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Una policía peligrosa y la represión institucionalizada

Por Enrique Fernández Lópiz

En un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires vive el Zapa, un humilde cerrajero. Al ser un pueblo con poca actividad y muy tranquilo, hay poco trabajo de cerrajería, y el tiempo transcurre muy lentamente. En una de esas, el Polaco, dueño de taller, le da el encargo a el Zapa de que vaya a abrir una caja fuerte en una oficina. Se trata, en fin, de una engañifa, lo cual que al día siguiente el Zapa es hecho preso imputándosele el robo de la tal caja de caudales. Pero su tío Ismael, a la sazón policía del cuerpo de la Bonaerense jubilado, logra sacarlo de la cárcel y lo manda a la ciudad de Buenos Aires con una carta suya de recomendación, para que pueda ingresar en esa policía de la capital. De esta manera, el Zapa se convierte de la noche a la mañana en un joven aspirante a agente de la Policía Bonaerense. El muchacho está perplejo por el cambio a la gran ciudad y viviendo todos los acontecimientos de la Academia en el curso de formación, luego en su vida privada, en el trabajo en comisaría y en todo tipo de actividades que le toca hacer. Su vida resulta ser algo impensado por él, como una especie de ficción o extraño sueño con el que tendrá que convivir el resto de su vida.

Pero el Zapa se da cuenta también de que sus habilidades como cerrajero, le van a ir abriendo puertas (nunca mejor dicho) y destacar por encima de sus incompetentes compañeros, con lo cual se gana la confianza del comisario de turno. Todo ello le lleva a estar introducido de pleno en las costumbres podridas del susodicho cuerpo policial.

Vi la película El bonaerense en La Plata (Argentina) la época de su estreno. Argentina vivía inmersa en una crisis económica devastadora (diciembre de  2001/enero de 2002), cuando hubo el famoso “corralito, o sea, un congelamiento parcial de los depósitos, un incumplimiento parcial de la deuda pública, y el abandono del tipo de cambio fijo, lo que unido a que no se podía disponer de dinero en efectivo de cuentas corrientes y cajas de ahorros, llevó a un colapso de la producción, a altos niveles de desempleo y disturbios políticos y sociales.  Tras el fracaso del Radical De la Rúa, y tras la confusión de la elección de Rodríguez Saá, etc., Eduardo Duhalde decidió dar fin a la Ley de Convertibilidad que había estado en vigor durante diez años. En ese contexto, sabía yo sobradamente yo por mis largas estancias en Buenos Aires, que la policía de la ciudad, la llamada Bonaerense, constituía todo un ejército de hombres y mujeres armados, y no todos muy recomendables, por decir algo. O sea, no muy de fiar y al servicio de ciertos poderes en la sombra de otro Gran poder (político). Cuando la vi me impresionó. Salí a la calle mirando por el rabillo del ojo de no encontrarme con ningún policía. Como que temiera más a la policía que a los malhechores.

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Y la verdad, no sé cómo se permitió ese estreno tan crítico y tan negativo hacia la policía Bonaerense, tanto que como digo, lo que se ve y lo que claramente se dice en el film sobre esa casta de terror es: extorsión, hurtos, raptos, mafia, en fin, un encadenamiento de delitos sin fin.

El director Pablo Trapero hace un excelente trabajo en esta cinta, con un guión interesante y valiente de su propia autoría. El film mantiene un potencial narrativo de gran interés y mi experiencia es que estuve atento al máximo durante todo el metraje. Música que acompaña muy bien de Pablo Lescano y excelente fotografía de Guillermo Nieto.

El reparto es muy bueno, con un excelente Jorge Román como protagonista y un elenco de actores de primera con nombres como Mimi Ardú, Darío Levy, Víctor Hugo Carrizo, Hugo Anganuzzi, Luis Vicat, Graciana Chironi, Roberto Posse, Aníbal Barengo, Lucas Olivera, Jorge Luis Jiménez, Daniel Costa y Gastón Polo.

La película nos muestra la cruda realidad, sin verso ni ornamentos, de una institución cuestionada en la Argentina, que pone en evidencia a la policía de la urbe, mostrándonos lo aspectos ocultos de este cuerpo, sus entresijos, sus negocios turbios, la prostitución, los movimientos corruptos por los bajos fondos, una selva donde rige la ley del más fuerte.

Trapero juega en el estrecho límite de la crítica cruda y la realidad de una época, la de los noventa en la Argentina, en plena crisis económica y moral, dándonos a entender que la policía puede llegar a ser aún más peligrosa que los propios delincuentes. En su momento, Marcuse se refirió a las fuerzas del orden, policías y otros, como elementos represores aceptados, la “represión institucionalizada” al servicio básicamente del poder, el dinero y las instituciones al uso. O sea, ante la limitación de los bienes de consumo, alguien ha de guardar el orden. Como escribiera el propio Marcuse: “… la excusa de la escasez ha justificado la ´represión institucionalizada´ desde su principio.”

Y es que cuando tanto se cacarea sobre la necesidad de pacificación y de renuncia a la violencia, habría que dirigirse en primer lugar a los que la ejercen legalmente, de forma oficializada; y preguntar (se) si la practican razonablemente bien o con la intención de ejercer un poder irrestricto sobre el ciudadano, que se ve de esta forma indefenso frente a las fuerzas del orden convencionales, cuando éstas son corruptas; caso de la policía, ejército, etc. en determinadas sociedades o colectividades facinerosas o perversas.

Pues bien, en este sentido El bonaerense es un film de una factura escalofriante, con tintes de realismo y un aire documental, que aumenta el interés de esta obra. Y sus actores responden a la perfección a ese estilo de próximo al documento dramático, con una policía de terror que más que ayudar o defender al ciudadano, es el ciudadano quien debe tomar cautelas ante sus tropelías.

Igualmente es cine social, por cuanto en el país austral es sabido que quienes visten el uniforme de la Bonaerense, son por lo común gente socialmente baja o marginada, a la que se recluta por diferentes vías para aumentar el contingente de individuos armados en este ejército inquietante. Esto genera una subclase armada que Trapero, pero el ciudadano porteño en general, entiende como potencialmente peligrosa. De hecho, los habitantes del Gran Buenos Aires, cuando sufren robos o alguna forma de tropelía, prefieren arreglar las cosas por su cuenta sin llamar a esa policía, pues no saben bien si las consecuencias serán positivas o, como muchos piensan, perjudiciales. O sea, que desconfían.

Por estas razones de la temática y también por el cómo su director aborda la misma, la considero digna de recomendación.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=eqsYfStdxqI.

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