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Una película que ha envejecido

Por Enrique Fernández Lópiz

La muerte de Mikel fue rodada en 1983 y ha de verse en el encuadre político y cultural de esa época y en Euskadi. Por lo tanto, no es una peli para ser vista en abstracto, sino en su contexto socio-histórico. Esto quiere decir, desde mi modo de ver, que el tiempo no ha pasado en vano por el film. No es pues una obra eterna, de esas atemporales que se pueden ver siempre y que no pierden el pulso. Aquí hay que explicar el momento que se vivía, la política de turno en el País Vasco, el provincianismo de un pueblo asfixiante y brutal próximo a Bilbao –recuerdo la tradición de arrancar la cabeza a los gansos vivos como un juego o deporte-, qué es la izquierda abertzale, que era en la época de la transición española a pocos años del golpe de Tejero, etc. Un joven de hoy, verá probablemente con estupor esta cinta. O sea, si en su momento esta película fue considerada polémica e incluso transgresora, dado que la sociedad ha cambiado notablemente, lo que en los años ochenta resultaba impúdico y turbulento, ahora ya carece prácticamente de interés.

En ella se plantean las problemáticas de la política abertzale y, sobre todo, el tema tabú por aquel entonces de la homosexualidad. Todo ello en un pueblo de la vascongada profunda y dentro de una tradicional familia matriarcal de la burguesía local. El protagonista, Mikel (Imanol Arias), farmacéutico de la localidad, vive una agónica relación matrimonial. Finalmente acaba enamorándose de un travestí de vodevil, lo cual provoca el rechazo de su entorno y un trágico desenlace. La muerte de Mikel en circunstancias extrañas, pretenderá ser redituada políticamente por los correligionarios abertzales de izquierda afines a Mikel en la localidad.

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La dirección de Imanol Uribe es correcta, y el guión del propio Uribe junto a José Ángel Rebolledo es manifiestamente mejorable. Música de Alberto Iglesias perfilada y una fotografía de Javier Aguirresarobe que tiene un pase.

En lo que al reparto se refiere, cabe resaltar la interpretación sobre todo de Imanol Arias, que hace de forma convincente su papel de individuo depresivo, apático y que muestra que algo en su entorno no va bien. Le acompaña un equipo actoral compuesto por: Amaia Lasa, Montserrat Salvador, Xabier Elorriaga, Alicia Sánchez y Ramón Barea. Correctos todos.

No hay que negar que este film tiene, o mejor tuvo, su mérito, pues se mueve en terrenos pantanosos, difíciles, pero lo hace con valentía y amplitud de miras. Es un film sólido y de denuncia, donde se nos muestra el tradicionalismo a ultranza, la represión policial, y la contradictoria sociedad vasca, que conjuga el radicalismo político con las convicciones conservadoras y prejuiciosas.

Y Mikel es alguien que se muestra tal cual es, sin esconderse, saliéndose de la norma y convirtiéndose en una víctima sobre la cual recaen, a modo de chivo expiatorio, las culpas de una sociedad intolerante e hipócrita. Incluso su muerte será utilizada por quienes le rechazaron en vida.

Por lo demás, no deja de ser para mí otra de las tantas películas españolas que pasarán sin pena ni gloria a la historia del cine.

Puedes ver aquí un avance: https://www.youtube.com/watch?v=3xjEk5Sbfpc.

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