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Una semblanza de la pareja en estos tiempos que corren

Por Enrique Fernández Lópiz

Diversos personajes se entrelazan en un complejo nudo de estados de ánimo, pasiones humanas y desencuentros. A pesar de tenerlo todo, J. (Sbaraglia) pasa por una gran depresión. E. (Fernández) por el contario no posee más que un gato, pero vive felizmente en casa de su madre. S. (Cámara) hace infructuosos intentos por volver con su mujer (Segura) tras dos años de su ruptura. G. (Darín) toma psicofármacos pues su mujer lo engaña. P. (Noriega) intenta seducir con dudoso éxito a una compañera de oficina (Peña). María y Sara (Watling y Guillén Cuervo) intercambian a sus maridos (Mollà y San Juan) para desvelar sus intimidades. L. (Tosar) es un hombre que llama a su amante con el nombre de su perro. La película traza un retrato de la vida amorosa de hombres y mujeres de nuestro mundo.

Cesc Gay dirige con ingenio y frescura esta especie de tragicomedia, con guión de su autoría junto a Tomás Aragay, un guión bueno, salvo algún derrapaje inoportuno. En la historia se hace una crítica al hombre-macho, en favor de pasiones, encuentros, enfrentamientos, infidelidades o amores que tejen una tupida red de emociones que el espectador puede vivir como suyas. Sugerente música de Jordi Prats y una bonita fotto de Andreu Rebés.

El reparto es de lujo, dentro del cine español e hispanoamericano, con figuras tan reconocidas como Ricardo Darín, Luís Tosar, Javier Cámara, Leonor Watting, Eduardo Noriega, Alberto San Juan, Leonardo Sbaraglia, Candela Peña, Eduard Fernández, Cayetana Guillén Cuervo, Jordi Mollá o Clara Segura. O sea, auténticos duelos interpretativos de gran nivel entre actores y actrices que hacen un trabajo redondo, a modo de prisma que refleja ingentes colores y matices del espíritu humano. Todos, pues, hacen interpretaciones brillantes y de toral credibilidad y son el alma del film.

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Y es que hay dirección, hay guión, hay actores espléndidos, entonces, como dice Boyero: Algún director lúcidamente maximalista afirmó alguna vez que lo fundamental para que una película funcione es que haya buenos actores y actrices y que estén convenientemente dirigidos. Yo sospecho que los verdaderamente grandes ni siquiera necesitan ser dirigidos. Les basta con ser como son para que te creas en estado hipnótico cualquier cosa que hagan o digan. Otros directores que alcanzaron con naturalidad el clasicismo están convencidos de que lo imprescindible es un buen guión. Admitamos que poseyendo ambas cosas, hay que ser muy tarugo para que una película naufrague.”

Como relatara en una entrevista en TV Javier Cámara, es más una película vivida por los actores que meramente interpretada. Como que la casuística variada que plantea de parejas enfrentadas, amistades, divorcios, infidelidades, etc., sea la tónica de esta generación de actores y actrices que se dejan llevar por el común sentir de sus experiencias y las de sus amistades. De esta manera, el espectador de esta edad más o menos, pero también de otras, se siente como un Voyeur de vidas ajenas que nos hacen padecer y también sonreír, con sus devaneos, desconsuelos y equívocos. E igual te puede aflorar un escalofrío identificatorio pues ¿quién no ha pasado por alguna situación igual o equivalente?

Tampoco le falta el humor a la cinta, que sabe tocar la fibra sensible, incluso la más dramática, pero sin olvidar la sonrisa o llanamente la risa. Y eso es también un valor en un film que danza sobre la tragedia individual de hombres y mujeres que nunca acaban de encontrarse.

Y finalmente, también aludo a la temática de los cambios culturales y de mentalidad que nos está tocando a todos en estos años. Así, el emergente homosexual, o cómo la mujer se siente archiliberada a diferencia de hace apenas unas décadas –no muchas-, y cómo el hombre está atravesando actualmente una de sus peores etapas en la historia moderna. Pues todo esto hay que tenerlo en cuenta también en esta peli.

En resumen, película muy interesante sobre la naturaleza humana y más concretamente sobre lo complicado de las relaciones de pareja, más aún en la actual época, y con los cambios de la juventud a la mediana edad como añadido (45-55 años). En la película hay un momento en que Leonardo Sbaraglia y Eduard Fernández dicen que nadie les avisó de que esto iba a ser así de jodido, y que a pesar de sus cuarenta y muchos iban a seguir siendo tan ridículos. Pues eso. Si les perece, véanla y disfruten de una obra importante en la cinematografía hispana.

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