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Vaya resaca

Por Jon San José Beitia

Resulta complicado afrontar la crítica de Vaya resaca, incomprensiblemente semejante bodrio ha triunfado en el mercado americano, pero deja mucho que desear en todos sus aspectos: Insulsa, ridícula, absurda y mediocre, son numerosos los calificativos que se le pueden colgar a semejante producto basura que sobrepasa los límites de la estupidez profunda.

Tras el éxito en taquilla de Resacón en las Vegas, están siendo numerosas las producciones que tienen como eje central las consecuencias de una resaca, en este caso la que sufre la resaca es una rubia con grandes pretensiones en el mundo periodístico que teme que su carrera se vaya al garete tras una mala noche. Sus aventuras y fechorías se van sucediendo mientras intenta encontrar una solución urgente a todos sus problemas.

La película sigue un esquema lineal, previsible y poco original, donde lo único que brilla es el pelo de la actriz protagonista, por lo demás, todo queda en las oscuras sombras de lo lamentable y bochornoso. Un auténtico despropósito, que no sólo no logra entretener ni hacer pasar momentos divertidos, sino que llega a resultar pesado y aburrido.

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En una época de crisis en la que está sumida la sociedad, resultan totalmente ridículas las preocupaciones y problemas a los que debe hacer frente la protagonista, supongo que las rubias pijas se verán totalmente identificadas con el personaje, pero lo cierto es que llega a dar verdadera lástima. Todo lo que le ocurre roza el absurdo y resulta excesivamente forzado y rebuscado, con claras intenciones de despertar  la simpatía del espectador, con un efecto contrario al deseado puesto que ni divierte, ni resulta verosímil, ni nada, un producto totalmente prescindible al que mejor no dedicar tiempo.

En lo único que aciertan sus responsables es en dejar en el espectador lo más parecido que se siente de resaca, una mala sensación al término de su visionado, dejando un mal recuerdo que se olvida con mucha facilidad. Las situaciones cómicas, resultan ridículas y forzadas, se van sucediendo sin pena ni gloria, cayendo en la reiteración de ideas, demostrando la poca originalidad de un producto que se hace demasiado largo y pesado. Merece un aplauso la actriz protagonista, Elizabeth Banks, incluida como productora, dispuesta a ofrecer su lado más cómico de la forma más absurda posible, olvidándose de su imagen perfecta por unos breves momentos.

El argumento da mil vueltas a lo mismo y no funciona ni como comedia romántica, ni como comedia gamberra, puesto que no llega a serlo por completo. Una película totalmente prescindible a la que no merece la pena dedicar mucho más tiempo. Mejor cualquier otra cosa.

Jon San José Beitia

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