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Van Damme y el anti-cine

Por Enrique Fernández Lópiz

Al principio, la película The Order parece prometer ser un buen film de aventuras con vericuetos y ángulos interesantes. En ella se cuenta la historia de Rudy Cafmeyer (Jean-Claude Van Damme), un personaje para quien lo habitual es vivir al filo de la navaja, en una posición de riesgo constante, y siempre en acciones que tocan de lleno o rayan cuando menos el delito: blanquea dinero en Bruselas, hurta artefactos privados a las mafias rusas nada menos, etc.. Su por él admirado padre es un ilustre arqueólogo. Él le comenta que ha descubierto un antiguo manuscrito que es ni más ni menos que el único capítulo perdido de un texto sacro que perteneció a la llamada “Orden de la unidad divina”, una misteriosas secta de Israel. Hasta allí se dirige en busca del tal pergamino, encontrando en el viaje toda suerte de obstáculos y participando de todo tipo de aventuras.

Verdaderamente se trata de una película más, de las muchas de luchas, karate y acción protagonizadas por Jean-Claude Van Damme, y en la que para sorpresa de todos, participa si bien en un pequeño papel el mismísimo Charlton Heston. La dirige con más o menos oficio Sheldon Lettich quien sigue un irregular guión del propio Van Damme junto a Les Weldon (película, pues, escrita a su medida). Tiene una música bastante normalita de Pino Donaggio, junto a una buena fotografía de David Gurfinkel.

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En el reparto, junto a Jean-Claude Van Damme participan con irregular acierto actores y actrices norteamericanos de reparto mediocres, como Ben Cross (el pobre), Sofia Milos (aporta un interesante trasero), Brian Thompson (ridículo disfrazado de Casper haciendo de líder de la secta), Vernon Dobtcheff, Sasson Gaby y Abdel Quisi, que forman un grupo de actores de tercera y además conducidos por el mal camino de la dirección, el guión y el excesivo protagonismo de la estrella Van Damme.

La película es de todo punto previsible y está cantado el desenlace, etc. Si acaso, no deja de ser sorprendente poder ver la escena en la que Van Damme, montado en un Citroën Tiburón junto a Charlton Heston, persiguen el coche Mercedes de los malos por las calles de Jerusalén. Por cierto, lo mejor de la peli son los exteriores de Jerusalén y aledaños con los lugares típicos. Y luego, rabinos de verdad, y otros malos de solemnidad.

Argumento delirante y muy lineal, puede servir a algunos, no a mí, para pasar el ratito viendo tiroteos, golpes y persecuciones, que es lo que acostumbra a hacer el atlético actor belga.

A demás de la pésima dirección y guión, no se libra el montaje ni las coreografías de lucha o detalles de la historia que provocan la hilaridad, tal el hecho, por ejemplo, de que parece que en Israel, país paradigmático en lo que a fuerzas y cuerpos de seguridad concierne, súper-protegido, no haya más que cinco policías para detener el encadenamiento de despropósitos que protagonizan malos y Van Damme. Y para que en este mal sueño no falte de nada: ¡atractiva mujer policía, estricta, pero a la que le gusta Van Damme y a Van Damme le gusta ella! ¡Bingo!

 Así, coreografías de batallas para llenar 89 minutos insufribles, falta de ideas, incluso las más estúpidas, ausencia de aportes de ningún tipo: moral, social o psicológico. Y hasta Charlton Heston tiene una escena de cama en plena senescencia. Una historia, en fin, increíble hasta para un niño de preescolar, para quien por cierto no sería nada recomendable que la viera, pues se reiría a más no poder.

Película con todas las trazas de serie B, el argumento como poco extravagante y puesta en escena pueril. Entonces, lo uniquito que podría salvarse para algunos forofos de la cosa es el veterano mamporrero Van Damme, un crack en la cosa de los golpes y demás. Entonces, a quien le vaya este género y estas características y este actor y guionista, le puede echar un vistazo a la peli. Para los que no, o sea la gran mayoría de amantes del cine, ni la miren por favor.

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Comentarios

  1. Tú lo has dicho, Enrique: Van Damme es un crack.

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