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Una película terapéutica

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando yo era niño, en el entonces llamado Bachillerato, en el colegio, se hacía hincapié y cada semana nos leían al menos en tres ocasiones y en el salón de actos, algún capítulo de un grueso libro que llevaba por título “Urbanidad” y que se refería, obviamente, al comportamiento correcto y a los buenos modales que demuestran buena educación y respeto hacia los demás. En él se hablaba sobre cómo conducirse en la vida, la buena formación, los modales que había que observar ante los demás, comportamientos sociales a tener en cuenta, etc. Y se trataban cosas muy aclaratorias que a modo de “rituales”, o sea, conductas más o menos estereotipadas, sirven a la convivencia: por ejemplo, había que lustrarse los zapatos, comer y beber con moderación y educación, cuándo, a quién y en qué circunstancias había que saludar por la calle, y había algo que no se me olvidará jamás y que encierra una gran verdad: en las reuniones nunca había que hablar de tres cosas: religión, política ni familia.

El nombre, es una película me ha hecho recordar aquellas sabias instrucciones que creo que hoy apenas se tienen en cuenta y que incluso los psicólogos eufemísticamente y casi como una nueva materia denominan “habilidades sociales”. Hoy observo el calzado descuidado, se come casi con las manos o se habla de los temas más espinosos o sensibles con total soltura y como si nada. Eso sin contar que en vez de llamar a la puerta de un despacho, se aporrea; en vez de dirigirse a una persona respetable correctamente, se hace de forma impertinente; en vez de entrar caminando a los sitios, se hace al galope; así como el empleo de palabras obscenas que se prodiga entre la juventud (“Las buenas palabras y el caldo de gallina no hacen mal a nadie”, dice el refrán).

Bueno, esto va a la idea de esta comedia francesa en la que los directores y guionistas encierran en cuatro paredes a un grupo de burgueses cuarentones o más, bajo el pretexto de una cena, que al final viene a ser el disparadero para que los rayos, los truenos y las centellas de la mala leche, el despropósito, la des-urbanidad y la insolencia campen por sus fueros.

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En la película Vincent (Patrick Bruel) es un hombre guapetón, deportista y triunfador que lleva muy bien los cuarenta: está en plétora, la vida le sonríe y las cosas le salen como espera y desea. Y para colmo de gozo y exultación espera por primera vez convertirse en padre. Por todo ello, se reúne junto con su hermana Élisabeth (Valeria Benguigui), su cuñado Pierre (Charles Berling) y su mejor amigo, Claude (Guillaume de Tonquedec), al cual estuvo muy vinculado en la infancia y al que hace tiempo que no ve. En esta reunión de seres queridos, Vincent quiere compartir su buena estrella y su estado de felicidad. En tanto, esperan la llegada de Anna (Judith El Zein), su esposa. Pero antes hablarán de cuestiones diversas relacionadas con la paternidad y con la necesidad de asumir nuevas responsabilidades. De entre la gran cantidad de asuntos que afloran, uno resulta decisivo: cuál será el nombre del bebé varón que está esperando.

Le Prénom (en francés), El nombre es claramente una película cómica sobre todo, escrita y dirigida por Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte. Es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro homónima escrita por los mismos autores. No fue en su momento la primera película de Delaporte, en tanto que director, pues ya había dirigido La Jungla en 2006, pero sí fue la primera de De La Patellière. La dirección y el guión de ambos son excelentes y cumplen su cometido de manera directa y genial, es decir, que el que tenga sentido del humor se va a reír en esta película a mandíbula batiente, aunque no creo que sea un humor comercia, ni tampoco popular. Excelente música de Jérôme Rebotier, y una gran Fotografía de David Ungaro, con una ágil cámara que persigue a los actores por las esquinas de la casa donde se desarrolla la historia. A ello se une una gran puesta en escena y un brillante montaje.

En su momento, este film fue galardonado con dos Premios César: uno al mejor actor de reparto a Guillaume de Tonquédec, que está realmente genial a la vez que ponderado y sin altisonancias en el papel de gran amigo; y un segundo César para otra actriz de reparto, Valérie Benguigui, que interpreta el papel de hermana del triunfador futuro padre, con una soltura y sencillez que parece sencillamente real. El resto de actores y actrices están igualmente desbordantes: Patrick Bruel, Charles Berling, Judith El Zein y Françoise Fabian, a los que sobra autoridad y simpatía para convencer con sus personajes. Y como la película transcurre en una habitación prácticamente en todo su recorrido, los actores necesitan y así lo hacen, compenetrarse al máximo y con la credibilidad necesaria, lo cual que ocurre. O sea, un recital tragicómico del elenco actoral de mucha altura ¡Chapeau!

Cuando Vincent dice que le va a poner de nombre a su futuro hijo Adolph, las iras y la afilada inquina propia de las miserias de los “progres” de la Francia burguesa, se ponen en marcha, y a modo de maquinaria de guerra social, se ceba a base de prejuicios, envidias y posiciones egocéntricas e infantiles que estallan en la cara de Vincent, que de ser el gracioso y feliz hombre, pasa por un momento de auténtico apuro en tan improvisado “ring social”. A raíz de esta supuesta elección de nombre, estalla la más cruda guerra, un terremoto que perturbará las relaciones y hará emerger un oculto depósito de reproches, culpas y secretos, y dispara las iras, los insultos y los maliciosos versos de unos y otros con relación al nombre de Adolph. De pronto, este detalle dará lugar a un duelo dialéctico sin cuartel, despiadado, excesivo y que como tal, suscita risa en el espectador. Sin embargo, creo que es una risa nerviosa pues ¿quién no ha ido alguna vez a una reunión y tras un motivo intrascendente ha ardido Troya y al final cada cual se ha ido por su lado?

Todo, como digo, por un detalle baladí y absolutamente peregrino. Luego los asuntos y temas se desplazan por derroteros inopinados e igual de locos y excesivos, pero esto no lo cuento para quien vaya a ver el film por primera vez.

Es un film sobre el querer estar sin saber, de la falta de urbanidad –a la que me refería al inicio de este comentario-, sobre la hipocresía, de cómo mantener intacto el maquillaje salvo cuando aparecen los preconceptos y los rencores antiguos. Habla esta película también sobre los antiguos resentimientos de décadas guardados en la libreta del “debe” para echar en cara al cuñado, a la hermana o al amigo. Esta película me ha recordado mucho a otra que, con sus diferencias, se me hace equivalente. Se trata del film de Polansky de 2011 Un Dios salvaje, basado en una obra teatral igualmente cáustica y de guerra sin cuartel intramuros también, de Yasmina Reza, sobre un asunto inicialmente nimio: uno de los matrimonios en liza en el film, acude a la casa de la otra pareja, para disculparse por la infantil agresión de su vástago al otro. Conclusión: ¡tormenta!

El guión de esta película El nombre abunda en diálogos brillantes, a veces lúcidos, a veces locos, a veces estúpidos e ingeniosos sin duda, que hace en quienes vemos la película que no perdamos comba.

No obstante, me parece que al igual que ocurre en la película de Polansky que antes mencionaba, esta obra acusa las limitaciones de trasladar el teatro al cine, algo que ya he denunciado en alguna ocasión.

No diré que sea la gran película, ni siquiera quiero dar a entender que está al nivel de las obras de Yasmina Reza, pues ésta logra en lo que yo he visto de su repertorio, la elegancia del ir al nódulo profundo y oculto del conflicto. En este film de Matthieu Delaporte y Alexandre De la Patellière, la narración es más abrupta, avasalladora e incluso a veces villana.

Si tienes sentido del humor, si has vivido reuniones y encuentros desafortunados, ve a ver esta película, te muestra lo que nunca se debe hacer y además, es terapéutica.

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Comentarios

  1. Pedro

    Crítica excelente hermano. Acorde con el nivel de la película.
    Certero análisis de la trama, de los entresijos, de las esencias del film, análisis crítico acertadísimo y profesional
    Un abrazo

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Me alegra que te guste la crítica, y a ver si me dices de las otras. Agur hermano

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