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Whiplash

Por Jon San José Beitia

Intenso y apasionante relato de superación que presenta la lucha constante de un joven empeñado en convertirse en uno de los grandes baterías, y, su exigente maestro.

Whiplash se mueve en el esquema habitual de este tipo de productos, pero ubicando el relato de aprendizaje y superación en una nueva temática, en el mundo de la música, centrando la historia en un joven que quiere convertirse en el número uno de los baterías del mundo de la música.

Un relato magnético, adictivo, lleno de intensidad, con momentos memorables, presentando todo un enfrentamiento interpretativo donde los dos protagonistas lo dan todo, destacando la notable labor de J. K. Simmons, en uno de esos papeles inolvidables que le ha servido para ganar el Oscar a intérprete secundario, merecidamente.

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El director logra plasmar la pasión enfermiza de los dos protagonistas por la música, dos colosos que lucharán por lo que les entusiasma, alcanzando unos niveles de pasión y odio pocas veces vistos en pantalla.

Dentro de lo poco original del relato, resulta interesante que los responsables de la película apuesten por algo diferente, un extraño y apasionante relato que no deja indiferente. Ofrece momentos memorables a partir de un argumento que es la excusa perfecta para explorar en las experiencias y vivencias personales de los protagonistas dejando espacio para la pasión, el dolor y la intensidad de cada momento, todo ello acompañado por la música que viven, sienten y padecen. Una lucha constante por la pasión que les une y les distancia, pero que les mantiene con ganas de más en un duelo memorable donde, en la distancia, sentirán su unión.

La película es intensa, enérgica, no hay que entrar a valorar la credibilidad y excesos de algunas situaciones, simplemente hay que dejarse llevar por el entusiasmo y la batalla psicológica que mantienen dos grandes personajes que llenan la pantalla por completo. El director emplea el montaje como otro personaje más de la película, con el que logra ofrecer un desenlace a la altura de la batalla de sus personajes principales, donde música y cámaras se mueven al mismo ritmo e intensidad, todo un acierto y otro de los Oscar merecidos de la película.

Demoledora, fascinante, enérgica, todos estos calificativos se quedan cortos ante la demostración de auténtico cine que supone Whiplash para el espectador. No decepciona y es altamente recomendable.

Jon San José Beitia

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