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Vértigo, una película grande

Por Enrique Fernández Lópiz

De nuevo quiero referirme en estas páginas a uno de los mitos del cine, uno de los más grandes entre los grandes, esto es Alfred Hitchcock con esta archigenial película titulada Vértigo. Una película dirigida, como caracteriza a Hitchcock, con el detalle, la intriga, la puesta en escena, la elección acertadísima –como ahora diré- de los actores y un guión excepcional de Alec Coppel y Samuel Taylor basado en la novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac de título del francés: Sudores fríos: de entre los muertos. La música de Bernard Herrmann arropa la intriga y la buenísima fotografía en blanco y negro de Robert Burks remata la faena técnica y artística. Este film es una argucia de distracción; película para mantener la atención del espectador durante dos horas, lo cual que consigue con creces.

Pero vayamos al reparto, que es un reparto de lujo. Por empezar tenemos a un James Stewart ante la cámara casi durante todo el metraje y que hace una sorprendente actuación interpretando a un detective acrofóbico (con vértigo): inconmensurable, creíble y genial. Y haciéndole la contraparte Kim Novak que está esplendorosa, pues a pesar de no ser una actriz en exceso expresiva, tiene su exuberancia y esa cara enigmática que encaja cien por cien con su papel. Acompañan magníficamente Henry Jones, Barbara Bel Geddes o Tom Helmore, entre otros, en una coral interpretativa de excelencia.

En la trama, Scottie Fergusson (James Stewart) es un policía de San Francisco, concretamente Detective, que padece de vértigo (acrofobia), miedo que adquirió al tener que presenciar y estar en un trágico accidente en el que un compañero cae al vacío desde la cornisa de un edificio mientras perseguían a un delincuente. Debido a este trauma (la teoría del trauma está siempre muy presente en Hitchcock), Scottie decide retirarse, pero un antiguo amigo de colegio, Gavin Elster (Tom Helmore), lo convence y finalmente contrata para que vigile a su esposa Madeleine (Kim Novak), una hermosa y sensual mujer que tiene la obsesión de su pasado. Empero, Madeleine es una mujer depresiva y la que parece ser portadora del espíritu de su bisabuela, Carlota Valdés, fallecida cien antes, con ánimo de matarla. Scottie la sigue por distintos sitios de la ciudad: tiendas, cementerios, hoteles, museos. Mientras empieza se va interiorizando de la dramática historia de Carlota. Scottie logra evitar un intento de suicidio de ella pero al final no puede evitar que Madeleine se tire desde lo alto de un campanario suicidándose. Entonces se da cuenta en su fuero interno que estaba auténticamente enamorado de Madeleine y sufre un fuerte estado de shock. Transcurrido un tiempo, Scottie, caminando por la calle se cruza con Judy Barton, una mujer corriente, y la asocia a Madeleine. Es en este punto cuando se decide a recuperar su perdido amor haciéndose amigo suyo y va intentando transformarla en su recuerdo, obligándola a vestirse e incluso moverse como Madeleine.

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En el fondo hay como una especie de tratamiento burlesco sobre la sexualidad de Scottie de parte de Hitchcock que en varias ocasiones alude a este extremo como cuando no sabe qué hacer con su bastón (símbolo del miembro viril), o todo el asunto de la torre del campanario o Torre de Coït (símbolo fálico) a la que no puede subir por su vértigo, o cuando Madeleine tras su frustrado suicidio le da las gracias a Scottie, y éste le contesta que es la primera vez que le es útil para algo. En otra escena las olas que rompen en la playa sugieren que se acostaron juntos y Scottie está entonces convencido que Madeleine es una reencarnación de Carlota (bisabuela de Madeleine, objeto de su obsesión) y pues se ha acostado con una muerta, etc. Hitchcock en una conocida entrevista con François Truffaut habla de necrofilia (amor por las personas muertas) y de la incapacidad para hacer el amor con una mujer viva de carne y hueso. Y será más tarde cuando tenga una relación sexual con Judy, sólo después de haberla transformado en Madeleine, lo que alude al mito de Pigmalión (que se enamoró de su propia obra de arte). Esta visión freudiana del sexo es también una característica en Hitchcock; él mismo era un poco obseso del tema, y si no que se lo pregunten a algunas actrices que trabajaron con él.

Y a propósito de los matices sexuales y de ritmo François Truffaut refiere en la entrevista que mencionaba con Hitchcock, que el aspecto erótico del film es algo apasionante, y alude a la escena en que James Stewart repesca a Kim Novak, que se había arrojado al agua, y cómo se vuelve a ver a la Novak en casa de James Stewart, acostada desnuda en la cama. Al despertar ella queda demostrado que él la ha desnudado y, pues, la ha visto desnuda, sin que en el diálogo se haga referencia alguna a ello; y continúa apuntando que el resto de la escena es extraordinario, cuando Kim Novak se pasea con la bata de Stewart, que se ven sus pies desnudos deslizarse por la alfombra, y cuando Stewart pasa una y otra vez por detrás de ella… “Hay en Vértigo –apunta Truffaut-, cierta lentitud, un ritmo contemplativo, que no se encuentra en sus otros films, a menudos construidos sobre la rapidez, la fulguración.” Así pues, una película que habla de la obsesión, los conflictos psicológicos, la parálisis psicológica y física, y una triste reflexión sobre la frágil naturaleza del amor y los entresijos que manipulan las pasiones sexuales

A veces se dice que además de ser ésta película una obra maestra de Hitchcock –como casi todas diría yo-, y quizá sea su film más aclamado por crítica que la considera de las mejores películas de la historia del cine (tras una evaluación, Vértigo fue elegida el 2 de agosto de 2012 como la mejor película de todos los tiempos, por delante de la obra de Orson Welles y su mítico Ciudadano Kane).

Vértigo se estrenó mundialmente en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 1958, donde fue premiada al mejor director (ex-aequo) y actor (Stewart) (ex–aequo). Igualmente tuvo en ese mismo año del ´58 dos nominaciones a los Oscar: mejor dirección artística y sonido.

Quisiera finalizar esta crítica mencionando palabras, a la vez que le rindo una brizna de homenaje, a Ángel Fernández Santos (1934-2004), guionista, ensayista y sobre todo un gran crítico de cine. Para Fdez. Santos, este film, además de mantener la atención del espectador es “una estratagema esquinada para introducir en la visión del filme un incalculable compromiso visceral del espectador con lo que está viendo. El vértigo aquí explorado es fatalmente asumido como propio por ese espectador y Hitchcock introduce en la ficción, en el juego, en el cálculo, en la matemática construcción visual, la idea de que hay una grieta y de que algo de orden distinto se está colando en el filme a través de esa grieta.” Como que hubiera en “Vértigo” “otro filme misterioso que discurre por debajo del filme evidente.” En esto, apunto yo, se introduce también la idea freudiana que distingue lo manifiesto” de lo latente” en toda producción psíquica (sueños, lapsus, conductas, etc.), lo que “parece” ´versus´ lo que hay en el “trasfondo”, y así, en esta película, según Fdez. Santos (1990): Nada […] es lo que aparenta. Se descubre a medida que transcurre una nueva ficción dentro de la ficción argumental; y dentro de aquella, otra; y otra más, sin que lleguemos a vislumbrar el fondo de este juego de penetración en el abismo interior de un hombre frente a una mujer o frente a su reconstrucción mental de ella […] una de las obras más bellas, densas y perfectas de la historia del cine.” Nada más que añadir, maestro.

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