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Vuelo nocturno

Por Jon San José Beitia

Wes Craven, uno de los grandes representantes del cine de terror, vuelve a la carga con una pequeña producción de altos vuelos, donde explota, de nuevo, su capacidad para generar terror y meter el miedo en el cuerpo al espectador, apoyándose en un relato previsible y poco ambicioso.

El argumento peca de sencillo y va directo al grano desde un comienzo, ubicando a la protagonista en una situación incómoda dentro de un avión con un pasajero problemático que le hará imposible su apacible vuelo. Se toma numerosas licencias para dar paso a una verdadera pesadilla de altos vuelos, donde dos personas compartirán momentos de tensión y lucharan por conseguir sus objetivos, algo del que sólo uno podrá salir victorioso puesto que son objetivos opuestos.

Muchas de las cosas que ocurren en este trepidante vuelo, no tienen mucho sentido y se antojan forzadas, pero Wes Craven es consciente de ello y se limita a usar sus herramientas para generar situaciones de tensión y peligro constante a partir de la nada. Ofrece instantes de tensión muy logrados con los que logra mantener al espectador pegado a la butaca e incluso consigue que mantenga la respiración para ver el desarrollo y solución de algunos instantes.

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No hace uso de grandes efectos especiales, de hecho, presenta una imagen y una calidad técnica propia de una producción televisiva puesto que la película y el argumento cuenta con pocos elementos, lo que parece un avión que perfectamente puede ser un plató de estudio y un reparto de intérpretes de relleno, donde las verdaderas estrellas son los dos protagonistas.

Gran parte del argumento se apoya en la fabulosa presencia e interpretación de Cillian Murphy, todo un descubrimiento, con una mirada perversa con la que logra trasmitir una intensidad y perversión inquietantes. El director sabe sacar lo mejor de la pareja protagonista, logrando crear verdadera tensión entre los intérpretes.

Otro acierto que merece una mención especial es que no se toma en serio a sí misma y que el propio Craven es consciente de que la tensión y el terror no se pueden mantener en todo momento, razón por la cual la película no tiene una excesiva duración, algo que por otra parte se agradece. La tensión se mantiene y se potencia progresivamente pero existen momentos de bajadas de rimo e intensidad, llevando el relato a un desenlace precipitado y forzado, carente de toda lógica y que, simplemente, sirve para cerrar la película lo antes posible.

No es una gran película, pero se disfruta con esos instantes de tensión que hacen pasar al espectador, pero no llega a ser memorable. Un aprobado justo, mejor coger otro vuelo.

Jon San José Beitia

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