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Vicente Ferrer merecía otra cosa

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi hace unos días, si bien no entera pues la verdad no la pude soportar, la película para TV sobre los últimos años de la vida del padre Vicente Ferrer, ex-jesuita y hombre de mucho bien; un personaje español, catalán para más señas. Por eso me gustó que se proyectara esta película, por el recuerdo de una figura emblemática y santa, tal Ferrer.

Pero la dirección de Agustín Crespi es bastante floja, le falta entrega, intensidad, emoción, motivación; el guión de Patrick Buckley y David Planell es muy plano; y apenas la fotografía de Tote Trenas se salva, pues la música es insustancial, no trasluce la empresa de Ferrer y ni siquiera tiene chispa.

La ambientación no vale nada, no se ve gran cosa de la India, y la historia se centra en dos o tres viviendas estándar. No se visualizan los importantes proyectos de Vicente Ferrer. No hay apenas imágenes de cultivos, ni pozos de agua en funcionamiento, ni nativos trabajando. Un suelo rojo sin apenas vegetación y cuatro chamizos que se están construyendo. Siendo que Ferrer se merece una mejor plasmación filmada de sus logros, apenas se apunta la fachada de un hospital ¿Dónde está la tierra de Anantapur que Ferrer y su esposa han convertido en un lugar habitable y productivo? Nada.

Ferrer pasó las de Caín para hacer lo que hizo, sufrió el rechazo de políticos y gentes poderosas y contra todo eso tuvo que luchar a brazo partido. Sin embargo, en esta película parece que las situaciones se resuelven muy fácilmente. Por ejemplo, va a ver a Indira Gandhi y ya está; además, su traducción en imágenes de esta visita es la del protagonista frente a un edificio de pisos, con un par de guardias, él en la acera y nadie alrededor. O sea, cero creíble que eso sea la vivienda de la primera ministra india.

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En cuanto a las interpretaciones, Imanol Arias parece no haberse dado cuenta aún que es un actor amortizado para el cine, desde el momento en que eligió hacer la saga de los Alcántara, en el papel de Antonio Alcántara, en la celebrada serie televisiva Cuéntame. A partir de aquí, el personaje en esta película parece que sea Antonio Alcántara transmutado por un ratito en Vicente Ferrer, pues hasta los gestos y vicios del señor Arias-Alcántara, alcanzan a la enorme figura que fue Ferrer. Y ojo, no critico a Imanol Arias, pues él, como actor, le dan un trabajo, lo hace y santas Pascuas. Lo digo por los responsables del film y del casting concretamente. Pero sigo. Le acompañan en esta película para TV Aida Folch, Josep María Pou, Carles Canut, Alba Flores y Jaskaran Brady que hacen lo que buenamente pueden.

Entonces, a tenor de lo que digo, este film me ha parecido una burla a una película que debió ser producida para el cine y con mucha más atención, elaboración, esmero, esfuerzo y dignidad; la que merece un santo de la contemporaneidad como el padre Vicente Ferrer, un hombre de obra, de mucha obra y venerado en la India. Y no el folletín patético de Antonio Alcántara representando a Ferrer. Por favor…

En este mundo globalizado, virtual, donde también las personas y la economía son virtuales, el engaño y la especulación campan por sus fueros, en el que se excluye al pobre y al parado y se despide al trabajador sin contemplaciones, donde se mira oblicuo al sin papeles, pues bien, en este mundo enfermo moralmente, en esta jungla de corruptos, “listos” e indeseables, sigue habiendo personas que SÍ trabajan a modo de contrapunto por una humanidad mejor, atendiendo y promocionando a los desclasados, a los invisibles y muertos de hambre, gente que como el Padre Ferrer apostaron por la solidaridad, la esperanza y por el bien, que parece un valor anticuado y descatalogado de los cánones éticos. Entonces, cuando se dan ejemplos de esos, estos pocos casos aislados, personas excepcionales, entonces, el cine tiene que ser grande, no un folletín.

Y me pregunto quién decidió hacer esta película, si fue impulsada desde el gobierno, desde alguna organización religiosa o no, o de dónde partió la idea y, desde donde fuera que se gestara esta hipotética hermosa iniciativa, pediría que hicieran un enorme examen de conciencia e imaginen la vida de Vicente Ferrer desde otras premisas cinematográficas y desde otros planteamientos artísticos. Sobre todo que sirva para profundizar en el conocimiento de esa persona que creyó que entre todos podemos hacer las cosas mejor. Dada la talla del personaje, un intento serio en ese sentido, merece una producción más esmerada.

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