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Una película vibrante, alegórica e ideológica

Por Enrique Fernández Lópiz

En la película un par de pobres delincuentes deciden atracar un banco en Brooklyn, urgidos por su necesidad imperiosa de hacer caja como sea, dada su vida poco menos que de indigentes. Debido a su falta de experiencia, el robo se complica, convirtiéndose en una trampa para los atracadores, a la par que el acontecimiento del atraco se convierte en todo un espectáculo social retransmitido prácticamente en directo por la TV. Conforme avanzan los acontecimientos, los ladrones empiezan a ser jaleados por el gentío agolpado en torno a la sucursal bancaria, la gente los apoya,y al contrario,recrimina la actitud de la policía. Incluso en el interior, los rehenes empiezan a mostrar una actitud comprensiva y de apoyo a los asaltantes.

Me gustó mucho esta película cuando la vi, hace añares. Era creo recordar, la primera vez que veía una cinta de apoyo al ladrón en el cine, quitando a los Curro Jiménez o Robín Hood más propios de la leyenda o de los cuentos. Pero esta historia se desarrollaba en nuestro mundo, ¡era real!, en un mundo tan severo con los malhechores, que no se para a conocer las circunstancias que los han arrojado a delinquir, tal el caso de los protagonistas, unos desgraciados al fin.

SidneyLumet hace gala de su maestría en este film que ya fue reconocido en el año 1975: Oscar al mejor guión de Frank Pierson (basado en una historia real en artículo de P.F. Kluge y Thomas Moore recogido en el libro de Leslie Waller), y seis nominaciones que incluían película, director y actor. Festival de San Sebastián mejor actor Al Pacino.Globos de Oro: siete nominaciones, incluyendo mejor película-Drama. Círculo de críticos de Nueva York: nominada a mejor actor, Al Pacino. Asociación de Críticos de Los Ángeles: mejor película, director y actor.

Pero ante todo es un drama-thriller con una importante carga social e incluso de humor irónico para con los personajes principales, que siendo como he dicho unos delincuentes de tres al cuarto, logran poner a su favor a la opinión pública, en contra de todo el despliegue policial y las fuerzas de la ciudad. Incluso la policía llega a ser humillada por el delincuente que protagoniza con enorme maestría el entonces joven Al Pacino. John Cazale, un actor fallecido prematuramente (1935-1978), aunque pudimos verlo en películas de culto como El padrino, 1974, El cazador, 1978 y la que aquí comento, hace también un meritorio papel de cómplice triste y melancólico en el atraco. Ello sin olvidar la interpretación coral en los roles de las empleadas del Banco, el director del mismo o los policías, actores y actrices como: Charles Durning, Carol Kane, Chris Sarandon, Sully Boyar, Penelope Allen, Beulah Garrik, James Broderik, Sandra Kazan o Marcia Jean Kurtz, todo un gran cuadro de actores y actrices de reparto.

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Es, pues, una excelente película, de bajo presupuesto pero con un gran director, actores geniales y sobre todo unos diálogos y un guión que, ya hemos dicho, conforman una historia de impecable factura. Nerviosismo en sus protagonistas, acción, drama, gracia, y una honda carga de crítica social, constituyen este perfecto trabajo que además de entretener, también nos hace pensar sobre quiénes son y por qué están en un bandolos “unos”, y quiénes son y por qué están en otro bando los “otros”. Caen bien los ladrones. No digo cuánto de más bien caían estos personajes de segundo nivel que se enfrentaban a la fuerza hegemónica del poder institucionalizado de la policía, cuando se estrenó esta obra allá en 1975, cuando en España acababa de morir el dictador Franco, y que además, por otras razones ideológicas y culturales del momento, hacía que hubiera una gran conciencia social entre la juventud sobre todo, que estaba a flor de piel.

Me permito recordar aquí una comedia hilarante, española, que digamos copia el esquema de esta de Lumet. Me refiero a El mundo es nuestro rodada por Alfonso Sánchez y que tiene como protagonistas al propio Alfonso Sánchez, Alberto López o Maite Sandoval y estrenada en 2012; recomendable igualmente.

El mérito de esta película es que con las mimbres con las que fue construida, apenas habría merecido sino un vago recuerdo. Sin embargo concurren en ella un trío sin par que la ha hecho perdurar: el director Lumet, el guión de Pierson y la enorme interpretación de Al Pacino.

Lumet pone su inventiva y su genio en esta película basada como ya he dicho en hechos reales, donde se desmitifica el tema de los atracos, pues lejos del arquetipo del atracador calculador e inteligente, Lumet nos cuenta una historia enternecedora de auténticos chapuceros. Personajes que son motivo de lástima en el film y para los propios espectadores que ven la película.

Y qué decir de Pierson, que nos cuenta una historia caótica totalmente, sensible, penosa también, y con estos ingredientes consigue una delicada y meritoria ponderación entre la nerviosidad, la acción, el entramado de los personajes, el drama de la historia y todo ello sin que falten sus buenas pizcas de humor. De manera que un guión impecable que resulta entretenido a la vez que lanza una dura crítica a los mediáticos medios de comunicación y a su capacidad para engendrar ídolos o iconos de quita y pon, para satisfacer a un público por lo común sincultura y despiadado igualmente.

Finalmente, Al Pacino da todo un recital interpretativo, creíble, cargado de tensión, individuo angustiado, con escenas ya épicas como cuando sale para hablar con la policía, escena en la que está auténticamente imponente, en la que llena pantalla.

Quiero para concluir, decir que esta película la asocio con ese aparentemente ingenuo pero profundo poema de José Agustín Goytisolo: Érase una vez, poema que transcribo al final del texto. Y es que los delincuentes de esta historia son una pobre gente, el lumpen social, versus el gran aparato de la autoridad con el brazo armado de la policía, acompañado del poder mediático de la TV, y todo para acabar mal, muy mal, como en una tarde de perros.

Érase una vez

Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

José Agustín Goytisolo

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