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Una visión satírica y veraz de la industria del cine

Por Enrique Fernández Lópiz

¡Ave, César! es una película sobre el cine de Hollywood en los años 50, que tiene muy presente la era McCarthy, caracterizada por la llamada “caza de brujas” contra guionistas y otros profesionales supuestamente comunistas; todo ello en clave de humor e incluso tomándose a choteo la ideologización de aquellos comunistas de salón que leían, como dice uno de ellos, el Kapital, con “K”, de Marx y de cuya obra hacían peregrinas interpretaciones.

Pero yendo a la película, en la trama, un importante estudio cinematográfico pretende hacer una superproducción de romanos, tomando como base y telón de fondo la historia de Jesucristo. Yendo más al grano, la película lo que narra es la historia ficticia de Eddie Mannix (Josh Brolin), un Director de producción y “mediador” en la vida real, que trabaja en la esa nueva película, Hail, Caesar!, protagonizada por el famoso actor Baird Whitlock (George Clooney). Cuando Whitlock es secuestrado por una agrupación llamada “El futuro”, Mannix es el encargado de reunir cien mil dólares para el rescate. Es la época del Hollywood pujante y Mannix tiene mil y un problemas a diario que ha de resolver sobre la marcha. Lo que centra el film es descubrir qué le ha sucedido a la gran estrella aparentemente secuestrada, y que realmente es así, por un grupo de guionistas de corte comunista, en la era del macarthismo. Pero los adláteres de la película son historias diversas, aconteceres de la productora y otros, todo ello trufado de comicidad y buena onda; a lo largo del film se entrecruzan la comedia, el drama, el sarcasmo, la reflexión o la crítica social.

La cámara va pasando de un estudio a otro, ofreciendo secuencias memorables de otros filmes que se ruedan simultáneamente: escenas con una fantástica coreografía en el agua que recuerda a Escuela de sirenas de 1944, con la memorable Esther Williams; otro excelente ballet de marineros en un Bar, en el que el protagonista es el supuesto cabecilla de los secuestradores comunistas y que recuerda a las películas de Gene Kelly y su claqué; en otro estudio se rueda un western con un acrobático cowboy de escasas luces a lo Llanero solitario; y en el estudio de más allá se filma un auténtico drama en el que el productor impone que actúe el vaquero de la película western, aunque éste no tiene talento ni sepa decir tres palabras seguidas sin equivocarse.

Los directores Joel y Ethan Coen están como casi siempre sencillamente geniales, manejando los hilos de esta compleja película conducida según un guión de su propia autoría, que se convierte en un bien trenzado dislate sobre el arte y la industria del cine. Yo, la verdad, he disfrutado mucho con esta película, que en realidad son muchas películas en una sola; lo que suele denominarse: cine dentro del cine.

El caso es que los Coen saben poner al mando del relato a un protagonista-Director de producción, Eddie Mannix (Josh Brolin), que es una especie de súper figura salvadora, mitad héroe, mitad pragmático, dispuesto a cargar sobre sus espaldas todas las fallas de sus filmes en cartera, los pecados de sus actores y actrices, los desvaríos de los guionistas o la perfidia de los actores secundarios, todo ello por la salvación del cine, para aupar el cine, para preservarlo de cualquier mala influencia. Como mediador y productor se encarga de arreglar cualquier desaguisado: divas embarazadas (Scarlett Johansson); estrellas secuestradas (George Clooney); comunistas conspiradores (Channing Tatum); o cronistas de sociedad, periodistas insaciables (Tilda Swinton): https://www.youtube.com/watch?v=2FRhH0dD3SE. Esta vertebración está lograda sobradamente; y además, sus directores y guionistas, pero también los actores, parecen disfrutar del rodaje: ¡qué mejor!

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Tiene la película una magnífica música de Carter Burwell y una nítida y genial fotografía de Roger Deakins. Gran coreografía, y muy bien el vestuario y la puesta en escena. Y en general, el montaje y la puesta a punto final logran un excelente ritmo, lo que hace que el espectador no se aburra en ningún momento, a lo cual contribuye también una duración de 106 minutos muy acertada.

Entre los actores destaca un admirable Josh Brolin que puede con todo el abanico de posibilidades que su personaje le ofrece en la cinta, lo cual hace de forma convincente y un trasfondo de humor, más allá de las penalidades por las que transcurre su personaje. George Clooney está muy bien, pudiendo hacer un trabajo cínico sobre su propia profesión, pero sin que se note; o sea, que le sale de perlas. Scarlett Johansson bella y eficiente los pocos minutos de que disfruta. Ralph Fiennes borda su rol de director desesperado. Tilda Swinton genial como periodista del corazón insufrible. Alden Ehrenreich sobresaliente como vaquero experto en el lazo y limitado para la interpretación. Channing Tatum enorme como marinero bailarín y comunista de pro. Frances McDormand estupenda. Jonah Hill genial como siempre, esta vez en su papel de sufridor y especie de chivo expiatorio. Y en fin, otros grandes artistas de la interpretación acompañan con gran maestría la cinta, personajes como Christopher Lambert, Clancy Brown, Wayne Knight, Dolph Lundgren, Patrick Fischler, Robert Picardo, Davida Krumholtz, Fisher Stevens, Emily Beecham y Fred Melamed. Muy orquestada la cosa.

En este 2016 ha participado en el Festival de Berlín en la sección oficial largometrajes (fuera de concurso).

A mí me ha gustado esta historia entrañable, me he sentido cómplice de ella, con sus toques sardónicos sobre el viejo Hollywood, que es a la vez un gran homenaje al mismo, cuando los estudios fabricaban sueños que llevados a la pantalla, hacían que todo el mundo se olvidara unos minutos de sus problemas. Incluye elementos románticos graciosos; las penalidades con gran vis cómica de parte de Brolin cuando se confiesa ante un cura una y otra vez por haber mentido a su esposa, pues ha roto su promesa de no fumar; no está nada mal el cónclave asesor de la película sobre Cristo con un sacerdote católico, un pope ortodoxo o un judío con sus ocurrentes diálogos; y nada que decir cuando aparece en escena todo un ¡submarino soviético! en toda su grandeza, lo cual me recuerda al mismísimo Fellini y su último film de 1983: Y la nave va.

Original película, cuyo delirante y satírico humor no todos los espectadores comprenderán seguramente. De hecho, pocos eran los que se rieron el tiempo que duró la película, ni tampoco había mucho público cuando yo fui. Y es que, tras su aparente frivolidad, la cinta tiene su complejidad. A quienes más gustará esta obra es a los verdaderos amantes del cine, pues ahí vemos las dificultades, la preparación que requiere cada obra, y por supuesto los sinsabores que han de superar productores y otros implicados, antes de sacar a la luz una nueva película. Los que pelean día a día para sobrevivir en un mundo de actores-estrella egocéntricos, comediantes de cortas cualidades pero impuestos, divas con modales horribles que hay que soportar, montadoras hartas ya de su trabajo y en riesgo de ahogarse con su propio pañuelo, y en fin, todo un ejército de secretarias, periodistas, ejecutivos y fauna variada: ¡una bizarra galería de personajes! Todo para que la brillante y poderosa maquinaria no pare de hacer películas y siga funcionando para que la fiesta del cine continúe.

Yo la recomiendo, pero no te aseguro nada.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=3jHoT1L-XUs.

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