlo.

Tras el shock inicial, mi coche tenía 2 años, me explicaron que algunos vehículos de mi modelo tenían una deficiencia que en caso extremo podía derivar e la rotura del motor, con lo cual, en realidad, era un afortunado, porque me iban a poner un motor nuevo y no me iba a costar nada. Yo lamentablemente no compartía tanto positivismo, estaba agotado, muerto de frío y cabreado.
Vuelta a llamar al seguro para pedir un vehículo de reserva, al que tenía derecho, y tras confirmar que así era, oh sorpresa, en Miranda de Ebro, no existía oficina de la empresa concertada de vehículos de alquiler con la que trabajaba el seguro, había que ir a……efectivamente Vitoria (yo ya empezaba a sentirme como Anthony Perkins en “El Proceso”), con lo cual nueva movida, me mandan un taxi desde Vitoria, dejo mi coche a 300km de casa para su arreglo, y rumbo a Vitoria, para que me den otro coche.

Me lo dan, después de un buen rato de espera, y empecinado me voy rumbo a San Sebastián maldiciendo y más cabreado que Michael Douglas en “Un día de furia”.

El coche estaba bien, porque como prueba de reacción de vehículo y conducción, nada más incorporarme a la carretera, parte de la carga de un camión que iba unos 100 metros más adelante, cayó del mismo, con lo cual, volantazo que te crio, y corazón en estado de arritmia. En cualquier caso, seguía vivo, y rumbo a Donosti.

Llego a Donosti, 12 horas después de mi salida, que es lo que hubiera tardado en su cosechadora el protagonista de “Una historia verdadera” de David Lynch, pero ya casi no me acuerdo de mi llegada, al contrario que el año anterior que me di un festín de tapas, esta vez como algo de forma atropellada, puesto que la última película que tenía programada para el día está a punto de empezar.
Sala abarrotada, calor intenso, llego de los últimos y ocupo una mala localidad, pero bueno, no todo estaba perdido, era el último film de Atom Egoyan, autor que tiene en su haber varias obras maestras y del que espero lo máximo. Pero resulta que no, la película, “Condenados”, es un thriller horrible, y Egoyan queda tan irreconocible como Amenábar en la inane “Regresión”
Tras unos años de pereza, este año aun estoy desojando la margarita de si ir o no ir. De momento tengo empollado el programa, y bueno, no sé qué haré. Pero si viviera en Donosti, ya te digo, que algunas películas merecerían mi atención.

De la sección oficial, hay 3 películas dirigidas por españoles de máximo interés “Un monstruo viene a verme”, de J.Bayona, “Colossal” de Vigalondo, y “El hombre de las mil caras” de Alberto Rodríguez. Además, tenemos “Snowden” de Oliver Stone, “Pastoral americana” el primer film como director de Ewan MCGregor, y “Nocturama” de Bonello. La verdad es que no se me antoja muy atractiva a priori, porque más allá de las producciones más o menos españolas, Oliver Stone, y lo hace fuera de concurso, es el único director incontestable de los que hay (aunque eso si, lleva años en horas bajas).
Fuera de la sección oficial, bueno está Perlas, con películas de otros festivales aun no estrenadas, de las que yo me decantaría por “Elle” de Verhoeven con Isabelle Hupert, y alguna otra, pero de tan inminente estreno comercial en salas, que bueno, no sé hasta qué punto deben ser objeto de atención y esfuerzo por ir a verlas.
Y nos queda Zabaltegui, que no tiene mala pinta, ahí tenemos a Terence Davies, Jim Jarmusch, Todd Solondz o Jeff Nichols. Por último una retrospectiva a Jacques Becker, que tampoco me suscita una emoción especial.

No obstante si yo tuviera tiempo y una casa en Donosti estaría ahí plantado en la butaca de 09:00 a 00:00, ya que , hay una docena de títulos a priori de gran interés, y por supuesto una multitud de obras de autores apenas conocidos que, porqué no, igual acaban protagonizando el pelotazo cinéfilo del año.
Disfrutad los que podáis, que yo por mi parte……..ya veremos.

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Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Vaya, lo tuyo sí es amor al cine y… mala suerte. Saludos

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