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Una película encantadora y excepcionalmente buena

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos ante una película encantadora, una excelente película con el sello de John Ford como Director y un excepcional guión del propio Ford y Frank S. Nugent basado en un cuento del escritor irlandés Maurice Walsh, que le dio la fama en su momento. El libreto combina elementos de drama, romance y comedia en las justas dosis para crear una obra equilibrada, bella y deliciosa, con lances de humor que mueven a la carcajada. La primera parte de la historia The Quiet Man apareció en la revista norteamericana Saturday Evenyng Post en 1933 y fue todo un éxito, que curiosamente, con el tiempo quedó ensombrecido por la fama del film que inspiró. Escribe Kurt que estamos ante una “comedia en estado de gracia que transpira el mejor talento de John Ford en cada plano. A pesar de su aparente sencillez, llevó años financiarla, pero afortunadamente tras su estreno se convirtió en un clásico inmediato […] Un film homérico, de una magia irrepetible”. Y para redondear la faena, funcionó muy bien en taquilla en Estados Unidos y Europa.

En El hombre tranquilo se cuenta la historia de un famoso boxeador estadounidense, Sean Thornton (John Wayne), que por una tragedia profesional, regresa a su Irlanda natal para recuperar su granja y olvidar el tormentoso pasado que le aqueja. Apenas llegar se enamora perdidamente de Mary Kate Danaher (Maureen O’Hara), una mujer de endiablado carácter, a la sazón hermana de su mayor enemigo en el pintoresco pueblo de Inisfree. Debido a las costumbres del pueblo, para conseguirla deberá enfrentarse asuntos para él nuevos, como la dote de la chica, la pedida de mano a su hermano, quien además se opone a darle a su hermana su dinero y pertenencias, y mil detalles más que a un norteamericano le parecen ridículas, pero que en el pueblo se lo toman muy pero que muy en serio.

Se trata de una comedia brillante, de las buenas, con un John Ford sembrado y un genial libreto, unido a las interpretaciones de alto nivel de John Wayne y Maureen O’Hara, junto a un grupo de protagonistas secundarios importantes como Barry Fitzgerald, Ward Bond, Victor McLaglen, Jack MacGowran, Arthur Shields y Mildred Natwick, a cual mejor.

Entre premios y nominaciones en 1952 obtuvo: 2 Oscar: Mejor director, fotografía color. 7 nominaciones. Globos de oro: Nominada Mejor director y banda sonora. National Board of Review: Mejor película. Venecia: Premio OCIC. Nada mal.

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La ambientación es maravillosa. La preciosa fotografía de Winton C. HochArchie Stout aprovecha la belleza natural de la campiña y de la costa irlandesa, realiza con maestría las escenas de acción y construye un homenaje al pueblo llano irlandés, a sus costumbres tradicionales y a la característica prevalencia en el mismo de la tipología pelirroja; y, obvio, el costumbrismo que rezuma te hace creer que estás de lleno en el corazón de Irlanda, de la Irlanda rural, tradicional y profunda. La banda sonora de Victor YoungRichard Farrelly potencia la sensación de estar viendo un cuento alejado completamente del mundo real, un espacio cercano al territorio de los sueños, las nostalgias y la leyenda. La música incluye una vibrante partitura original de aires celtas y románticos que además incorpora canciones populares tan bonitas como “Turalye Anne“, “Galway Bay” y “The Isle Of Innisfree“.

Es un filme de inusitada ternura y sencillez, a la par que confraternizador, templado, hermoso y con un enorme sentido del humor. Como escribe Palomino: “El hombre tranquilo´ es una obra plácida, serena, íntima, pero de hondura inabarcable.”

No en vano, como decía, esta película obtuvo el Oscar a la mejor dirección y a la mejor fotografía, amén de siete nominaciones más en su momento. Y que es una grande y genial película, una película de elevada talla. Como apunta Palomo: “El milagro del cine eterno, inabarcable, vive en El hombre tranquilo, como en otras tantas obras de Ford, gracias a un cineasta que acaricia sus imágenes, que ama a sus personajes, que convierte la magia del cine en la vida misma”.

Quien la vea no la olvidará y su ánimo y su espíritu, remontará el vuelo durante los 97 minutos que dura. Yo la vi hace poco de nuevo. Ya la he visto varias veces antes. La preferí, obvio, a otros estrenos de cacharrería, violencia gratuita o atletismo sexual.

Concluyendo, una película eterna, que habla de personas campestres, de amor, de costumbres y ritos, una cinta de siempre para cualquier época, para cualquier edad (jóvenes y mayores), y que sirve a modo de documento histórico. Es una obra irrepetible e Innisfree acaba siendo tan del espectador como de Sean Thorton. Hasta la palabra magia se queda corta para definirla. Es de esas obras auténticamente buenas e imperecederas. Un canto a la vida, al amor y a la amistad. Deliciosa e imprescindible.

Puedes ver el tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=s9SInib4W6s.

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