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Una segunda parte con el peso en los ‘grandes’ actores

Por Enrique Fernández Lópiz

Sonny, el joven indio a quien ya conocimos en la anterior película El exótico Hotel Marigold, a la que me referí no hace mucho en estas páginas, pretende abrir un nuevo Hotel con las mismas características, y a ello se dedica en cuerpo y alma, incluso ante la inminencia del matrimonio con el amor de su vida, Sunaina. Sonny tiene puestas sus pretensiones en un prometedor y bonito inmueble para reformarlo y hacer un nuevo Exótico Hotel Marigold para Personas Mayores, ya que el actual se ha quedado pequeño; incluso está falto de habitaciones para las nuevas demandas. Esto le plantea entre otras, una dificultad, la de alojar a un importante invitado norteamericano y una supuesta señora de mediana edad que acaban de aterrizar en India con el fin de quedarse en su Hotel: Guy y Lavinia. El film se desenvuelve en un tono amable y divertido, lleno de colorido.

De nuevo el director John Madden pone manos a la obra para recrear una nueva entrega de este divertido Hotel de mayores, y lo hace con solvencia y ganas, y con mayores medios que en el anterior film. Así, de nuevo Madden nos expone una India pujante, alegre y acogedora, y un elenco de grandes actores de la Tercera Edad, cuyo resultado es un film entrañable y ameno, aunque luego pondré algún inconveniente a esta calificación.

El guión del mismo Ol Parker, quita y añade elementos a la anterior entrega, dando una mayor enjundia al libreto que ahora tiene una trama más “redonda”, incluidas sentencias sabias de los añosos inquilinos, lo cual que me agrada, pues hay en la denominada “vejez dichosa” algo que indiscutiblemente se gana en relación a otras edades más juveniles: experiencia y sabiduría. Guión pues correcto, del mismo modo que me ha resultado muy agradable la música ad hoc de Thomas Newman y la fotografía preciosista y de gran colorido de Ben Smithard.

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El reparto prácticamente se mantiene igual anterior, PERO se añade como elemento comercial y de atractivo a un norteamericano, nada menos que a un canoso y reposado Richard Gere luciendo palmito a su edad y que está correcto, porque al modo de los jarrones bonitos queda bien donde lo pongan, pero su interpretación la he visto desganada y falta de sintonía con el resto del plantel. Los demás son prácticamente los mismos como Judi Dench (ex James Bond: excelente), Bill Nighy (admirable sobre todo en su discurso final), Maggie Smith (muy bien), Tom Wilkinson (sembrado), Celia Imrie (guapetona y OK), Ronald Pickup (cinco estrellas), Penelope Wilton (excelente), el joven Dev Patel (como siempre alegre y convincente), la bella Tena Desae (estupenda), y el americano Gere bien pero sin excelencia, y acompañan más que bien Diana Hardcastle, Lilete Dubey, David Strathairn y Tamsin Greig.

Sin embargo hay algo muy importante, esto es, que se puede observar a la legua el dicho de que “segundas partes nunca fueron buenas”. Es decir, que más allá de que estemos ante una comedia dramática entretenida, amena e incluso divertida, se nota mucho cómo John Madden y su guionista Ol Parker hacen lo que pueden, pero en realidad no tienen una verdadera historia que contar, de manera que los esfuerzos son en vano, salvo por cuanto redondean la primera entrega con diálogos tipo gurú, nuevos amoríos y un folklorismo de boda hindú que resulta agradable para una tarde de domingo, pero sin mayores pretensiones: no hay una historia nueva.

De otro lado, he observado una tendencia a la occidentalización de determinadas sub-historias, como el romance de Gere con la madre viuda del joven dueño del Hotel Sonny, algo que sería inadmisible en la cultura hindú, así como algunos comportamientos un tanto “sueltos de cuerpo” de Sunaina, la novia de Sonny, igualmente fuera del contexto cultural hindú.

Y eso sí, el choque cultural de la primera parte del Hotel Marigold ya no se da en esta segunda parte. Ahora la India es ya un regalo, un premio placentero para los mayores que allí viven. A veces este premio resulta un tanto empalagoso y sentimental, a la vez que con rasgos estereotipados por demás, de una India demasiado tópica. Y aunque las constantes de la primera y la segunda entrega son equivalentes, como apunta Ocaña: … los temblores de la primera entrega se han agudizado hasta conformar una película en la que acaba pesando más lo cargante que lo afectuoso.”

Veamos, la primera versión del Exótico Hotel Marigold que nació en 2011 fue como quien da por primera vez al interruptor de la luz en esa habitación en penumbra y sin ventanas con que se suele dibujar la vejez. Era un film para espectadores esencialmente mayores, donde se movían personajes metidos en años y donde no faltaba el deleite por el exotismo, la sexualidad, la espiritualidad e incluso la posibilidad del cine como forma de autoayuda. Todo ello con grandes intérpretes y una buena dirección y guión. Una colección de intérpretes carismáticos, rostros arrugados y limpios de cirugía que colocaban la película por encima del buenismo, el artificio y más aún de la humorada sobre la vejez.

Pero este Hotel Marigolg II, ya no es la luz del primero, es a lo sumo una alargadera, una extensión de aquél. Entonces ¿tiene algún mérito esta película? Pues sí, mérito tiene. Lo mejor es que Madden con los mismos ingredientes consigue un resultado óptimo sencillamente (pero inteligentemente) con cambiar las dosis actorales. Como dice Oti: … este «Nuevo exótico hotel Marigold» concentra casi toda su fuerza en la personalidad, estilo y verbo de media docena de veteranos actores británicos que trastocan y conmocionan el sentido de lo exótico: ellos son lo exótico y no el hotel, ni la India, ni el espectacular y previsible número de baile al mejor estilo Bollywood […] El argumento son ellos, sus sentimientos y el modo elegante de exponerlos y ocultarlos.

Hay un llamativo “resto”, los planes de expansión y también de boda de Sonny, los bailes y la luminotecnia, pues bien todo eso no es más que la excusa argumental para dar alas a cierta melancolía otoñal y que la historia ruede más engrasada. Incluso se agradece la extravagancia de Gere, un actor gaseoso en mundo actoral sólido –ya tendría que aprender de sus colegas británicos; Gere es una guinda que no a todos gustará, de una pastel que ya conocíamos y del vemos una versión nueva en la que ni el director ni el guionista tienen mucho que ver: ¡que vivan las arrugas, o sea, los (actores) mayores! (que son los le confieren gracia y malicia a esta obra).

Comentarios

  1. Sandra

    Una película ideal para quien quiera risas sanas y esté saturado de pistolas y coches de carreras. Excelente reseña Enrique, da gusto leerte.

    • Enrique Fdz. Lópiz

      Gracias Sandra, me alegra que te haya gustado la peli… y mis comentarios. Saludos cordiales

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