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Vidas rebeldes

Por Diego Bordonau

EL OLIMPO

El hombre que tiene miedo a morir también tiene miedo a vivir.” Este film esta considerado como maldito pero no por ser una obra desconocida de algún raro director, sino más bien por la coincidencia de unos hechos en las vidas de sus protagonistas, ya que supondrá el legado cinematográfico de tres de ellos, falleciendo escalonadamente poco después de este rodaje. En concreto, Gable que venía de ser el eterno galán en los años 40 gracias al Rhett Butler de la mítica Lo que el viento se llevó, cerraba su carrera y también su vida con este seductor personaje que supo interpretar a la perfección, intuyendo o no que éste sería el último, dándonos una magistral interpretación como colofón de una extensa carrera de más de 40 títulos. Nunca vería el resultado final ya que moriría doce días después de finalizar el rodaje a causa de una afección coronaria.

La segunda sería Marilyn que moriría en extrañas circunstancias, como bien todo el mundo sabe, al año siguiente del estreno, dejando este film como legado terminado, puesto que su rodaje a las órdenes de Cukor nunca llegó a terminar, quedando sólo unas inéditas escenas de baño en una piscina y algún diálogo con Martin, en lo que hubiese sido su próxima película Something´s got to give.

Y por último, Monty Clift que, aunque moriría cinco años después del estreno, ésta es su interpretación más viva ya que acarreaba una fuerte adicción al alcohol y las drogas desde el accidente de coche sufrido a la salida de una fiesta de su eterna amiga y confidente Liz Taylor del que jamás se recuperaría y que desfiguro su cotizado y bello rostro. Curiosamente sus últimas palabras fueron referidas a este film, cuando su asistenta lo llamó para que saliera de su habitación preguntándole si quería ver en televisión el film, respondiendo él “No, en absoluto”, siendo éstas lo último que diría este gran actor.

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Vidas Rebeldes, paradójicamente, es un trozo de vida, una vida con unos solitarios e inadaptados personajes, como bien indica su título original The Misfits, personajes que no encajan dentro de una sociedad, tal piezas de un puzzle imposible de terminar que coinciden en el mismo espacio y tiempo, consiguiendo por un momento, todo aquello que anhelan y que jamás tuvieron, llegando incluso a rozar la felicidad aunque la realidad los vuelva a poner en su sitio. Curiosamente, los títulos de crédito iniciales son una composición de piezas de puzzle revoloteando por la pantalla y que no encuentran ubicación alguna, significando ya en su inicio lo que luego vamos a ver.

Una ingenua y desencantada divorciada a la que da vida una extremadamente bella Marilyn Monroe, aunque esto no es novedad, a la que Huston supo sacar de ella lo que es uno de sus mejores papeles, al igual que con el vaquero venido a menos interpretado por un anciano ya y siempre seductor Clark Gable, demacrado por la enfermedad pero dándonos siempre el perfil en una magistral clase de seducción, siendo también una de sus más portentosas composiciones. A esta ocasional pareja se une el joven vaquero falto de emociones y viviendo siempre al límite con esa inigualable mirada perdida en el horizonte, que nadie mejor que Clift podía darnos, completando así este singular triángulo amoroso enmarcado en una década algo convulsa que comenzaba a mostrar su rebeldía, magníficamente reflejado, este aspecto en algunas escenas y en especial la de los caballos salvajes del final.

Arthur Miller, esposo de Marilyn por ese entonces, sabía muy bien lo que escribía y retrato a cada uno de ellos como si fueran copias de sí mismos en un magnífico guión: una alocada recién divorciada en continua búsqueda de amor, un galán en el más bajo momento de su vida y un joven que no encuentra su sitio en busca de fuertes emociones.

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Si a todo esto, no fuera ya suficiente, se les unen dos secundarios de lujo, Eli Wallach (El Feo) en un registro totalmente opuesto y sorprendente al que nos tiene acostumbrado, en el papel de un viudo cascarrabias que será el cuarto en discordia pero que al final resultará ser el más osado, apostando fuertemente pero perdiendo de igual forma, un sin suerte siempre a remolque del triunfador. Y la otra es una vivaracha solterona, la eterna secundaria Thelma Ritter que recordaremos por su papel de la enfermera de Stewart en La ventana indiscreta o como criada de una Davis al desnudo, acumulando seis nominaciones sin premio alguno. Moriría también siete años después de un ataque al corazón quedando sólo el viejo Wallach con sus 97 años de este espectacular elenco.

En la foto superior aparecen posando todos, a excepción de Ritter, para Magnum, la prestigiosa agencia de fotografía del no menos famoso Robert Capa, especializada entre otras muchas cosas a captar con su lente a las famosas estrellas de Hollywood del momento, pudiendo verse en ella a los tres protagonistas en primer plano, Wallach y Houston detrás y al fondo, el último marido de Marilyn y guionista del film, el dramaturgo Arthur Miller subido en la escalera, en una pausa de rodaje entre los decorados del film.

Sobre Huston podríamos escribir un libro, uno de los cineastas más grandes de la Historia, con innumerables obras maestras dignas de estudio como  La noche de la iguana, Cayo Largo o La jungla de Asfalto por nombrar alguna, ofreciéndonos en esta una poderosa dirección de actores que, junto a una espectacular fotografía en blanco y negro, potencian todavía más si cabe los aspectos más bellos, sensuales y atractivos de sus intérpretes, haciendo de este film algo único, una obra excepcional, una cinta para enmarcar que sólo muy pocos sabrán disfrutar.

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Todo este regalo cinematográfico se envuelve en una partitura espectacular para un film de proporciones menores, que marca su carácter dramático a la perfección, a cargo de un gran compositor de BSO míticas y que curiosamente nunca gano un Óscar estando nominado en 14 ocasiones y que todos recordaran por Espartaco o Cleopatra o Un tranvía llamado Deseo, el Sr. Alex North, consiguiendo el reconocimiento en 1986 con el socorrido Óscar Honorífico a toda su carrera. También recibió una nominación a mejor canción por la melodía desencadenada por el film Sin cadenas de 1955 y que en los 90 popularizaría la película Ghost en la voz de los Righteous Brothers haciéndola eterna. Nada más, disfruten del regalo…

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