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Una residencia para caerse de la moto

Por Enrique Fernández Lópiz

Se sitúa la historia en la Provenza francesa a finales del siglo XIX. A La residencia destinada a señoritas de dudosa procedencia llega la tímida Teresa (Cristina Galbó). La señora Fourneur es la directora de la residencia, quien recibe al caballero que trae a Cristina y la acomoda en la institución. La tal directora utiliza métodos muy severos y coercitivos con las internas, lo que no gusta en absoluto a las muchachas; por este motivo, tres alumnas se han fugado del centro y no se ha vuelto a saber de ellas. Pronto Teresa se dará cuenta de esas estrictas normas que sufrirá en carnes propias. Una de las jóvenes internas de nombre Irene (Mary Maude), aprovechando que goza de la predilección de la directora, descubre a Teresa en algo impropio y amenaza con delatarla. Bajo chantaje, la tortura moralmente por mero placer y diversión. De hecho hace igual con el resto de chicas desde una posición de superioridad y poder que le confiere la directora, aunque Mme. Fourneau no está enterada de estas actividades de su pupila. En el mismo edificio también vive Luis, un adolescente sobreprotegido por su madre, la directora. Aunque su madre le tiene terminantemente prohibido relacionarse con las jóvenes, éste las espía continuamente e incluso entabla amistad con Teresa. En un momento dado, Teresa, asustada, se fuga desapareciendo sin que se tengan señales de vida de ella. La vigilante asegura que por la puerta no ha salido. La desaparición de Teresa, que es ya la quinta de una serie de desapariciones similares, empieza a provocar sospechas en la directora.

El director Narciso Ibáñez Serrador, acostumbrado a realizar relatos de terror en cine (Obras maestras del terror, 1960) o en TVE (Historias para no dormir, 1967-1969), aborda con su magisterio este film de pavor que desde mi modo de ver y aunque se le notan los años, sigue conservando muchos elementos de interés y sigue manteniendo una atmósfera verdaderamente angustiosa y asfixiante. Fue el mismo Ibáñez, en compañía de Luis Verner Peñafiel y Juan Tébar, junto  a la inspiración en el concepto climático de su admirado Edgar Allan Poe, quien escribió el guión. El libreto está basado en una historia del egregio escritor, cineasta y guionista Tebar, una narración con un fondo de inquietud, una original historia con un final espeluznante, que aún hoy se sigue viendo con zozobra.

La música de Waldo de los Ríos es una banda sonora prominente y efectiva que acompaña muy bien la historia; y tiene una gran fotografía medio oscura, de Manuel Berenguer, que sabe situar el foco en los lugares adecuados para provocar intranquilidad. Impecable acabado técnico y vestuario. Magníficos exteriores y escenarios grabados en el palacio de Sobrellano, en Comillas (Cantabria).

El reparto está muy bien, bajo la sabia batuta de su director Ibáñez. Tenemos actrices y actores de valía como la multitalentosa y excelente actriz alemana Lili Palmer (tenía en su haber la Gran Cruz al Mérito de la República Federal Alemana), que hace un encomiable trabajo en esta obra como Mme. Fourneau, que dirige con mano de hierro la residencia de señoritas, especie de viuda negra en el centro de su tela de araña; la madrileña Cristina Galbó, muy bien en el papel de la interna Teresa; John Moulder-Brown, actor británico, cumple en el rol de hijo retraído y enigmático; la también británica Mary Maude está muy correcta como interna cruel y dominante; y acompañan Cándida Losada, Maribel Martín, Pauline Challoner, Paloma Pagés, Teresa Hurtado y Blanca Sendino, todas muy correctas.

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Hace muchos años salía yo de ver en su estreno esta película, habiendo tenido que soportar una buena cola para comprar la entrada. Fui solo y era apenas un adolescente, pero alguien me había aconsejado el film y decidí asistir a la función. Era quizá la primera película de estas características que yo veía; una película densa, claustrofóbica, morbosa e incluso atrevida (eran las primeras escenas de chicas casi desnudas en los baños, lo cual espiaba el hijo de la directora). En fin, que la cosa tenía su miga. Nunca he sido de tener miedo en las películas, pero cuando vi por primera vez La residencia confieso que el suspense y la certeza de que algo terrible iba a ocurrir, me produjo cierta ansiedad y agitación de ánimo. Luego diré en qué acabaron estas sensaciones por las que pasé.

La trama se desenvuelve en el universo cerrado de la residencia, con una fuerte carga de prohibiciones y de represión, incluyendo la represión sexual. Este encuadre de la historia va generando relaciones mórbidas entre los personajes del centro, lo cual que nunca se aclara. Se exhibe un erotismo descafeinado con lesbianismo soterrado, voyeurismo, acciones sadomasoquistas, incesto y otras inclinaciones inconfesables, buscando el lado perverso de los caracteres que maneja. Ibáñez Serrador, al meramente sugerir estas manifestaciones, deja que sea el espectador quien las interprete o las deduzca (https://www.youtube.com/watch?v=Ig0d9e_soLw). Lo que sucede es que más que lo sanguinolento, lo que asusta verdaderamente en la película es la imagen tan trastornada que crea el director sobre las relaciones humanas dentro de los muros del centro. No hay ni una pizca de humanidad y todo parece adaptado a unas reglas sombrías que siguen a una naturaleza bárbara y cruel.

Lo que se mal-respira en los 98 minutos de metraje es un enjambre de chicas dirigido por una madame despótica, una élite de alumnas que actúan a modo de vigilantes del resto, una alumna jefe y maligna, un entramado de corrupción, personajes varones que son meros peones, y de telón de fondo, un inquietante joven que será quien precipite la trama hacia un final sorprendente y espeluznante. “Chicho crea un film interesante por la atmósfera de servidumbre y dominación desarrollada con equilibrio, detalles y elegancia, pausado, con un montaje estupendo y una narración llena de sugerencias que no evita la muestra directa de escenas sanguinolentas con slow motion incluido” (Méndez).

Para haber logrado más altas cotas, a la obra le falta más potencia en algunas situaciones, lo cual difícilmente podía ser por la censura del momento que así y todo hizo la vista gorda bastante, diría yo, para lo que eran aquellos tiempos. Ocurre también, en otro orden de cosas, que eran pocos los personajes que podían encajar en el papel del asesino; es decir, aunque que resulte relativamente previsible imaginar cómo concluirá la historia, sin embargo Ibáñez vuelve a salir triunfante, ya que aún en estas circunstancias, el final es auténticamente sorprendente.

La película es sin duda un emocionante viaje al horror. A través de la opresiva y tensa atmósfera de barrocos pasillos al modo Poe, un horror gótico mezclado con lo que será el mejor cine giallo (mezcla thriller y cine de terror), Ibáñez nos pasea sutilmente por crímenes rodados de forma hiriente, con recursos de cámara extraños (que incluye un plano pausado en plena decapitación), pero que crean un impacto excepcional, con un cambio de ritmo tan brusco y antinatural, que sin quererlo y quizá de forma medio torpe, medio azarosa, consiguió algunas de las escenas más memorables del cine español de terror.

Como datos curiosos, en esta película se rodó el primer crimen evidente, filmado a cámara lenta, en la historia del cine español. Y además fue la primera película española rodada en inglés.

Concluyendo, cuando salí del cine en aquel 1969, de noche, me dirigí un poco tambaleante a recoger mi sufrida motocicleta para volver a mi casa, que estaba alejada de la ciudad, por un camino oscuro. Y así lo hice. Arranqué la moto, la puse en marcha y me encaminé a mi destino a toda marcha sin olvidarme para nada de la dichosa película. En una cerrada y mal asfaltada curva, mi zozobra interior seguramente, me hizo derrapar y caímos moto y yo por el arcén de forma estrepitosa pero sin mayores consecuencias. Los hombres de una venta cercana que oyeron el ruido de la caída me ayudaron a incorporarme, a poner la moto en pie y me dieron una copa de licor, pues al parecer mi semblante era blanco como la cera.

Transcurridos unos minutos monté de nuevo en la moto y llegué a mi casa. Nunca olvidé esa película ni aquella noche cerrada de primavera. Hace unos días volví a verla. Y a pesar de que hay aspectos técnicos y de guión que el tiempo no ha perdonado, me siguió pareciendo una cinta muy apropiada para quien guste del terror en el cine. Película española injustamente olvidada e infravalorada.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=6khLHdSiJJs.

Comentarios

  1. Alberto

    La descubrí hace unos meses y me pareció una maravilla, me gustó sobre todo esa atmósfera tan conseguida. Si la hubiera visto en mis años mozos me habría dejado huella seguro. Totalmente recomendable.

    Un saludo.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    SÍ, ES UNA PELÍCULA OLVIDADA Y QUE NO TUVO EL RECONOCIMIENTO DE HABRÍA SIDO DE DESEAR. SALUDOS AMIGO

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