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Zarpazos

Por Gerardo Gonzalo

La cara B del cine español

Bebiendo de las aguas de su propio libro, Spanish Horror, Víctor Matellano realiza un espléndido documental tan sobrado de calidad como necesario. En un tono didáctico, de estructura académica, y con una selección de entrevistas y secuencias de películas sobresaliente, Matellano nos acompaña a descubrir lo que para muchos cinéfilos, digamos estándar como yo, es un mundo paralelo de arenas movedizas poco explorado pero tan rico e interesante como el cine nacional más convencional.

Nos referimos al cine de terror español, que desde los años 60 hasta principios de los 80 vive una auténtica edad dorada de creatividad y éxito comercial, que solo muy recientemente vuelven a ser apreciados, y que este documental trata de reivindicar.

Siempre he apreciado el orden y la estructura a la hora de contar las cosas, y la importancia de ser claros y didácticos. Es decir, que si yo quiero saber más de un determinado tema, tras leer un libro, o ver un documental, deben ocurrir dos cosas, primero tener ganas de ahondar en lo que me cuentan, y segundo saber que personajes y obras debo conocer. Pues bien si a esos cánones nos atenemos, no hay mejor estructura que la de este documental, que atrapa el interés de cualquiera que quiera descubrir mundos fílmicos poco explorados e injustamente olvidados.

La cinta se inicia con una escena de una película que constituye toda una declaración de intenciones sobre hacia donde nos dirigimos, y con un prólogo del ya fallecido Paul Naschy que hace de anfitrión en este viaje.

A partir de aquí se nos presenta un documental dividido, como un libro de texto, en capítulos bien definidos, donde empiezan a desfilar una serie de personajes que nos van a acompañar y  guiar con  su conocimiento, todo ello intercalado con una brillantísima selección de secuencias.

Como no puede ser de otra manera, la primera parte, sin ser lo mejor del documental, sí que es absolutamente necesaria. En ella vemos desfilar a una serie de protagonistas, que nos glosan lo que para ellos es el terror y  qué es lo que nos produce el miedo, para terminar hablando de los antecedentes en los que beben los autores para hacer sus películas.

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Ya desde el principio, entre estos personajes, destaca la tremenda lucidez de José R. Larraz en quien descubrimos un auténtico artista en un contexto donde no suele utilizarse dicho calificativo (aquí tampoco puedo dejar de reseñar a Eugenio Martín). Acompañados de auténticos eruditos en el tema a quienes da gusto escuchar como Ángel Agudo y Manuel M.Velasco que diseccionan, analizan y contextualizan con brillantez y  amenidad.

Ya en esta primera parte empezamos a ver las distintas formas de concebir el miedo, donde destaca, como acabo de decir, la brillantez expositiva de Larraz en su búsqueda de lo sutil y el buen gusto, frente a otros autores que van directos al susto y que buscan hacernos volver la vista de la pantalla. También se nos explica en qué consiste la coproducción como mecanismo para hacer estos films.

Desde un primer momento, dada nuestra falta de tradición, la búsqueda del impacto comercial y los propios mecanismos internacionales de producción, parece claro que uno de los objetivos de este cine es disimular que es español. Toma como referente a la Universal, o la Hammer, y prolonga la vida de las películas de terror de serie B, que en el resto del mundo estaban en su ocaso (aquí quizás echo de menos una posible referencia al cine de Roger Corman, en cierta forma emparentado y común en el tiempo al que nos ocupa).

Y llegamos a la segunda parte, clímax de este documental, donde a la divulgación de conceptos, le ponemos nombres de películas y directores, y al relato riguroso, se suman chascarrillos y anécdotas, que son especialmente interesantes en boca del actor Jack Taylor que trabajo con todos. Por aquí desfilan Leon Klimovsky, Andrés de Osorio, J. Píquer, el propio J.R. Larraz, Jess Franco y Paul Naschy, máximos representantes del “Spanish horror”.

Pero por encima de todos,  Paul Naschy al que se le presta una especial atención (algo que también podría haberse hecho con Franco, pero entiendo que la circunstancia de que el director de este documental ya glosara su figura de forma exclusiva en otro anterior, ha minimizado un tanto su presencia en este).

En cualquier caso, da la impresión que Naschy es quien dota de mayor profesionalidad y rango a un cine que él mismo crea a través de sus films, con la creación de personajes e historias que él mismo escribe. Alguien que pone cuidado en lo que hace y que busca siempre la excelencia.

Por supuesto también son recurrentes las menciones a J. Grau (que además también interviene en el documental) y a Ibáñez Serrador (muy diseccionado por La residencia aunque inexplicable que no haya mención alguna a ¿Quién puede matar a un niño?).

Se hace notar como aportación hispana al género, y propiciado por la censura, el binomio sexo- terror inseparables en la búsqueda de insanas sensaciones del espectador, donde placer y sangre, son todo uno.

Por último desembocamos en un Top3 de films imprescindibles que hay que ver. No profanar el sueño de los muertos de J. Grau, Pánico en el Transiberiano de E. Martín y La Residencia de Ibañez Serrador. Todo un regalo en forma de kit de supervivencia que necesita todo espectador para adentrarse en esta selva de terror, sadismo, sexo y sangre.

Como epílogo, el legado. Parece que no lo hay, tan solo El día de la Bestia de Alex de la Iglesia podría entroncar  con estas obras, además del respeto que manifiesta la nueva escuela encarnada por Balagueró o Plaza. ¿El resto?, discutible, de hecho se bromea con Colin Arthur sobre si en Almodóvar se atisba alguna influencia de este cine, y aunque la respuesta es no, y parece clara, hubiera sido un acierto reseñar que su film La piel que habito es un remake de Los ojos sin rostro de Franju, que fue copiado por J. Franco en una de las fuentes del género que es Gritos en la noche, con lo cual, quien sabe si Almodovar en su madurez va a empezar a recordar que él también es hijo de una época donde este cine vivía sus mejores momentos.

En cualquier caso, y más allá de la broma de Almodovar, frente a tanta sangre, descripción del terror, etc, el final desengrasa bastante lo visto, ya que concluye con una impagable secuencia de  Buenas noches señor monstruo con Paul Naschy y el Grupo Regaliz, todo un momentazo.

Más que recomendable documental.

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Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Felicitaciones por tu crítica-comentario sobre el cine de terror hispano, yo siempre recuerdo al genial Paul Naschy. Enhorabuena amigo. Enrique Fdez. Lópiz

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