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Visiones de un asesinato

Por Jon San José Beitia

Producto creado para su explotación en televisión, con un limitado y poco original argumento en el que una mujer tiene sueños con lo que parece ser un crimen. No presenta verdaderos retos para la psique humana y el desarrollo de la trama resulta endeble y predecible. Tiene un inicio que va directo al grano, presentando las visiones que tiene la protagonista, que hacen que dé comienzo una investigación policial. Una premisa inicial que parece atractiva, pero que resulta insostenible e ilógica, ya que, cuesta creer que la policía haga caso a una persona que aparece diciendo que ha tenido un sueño perturbador. El relato discurre con ligereza, y va presentando personajes secundarios que intentan desviar la atención del verdadero problema, pero que en realidad tienen el efecto contrario, ya que, para los habituales del género de suspense pasan a convertirse en los principales sospechosos. Razón por la cual, todo lo que van desvelando las ensoñaciones de la protagonista  hacen que carezca de un ápice de sorpresa.

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 Las interpretaciones del reparto se puede decir que son discretas, donde no destaca nada, ni nadie. Tienen la misma vida que el material del decorado. El romance que surge entre los protagonistas se ve venir de lejos, al tiempo que se hace necesario, puesto que el hilo de la investigación policial pierde interés prematuramente. El estilo visual de las visiones resulta pobre y, en muchos aspectos, ridículo; haciendo mención especial a esa playa por donde se pasea un individuo vestido de negro con una niña en brazos que parece “Caperucita”. La forma de desarrollar la investigación apoyándose, casi exclusivamente, en las visiones de la protagonista, hace que todos los misterios se resuelvan a base de sueños que resultan confusos y tramposos. Después de largas y numerosas visiones, llega el momento de dar sentido a todo, y los responsables de la película optan por el modo precipitado y fácil. Por arte de magia uno de los protagonistas da con la clave del caso y le falta decir: ¡Eureka!

En resumidas cuentas, no deja de ser un telefilme de  tarde, para el consumo de público poco exigente que quiera conciliar el sueño con facilidad, para despertar justo en la resolución del caso.

Jon San José Beitia

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