Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Warcraft: El origen

Por Alejandro Arranz

-La excesiva parafernalia pirotécnica protagoniza esta fantasía manufacturada y sin vida. No tiene la espectacularidad, la profundidad, ni el poso dramático necesarios; es un videojuego al que no se puede jugar.
-Si lo que quieres es ver el primer Warcraft recreado digitalmente en pantalla grande, eres el público objetivo de esta propuesta farragosa, decepcionante y bastante aburrida. En el mundo de la fantasía audiovisual actual, está más cerca de la última de El Hobbit que de cualquier otra cosa.

De nuevo las esperanzas de los “gamers” de todo el mundo fueron renovadas, en este caso gracias a Duncan Jones, Universal Pictures y Blizzard Entertainment. Se vislumbraba al fin ese inicio que todos esperábamos, el día que un videojuego lograra una adaptación sino a la altura, consumible. Y con ello la llegada de muchas adaptaciones de grandes historias que nos ha regalado el “décimo arte”. Sería un día alegre, pues el séptimo arte está atascado ofreciendo los mismos productos, y el mundo del videojuego sería una rica fuente de contenido interesante que explotar, si se hiciera bien. Warcraft parecía ser la encargada de dar ese importante paso, y las esperanzas en la propuesta crecieron cuando entró a dirigirla el prometedor Duncan Jones. Este productor, director, guionista y jugador incondicional de Warcraft ganador de un premio BAFTA, además de ser hijo del legendario David Bowie, tiene a sus espaldas dos películas excelente a reivindicar. Son Moon y Código fuente, dos productos de ciencia ficción muy por encima de la media y que revelan un autor con evidentes cualidades. No es de extrañar que su entrada como co-guionista y director diera vida a propuesta. El otro guionista elegido fue Charles Leavitt (Diamante de Sangre, El séptimo hijo). Por último el compromiso de Blizzard para ocuparse personalmente del proyecto “asesorando” durante la preproducción y el rodaje, fue un alivio para los fans que esperaban fidelidad visual y conceptual con respecto a la riqueza del Lore (historia y trasfondo del mundo) de Warcraft. Ahora que la cinta ya se ha estrenado en cines, es hora de decidir si lo último de Duncan Jones se define como precursor de un futuro advenimiento de adaptaciones de videojuegos, o se va al montón de “mejor olvidar” con Resident Evil, Super Mario Bros y ambas adaptaciones de Hitman -entre otros-.

warcraft-el-origen-2

Pues aunque quisiera decir que ocurre lo primero o algo entre medias, la dura verdad es que Warcraft es otro fracaso estrepitoso de un gran estudio, en su ingenuo intento de llevar un videojuego a la pantalla. En un principio ya está mal elegido el juego, porque la primera entrega de la saga, Warcraft: Orcs & Humans, es un videojuego de estrategia que no destaca precisamente por su historia. Siendo mucho mejores las de sus secuelas. Pero bueno, vamos a hablar de la película. En primer lugar he de decir que no siento la presencia de Duncan Jones en ningún momento. Parece como si Blizzard más que asesorar hubiera presionado para lograr algo tan puramente mecánico, de estudio y extremadamente fiel al no precisamente sustancioso material original, que simplemente es como ver como un amigo no especialmente hábil, juega a un videojuego no especialmente divertido. No hay rastro de las señas de identidad del supuesto director y realmente cualquier director del montón podía dirigir esta película repleta de horribles movimientos de cámaras irreales. Esta es una película de producción y no de dirección. La historia se bifurca entre la trama de los orcos y la de los humanos, ambas con tratamientos muy convencionales, pero bastante más interesante la primera (que además ofrece los únicos dos buenos momentos de la película). El guión encadena escenas innecesarias y carentes de emoción en las que prima un aparatoso batiburrillo digital, algunos exacerbados agujeros de guión, unos diálogos de serie B y actores con el piloto automático. Todo esto con un montaje desesperante, que nos expulsa siempre que está a punto de ocurrir algo interesante para llevarnos a otra escena casi siempre absurda, redundante o directamente inútil. Respecto al montaje y el guión como herramientas de trabajo paralelo y conjunto, he de decir que pese a que no hay ningún desarrollo de personajes (salvo en una escena rutinaria donde cada protagonista cuenta rápidamente sus penas pasadas) y a que los protagonistas comparten nada más que un par de escenas en las que no hablan nada personal, de repente es como si se conocieran de toda la vida (como Jones se los conoce no hace falta mostrarnos sus relaciones a los demás), y aparece por arte de magia -por ejemplo- una incomprensible subtrama romántica sin pies ni cabeza y tan precisada de química como de una intensa reescritura. También hay que mencionar que como película estrictamente para fans, no se molesta en explicar la mayoría de cosas, dando por sentado que el público ya sabe de memoria el Lore del videojuego. Es irónico que el problema de esto sea que tanto si has jugado a Warcraft como si no lo has hecho, el filme sea igual de previsible.

Una vez que has entendido que ningún apartado va a pasar de la más manida de las fórmulas de cualquier blockbuster de estudio, o ni siquiera va a llegar a eso (véase el montaje), queda refugiarse en los efectos digitales y las escenas de acción. El CGI puede que impresione a muchos, pero para mí es como ver un videojuego en vez de una película. Las localizaciones están retratadas a la perfección para deleite de los fans, y hay trabajos elogiables con respecto a efectos de partículas, iluminación de las magias, etc. No obstante los personajes de carne y hueso no parecen estar integrados en el mundo que les rodea, y eso es un problema de los grandes. Un problema que mundos como “Avatar”, no tuvieron. Queda hablar de la acción, el último baluarte de la adaptación de Warcraft frente a mi crítica. Y precisamente un punto como este, en el que una película de espada y brujería de este tipo debería destacar, es precisamente uno de los que menos me convencen. Sólo hay una escena de acción en toda la película que llame la atención un poco, y es porque lo que ocurre está relativamente fuera de los tópicos a los que nos acostumbra la cinta. Hay gente con prejuicios con respecto a los videojuegos pero tengo muy claro que he sentido más tensión, tristeza y emoción con muchos vídeos de un videojuego que con toda la película de Warcraft junta; la cual supone uno de los mejores ejemplos que he visto nunca sobre cómo no se debe grabar una persecución. Y no digamos ya las últimas dos batallas con montaje alterno, que tienen todos los elementos necesarios para crear tensión y cautivar al espectador con algo épico, pero son igual de sosas que el resto del producto. Salvo por un giro de guión al final, que crea un conflicto del todo apetitoso justo antes de terminar la película.

Duncan Jones pone una piedra gigantesca en su prometedora carrera con un blockbuster que define algunas de las peores cosas del cine actual y de las adaptaciones de videojuegos. Esta Warcraft: El origen no tiene malas intenciones, como adaptación no está ni de cerca entre las peores y como aventura fantástica está lejos de resultar tan nociva como la última de El Hobbit. Pero lo que ofrece son dos horas de fórmula desgastada y fatigosa, dos horas de vacío de ideas, situaciones recurrentes, falta de alma y excesiva confianza en su CGI. Es una película que desaprovecha el fascinante y desmesurado universo, que debió comenzar exactamente en su final y desarrollar esa situación, ese conflicto ahí planteado, cien veces más interesante que lo que se propone aquí. Queda confiar en otras carreras prometedoras, las de Justin Kurzel (Macbeth) y Michael Fassbender, para volver a intentar llevar a buen puerto por primera vez una adaptación de un videojuego. En diciembre, tenemos una cita con la hermandad de los Asesinos, que trabajan en la sombras para servir a la luz. Ahora revisad Tomb Raider o Max Payne, ya veréis como Warcraft no os parece tan mala.

Alejandro Arranz

Escribe un comentario