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Vivencia y supervivencia (Tierra, Mar y Aire)

por Áralan Aidir

La primera parte del título de esta crítica concierne al espectador. La segunda parte, a la historia. La tercera, a la estructura narrativa de la película.

Para el espectador es una vivencia (maravillosamente hórrida, pero ni mucho menos la mejor -El desembarco de Normandía de Salvar al Soldado Ryan no ha sido superado-) en términos técnicos de sonido y efectos surround (apoyados magistralmente por la banda sonora de Zimmer) y de fotografía porque enseguida el director es capaz de que el espectador sienta el peligro en…

TIERRA
… cada esquina de Dunkerque, en cada metro de playa o espigón cuando los Stukas hacen picados y ametrallan o bombardean. En barcos encallados donde la miseria humana que es la guerra cobra todo su apogeo. Magníficos los primeros planos con acción de fondo, los diálogos silenciosos en los que conectas con las ansias de supervivencia a cualquier precio y con las estraegias para conseguirla. En tierra es donde se produce la guerra. La accion se derrolla en…

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AIRE
…donde el protagonismo recae en dos pilotos, luego solo en uno. Aquí es donde técnica y visualmente la película cobra todo su esplendor y se ejecutan los que seguramente se cuenten entre los mejores combates aéreos jamás grabados. No es tanto la tensión como la ejecución, aunque sí que exista la primera cuando un bombardero aleman está apunto de hacer volar un dragaminas y el piloto tiene que decidir si volver seguro al país o arriesgarlo todo. Pero, como digo, maravillosas las tomas panorámicas áereas y los combates en plano cerrado y cómo sitúan toda la acción, también la del…

MAR
…barco, donde por fin el corazón que hemos atisbado con el piloto y apenas con los soldados de infantería empiece a latir. Aquellos son vísceras, ese otro arrojo. Estos son corazón y valentía. Porque, seamos honestos, los personajes de tierra y aire son planos. No hay descripción, no hay evolución. Solo hay un estupendo estar, pero solo un estar. El padre, el hijo y el amigo del hijo ponen el sentimiento; la épica, incluso, que quizá podría haber sido más aprovechada en el tramo final. Hay un padre con un pasado que percibes en los detalles, sobre todo en el trato al naúfrago (un Cillian Murphy completamente desaprovechado, al igual que Branagh en TIERRA y Hardy en AIRE). Y cuando TIERRA pasa a MAR, llegan lo momentos más angustiosos y, a la par, emotivos.

¿Y la estructura narativa? Muy Nolan. Es decir, atrevida y original para ser cine bélico. Y cómo la monta es de quitarse el sombrero, sí señor. Y hay detalles que hilan la historia de “una hora”, “un día” y “una semana” realmente sobresalientes.

En resumen, técnicamente es una experiencia inmersiva, pero no la mejor, y le falta en muchas partes más corazón, épica y alma. Y le sobra BSO. A Raudales. En mi opinión Zimmer, acierta al mezclar la BSO no diegética con la diegética (esos zumbidos musicales que se convierten el picados de aviones o esa percusión que se transforma en estallidos) pero le sobra minutaje. No hay un minuto de silencio en toda la película y una banda sonora muy basada en la disonancia y machaconeo cansa a partir de los 40 minutos, por muy bien ejecutada que esté, agota a la hora y se vuelve insufrible a la hora y cuarto hasta el punto de sacarte momentáneamente de la película. La emotividad y el realismo se hubieran elevado con el silencio.La historia lo necesitaba. Los oídos del espectador, también.

Pero el espectador sobrevive, como gran parte de los soldados. Porque esta película va de eso: de sobrevivir a cualquier precio, de cualquier manera, incluso a costa de los compañeros. No hay actos heroicos en los uniformados (salvo en AIRE) ni se les espera, porque la carme de cañón no entiende de banderas, himnos patrias ni gilipolleces por el estilo. La carne de cañón solo intenta llegar al minuto siguiente. De hecho, las palabras de Churchill al final se convierten en mera proaganda justificativa (valga la redundancia) sin un atisbo de realidad detrás.

Disfrútenla.

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