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Una verdad parcial

Por Jorge Valle

El quinto poder comienza mostrándonos los primeros pasos de la relación entre Julian Assange (Benedict Cumberbatch) y Daniel Berg (Daniel Brühl). Ambos fundaron una plataforma cibernética que permitía filtrar documentos secretos de forma anónima, sacando a la luz los secretos más guardados de entidades bancarias, empresariales y gubernamentales. Esta iniciativa, que recibió el nombre de Wikileaks, nació con la intención de destapar las verdades más oscuras y, por tanto, peligrosas de la gente poderosa; y se fundamentaba en el derecho de libertad y de conocimiento de la verdadera realidad de todas las personas. La relación personal y profesional entre ambos, sus distintos puntos de vista frente a un proyecto común y las enormes diferencias en cuanto a su carácter y forma de entender la valentía y la “revolución” que querían llevar a cabo componen la base sobre la que se fundamenta esta visión del polémico caso Wikileaks bajo la dirección del estadounidense Bill Condon.

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A pesar de las expectativas creadas, El quinto poder es una película que provoca una indiferencia terrible ante unos hechos que resultan muy interesantes de por sí, pero que bajo la visión del guionista de Chicago sólo transmiten apatía e insensibilidad. La dirección y la puesta en escena son mediocres, así como algunos de los motivos visuales que se utilizan para representar el espacio cibernético e introducir los múltiples lugares en los que se desarrolla la acción. Además, la película renuncia a cualquier atisbo de objetividad y no duda en juzgar a Assange, pues de todos los libros que se han escrito sobre él, Condon se basa en el del propio Berg, quién acabó bastante desquiciado y cabreado con su socio. Así, el espectador no es libre para poder elaborar su propia opinión sobre un caso tan polémico y complejo, y que precisaba de una adaptación cinematográfica mucho más objetiva y clara en cuanto al dilema moral que plantea. Cierto es que Condon consigue mantener la atención durante todo el metraje e incluso generar cierta tensión conforme se va acercando el final, pero todo es tan hueco y vacío que al terminar la película uno tiene la sensación de no haber asistido a nada importante. Julian Assange y Wikileaks tendrán que seguir esperando para ver su historia llevada a la gran pantalla como se merece. Quedan para el recuerdo las encomiables interpretaciones de Benedict Cumberbatch y Daniel Brühl, que confirman su talento y se afianzan como dos de los actores más versátiles y reclamados del panorama cinematográfico actual, pero no evitan que El quinto poder constituya una fallida, y podría decirse también manipuladora y malintencionada, visión sobre uno de los casos que más controversia y debate han generado en los últimos años.

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