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Una pesadilla divertida

Por Javier Fernández López

Siendo directo, esperaba algo peor de lo que he visto en Pesadillas. Más que peor, infantilista. Pero una vez vista la película, pese a que es cierto que está enfocada hacia un público juvenil, ciertamente estamos un producto que no tiene desperdicio. ¿Por qué? Porque es divertida, que es su principal cometido desde el principio hasta el final, una película que juega a ser metapelícula, en tanto que parodia la propia propuesta mediante un subgénero de cine muy concreto, el de los 80, y lo hace bien. Juega con los que conocemos el programa de televisión, hay cosas reconocibles, pero cambia el género, ya no se trata de relatos de terror para jóvenes, sino de una aventura al más puro estilo Casper o Los Goonies. Por cierto, y aunque algunos no estén de acuerdo, pero que tome nota Abrams, que lo de Super 8 le salió regular pretendiendo algo parecido.

Rob Letterman repite con Jack Black después de otra divertida película, Los viajes de Gulliver, con un registro diferente, como nos tiene acostumbrados el actor. A veces me cuesta entender por qué hay detractores de su cine, cuando su filmografía es, cuanto menos, un cúmulo de gran entretenimiento. Y no es que sean pocos los géneros, más aún si contamos aquellas películas donde ha estado simplemente de secundario. En su papel del escritor R. L. Stine está absolutamente genial, aunque la cinta marca muy tempranamente el tono, por lo que es cierto que no termina de brillar tanto. Eso no es algo negativo, porque en realidad lo que se produce es que Black no es la estrella de la función, sino todos y cada uno de los actores y actrices del reparto. Mención especial, sobre todo, para los policías del film, no me esperaba algo tan gamberro.

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Tampoco puede decirse que Pesadillas sea una gran película. No es maravillosa y podría haber sido mejor. Los que vimos el programa de televisión, si nos ponemos algo puristas, que no es algo recomendable en realidad, sabemos que había por ahí historias con más sustancia, sobre todo por el capítulo de La máscara maldita. Por supuesto, el espectador entenderá por qué no aparece en la película, pero te deja un sabor amargo. Por suerte el gran villano de la función es Slappy, al que echábamos de menos. Un muñ… perdón, un villano de gran calibre, capaz de crear el mayor de los caos en una ciudad en busca de venganza. Bien podría haberse llamado la película “La venganza de Slappy” como se sugiere en cierto momento.

¿Lo mejor de la cinta? Cuesta quedarse con algo, porque son muchas cosas en realidad, sobre todo los diálogos, lo bien que están recreadas las situaciones y la sencillez de la propia película, que se queda en una zona de confort muy agradable y amena. Pero si hubiese que quedarse con algo, sería con el tono escogido, más cómico que terrorífico, lo cual es un acierto. ¿Lo peor? Que no hayan usado alguno de los elementos reconocibles de la serie.

Eso sí, la forma de ejecutar el cameo que aparece al final es fantástico.

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