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Western mítico y obra maestra de Peckinpah

Por Enrique Fernández Lópiz

Grupo salvaje es uno de esos western míticos en la historia de este singular género. En él se cuenta la historia de un grupo de bandidos, atracadores ya veteranos de Bancos, hombres al margen de la ley que actúan en la frontera entre los Estados Unidos y México. En una de sus aventuras y desventuras se ven acorralados por unos caza recompensas y por el mismo ejército mexicano. El último de sus atracos ha sido robar del ferrocarril una importante remesa de armas, que se disponen a vender a un zafio general mexicano.

El film está dirigido con la maestría que caracteriza a Sam Peckinpah, sobre todo cuando de violencia, tiros y balaceras se refiere; junto al retrato de hombres indómitos, curtidos, personajes de de inconfesable amargura e inolvidable lirismo. El excelente guión lo firman el propio Peckinpah junto a Walon Green, guión trepidante, emocionante y plagado de escenas típicas de las películas del lejano oeste de siempre jamás, y diálogos impresionantes. La hermosa partitura de Jerry Fielding acompaña esta historia, y Lucien Ballard ilumina, nunca mejor dicho, con una fotografía brillante y esplendente. Y qué decir del genial montaje de de L. Lombardo.

El reparto no puede ser mejor: un William Holden sobresaliente e insustituible en su papel de jefe de la banda; Ernest Borgnine sembrado como hombre fiel, duro y aguerrido; Robert Ryan sobrio en su papel de perseguidor y buscador de recompensas; Edmond O’Brien y Warren Oates estupendos. Y así el resto de actores de primera como Jaime Sánchez, Ben Johnson (mira por dónde aparece), Emilio Fernández, Strother Martin, L.Q. Jones, Bo Hopkins o Alfonso Arau, secundarios de lujo todos ellos.

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Otros aficionados, como yo, consideran esta cinta como uno de los mejores western de todos los tiempos, un hito en la filmografía del género, película imperdible y de importancia capital para quien le gusten los cowboys (gringos), los mejicanos grasientos, sonrientes y borrachos, y aunque no hay indios apaches o comanches, sí hay indígenas mejicanos hartos de la explotación y la extorsión.

Como película fue nominada dos veces al Oscar en 1969: mejor guión original y mejor banda sonora. Esto teniendo en cuenta que Sam Peckinpah fue siempre un poco director maldito por sus excesos de violencia (sin embargo yo creo que hay pocos que hayan tratado el tema de la violencia mejor que Peckinpah); y también por su fama de machista ganada sobre todo en su también memorable película Perros de paja.

En esta película no existen límites precisos para el bien y el mal. Pero Peckinpah se decanta con total claridad por los forajidos que encabeza Bishop (William Holden), en oposición al grupo de crueles caza recompensas que dirige Thornton (Robert Ryan), a la sazón viejo amigo y compañero de fechorías de Bishop. Thornton, de manera interesada busca conseguir con la captura, amén de dinero, que le indulten, tras un tiempo en la cárcel.

Historia de que nos habla del desarraigo, del honor, de la dignidad y de la amistad a veces traicionada; todo ello con hombres cuyo tiempo ya ha caducado, pues no tienen cabida ni futuro en el nuevo mundo que ya es una realidad y que se impone. De esta guisa, para mantenerse a flote en ese mundo antiguo, para mitigar la angustia de ser los últimos de una saga de forajidos ya en extinción, para superar dificultades sin fin, sólo les queda unirse y concurrir a la cita con su destino que ya se huele fatal y dramático.

Además, en esta película se puede ver a las claras que a pesar del desencanto apaciguado con mujeres, licor o risotadas sudorosas, en el trasfondo hay un código de honor fraguado a base de sangre, balazos y todo el polvo de México, escenario para inadaptados y lugar de serpientes y escorpiones. Y es llamativo que el “grupo salvaje”, en esas épicas escenas del final, decida dar su vida para salvar a su colega de panda, por cierto un mejicano. Así, cuando el general mejicano aborrecible acaba con la vida del joven ante sus ojos, Bishop no duda en asestarle un certero balazo en el corazón. A partir de ahí, unos segundos de tensión y luego el acabose de fuego y sangre de Peckinpah. Pero fue un código de honor, un principio ético de grupo y celosamente defendido, lo que precipita el sangriento final; incluso Thornton acaba admirando a sus perseguidos.

Conclusión: Grupo Salvaje es sin duda una obra maestra del western americano, el último gran western de los años sesenta y una obra imperdible para cualquier cinéfilo, más si es aficionado a las películas del oeste.

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