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Valerian y la ciudad de los mil planetas

Por Alejandro Arranz

-Besson desaprovecha el poco potencial y enfatiza todos los problemas de este desastroso viaje veraniego que al menos ha salido más barato que fichar a Neymar.
-Con todas las posibles formas de vida extraterrestre y aún así es difícil creer que alguien pueda hacer películas peor que este señor. La dirección es desechable, el guion es basura espacial.

No leeréis aquí muchas referencias mías a esos polémicos cómics sci-fi que influyeron de sobremanera en todo el género posterior (especialmente en el cine), básicamente porque hay muy poco en esta propuesta de “Valérian y Laureline”, obra de Jean-Claude Mézières y Pierre Christin. Luc Besson más que pagar una deuda con el diseño de Mézières para su The Fifth Element, ha querido volver a hacer su filme más de culto en un intento de merecerse eso de “visionario” que tanto le gusta escuchar y leer. De este modo ha eliminado todo lo atractivo de las aventuras originales para entregar un vacuo y aparatoso chute de color, extragavancia y destellos digitales con la intención de hacer su propia “Avatar”, logrando con descacharrante ironía que la obra que permitió la existencia de “Star Wars” se convierta, en su transmutación al medio cinematográfico, en una copia del universo de George Lucas. Le ha costado unos 180 millones hacer un blockbuster torpe y carente de ingenio y/o interés. Una cinta facilona y tonta, repleta de problemas y con un apartado visual que no es tanto como se cree. Pero si hay algo bueno también debe ser dicho, es fácilmente olvidable.

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Una amigable secuencia de montaje seguida de una introducción alienígena con obvias similitudes con la película de los Na´vi enciende los motores de esta lanzadera de Luc Besson. Ese inicio tiene su encanto, sin embargo me cuesta acomodarme en el asiento debido a un juicio que llevo cimentando muchos años: que Besson es uno de los tipos más sobrevalorados y carentes de talento que tiene el cine europeo, además de un guionista pésimo. Decido ver como avanza el asunto y a posteriori toca una fase de videojuego 3D que ya adelanta lo que será la película: un barroco conjunto de absurdos, Deus ex, diálogos burdos y bombillitass de colores a velocidad de la luz en la que el director francés no tiene ningún interés por la historia ni los personajes. Besson solamente quiere ofrecer un caro festín de luces, razas alienígenas y estrafalarios secundarios (Ethan Hawke seguramente perdió una apuesta) con un ritmo ágil que entretendrá al gran público. Bajo el envoltorio (encumbrado por un impecable diseño de producción) tenemos un guion plano y tan repleto de disparates como estrellas hay en el espacio. Lamentablemente ésto no es aquella -harto imperfecta- golosina titulada El Quinto elemento, solo un blockbuster Bessoniano tan tópico, notoriamente previsible y genérico que servirse de la típica comparación con un mal videojuego parece una maniobra innovadora.

La casi inexistente narración es incompetente y desidiosa mientras Besson rechaza la coherencia (interna y externa) con el fin de avanzar a base de coincidencias y soluciones tramposas. Se amontonan los lugares comunes, los anacronismos de manual y unas exasperantes líneas de diálogo en las que todo el mundo necesita tener la última frase estúpida. Para colmo el reparto no está a la altura. Ni un Dane DeHaan que se debate entre ser Han Solo, Luke Skywalker y C-3PO ni una Cara Delevigne que sigue intentando que su carisma y sus andares de modelo enmascaren su escasa capacidad para hacer frente a un personaje tridimensional. Por suerte esta Laulerine no es más que un avergonzante interés romántico. Ya que aunque Luc Besson ha arrancado casi todo lo reconocible del material original, ha dejado el machismo intacto y torpemente enmascarado. Ahí tenemos a Rihanna interpretando a un personaje al servicio del guion únicamente como excusa para la escena del streaptease y a Delevigne en la piel de la fémina más dependiente que recuerda la última ciencia ficción, acorde con una de las subtramas románticas más lamentables e incoherentes de todos los tiempos.

En los últimos minutos de la cinta, Besson desaprovecha un par de escenas con potencial para añadir minutos con un innecesario y tedioso clímax de acción. Un broche de oro para otro trabajo que continúa apoyando mi juicio mencionado líneas arriba. Valerian no cuenta ni muestra nada que no hayamos visto antes, no es tan deslumbrante como se cree y es varios viajes interestelares más estúpida y defectuosa de lo que tiene conciencia. Sin embargo gracias a su ritmo ágil y a esos 180 millones mal invertidos se convierte en una de esas chorradas graciosas y no es una de esas películas malas en las que sufres por tu vida. Aunque teniendo en cuenta que es la película más cara de la historia del cine francés quizás habría que pedirle algo más. Enhorabuena señor Besson, sigue usted sin ser un visionario, pero al menos es fiel a su propia falta de ingenio, y de genio.

Alejandro Arranz

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