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Una película emblemática de los años cincuenta

Por Enrique Fernández Lópiz

El film De aquí a la eternidad se sitúa en la Segunda Gran Guerra, 1941, en la Base Militar de Pearl Harbour (Hawai). Justamente a la base acaba de llegar un afamado boxeador, ya retirado del cuadrilátero, el soldado Prewitt (Montgomery Clift). En la base hay un capitán, de apellido Holmes (Philip Ober), que conoce el historial de Prewitt y sus habilidades pugilísticas. De esta guisa, el tirano y cruel Holmes intentará por todos los medios que Prewitt se una al equipo de boxeo del ejército. Pero esta invitación es rechazada una y otra vez por el candidato, lo que provocará que se vea sometido a todo tipo de malos tratos y vejaciones por superiores y compañeros que no entienden su actitud. Prácticamente sólo cuenta con la amistad y la ayuda del soldado Angelo Maggio (Frank Sinatra), un hombre alegre, bebedor, mujeriego y simpático que no acabará bien a manos de un perverso sargento interpretado por Ernest Borgine. Paralelamente, el sargento Milton Warden (Burt Lancaster) y Karen (Deborah Kerr), la mujer del capitán Holmes, viven una historia de amor prohibida, que no acabará bien por las ambiciones de ella. También Prewitt-Clift tendrá su historia de amor con una preciosa e inconmensurable Donna Reed. Pero todo este entramado de personajes y la vida de todos ellos cambiará radicalmente el día que los japoneses atacan Pearl Harbour.

Dirige Fred Zinnemann con su habitual genialidad de maestro ya consagrado en la historia del cine (recuerdo aquí algunas de sus obras como Solo ante el peligro, 1952 o Historia de una monja, 1959). El guión está basado en la novela del escritor norteamericano de Illinois, James Jones (1921-1977), quien combatiera en la II Gran Guerra, lo que le sirvió para narrar con toda credibilidad sobre el conflicto; tal el caso de la novela que inspira este film sobre el ataque a Pearl Harbour: From here to eternity¸ 1951; una novela compleja de al parecer mil páginas, genialmente adaptada por el guionista de Daniel Taradash, que realiza uno de los guiones más perfectos de la década de los 50, que no es precisamente una década cualquiera (por cierto Jones escribió también La delgada línea roja; y por cierto el título de la novela que aquí nos trae se inspira en un poema de Rudyard Kipling, Gentlemen-Rankers, éstos eran soldados que podían haber sido antes oficiales pero decidían permanecer como soldados sin más: ¿nos suena en la peli esto?). La música está excelentemente llevada por George Duning, con especial referencia al blues, con algunos toques polinesios y jazzísticos, y canciones hawaianas (Chattanooga Chao Chao), festivas (Beer Barril Polka, al piano en el Club) y sensuales (Serenade in blue, Re-enlistment Blues); y elevada inspiración en la gran fotografía en blanco y negro de Burnett Guffey (el color habría vulgarizado la historia, dijo Zinnenmann).

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El reparto es sin duda todo un lujo con actores y actrices como Burt Lancaster (inconmensurable como sargento vocacional y hombre enamorado); Montgomery Clift (espléndido en su rol de joven sensible y a la vez fuerte y luchador); Deborah Kerr (guapísima y genial como Karen, amante del sargento Warden); Frank Sinatra (ágil y que sabe conjuntar humor y drama el papel del pícaro Angelo; la prensa americana llegó a decir de Sinatra: demuestra que es un actor interpretando al infortunado Maggio con una alegría tan real como conmovedora”); Donna Reed (bellísima, expresiva y todo un lujo de actriz); Ernest Borgine (gran duro y siniestro militar); Philip Ober (capitán Holmes, un hombre cruel que fue destituido: excelente); y en fin, acompañan con el magisterio del resto, Jack Warden, Mickey Shaughnessy, Harry Bellaver, John Dennis y Merle Travis.

Premios y nominaciones en 1953: 8 Oscars, incluyendo película, director, actor secundario (Frank Sinatra), actriz secundaria (Donna Reed) y guión. Globos de Oro: Mejor director y actor de reparto (Frank Sinatra). Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película, director y actor (Burt Lancaster). Premios BAFTA: Nominada a mejor película

La película se centra en temas como el adulterio, la prostitución, la corrupción, los castigos sádicos y la perversa disciplina militar, la rectitud en las creencias, la restricción de la libertad, el alcoholismo, la extorsión y el chantaje moral, o el valor y el honor conforme a los parámetros de la época. Pero siempre en un tono mesurado y contenido. De hecho no hay escenas explícitas de sexo, e incluso la violencia es tapada en cierto modo (por ejemplo, cuando se produce una lucha con consecuencia de muerte, ésta se produce fuera del campo de la cámara: Borgine-Clift). Así que tanto el director como el guionista son más inclinados a la sugerencia y las indicaciones veladas, que a la demostración directa. Aunque es obvio que no podemos olvidar una de las más llamativas escenas de amor y erotismo de este film y de siempre, como la protagonizada por la Kerr y Lancaster en una preciosa playa Hawaiana, a Jalona Cove, en el extremo de O´ahu; en ella, ambos embarrados y semidesnudos a orillas del mar, abrazándose y besándose hasta el último aliento… muy reconfortante.

El resultado de lo dicho es una atmósfera de tensión y dramatismo de gran nivel. Y no se nos presenta una única acción dramática, sino un entramado de dramas paralelos y simultáneos, cada uno con sus propias características, que conforman un conjunto denso y sugerente.

Hay algunas escenas bélicas como el ataque a Pearl Harbour que han envejecido un poco por su forma rudimentaria y poco efectistas de ser rodadas; pero en realidad, este film no es stricto sensu desde mi modo de ver un monográfico sobre aquella invasión, como ocurre en filmes como Pearl Harbor, 2001 comentada por nosotros aquí, sino un film que va más allá de ese final bélico. Aunque en honor a la verdad, el final hace que la historia gire de forma abrupta y gran parte de lo cuestionado antes, retorne sin mucha lógica, de nuevo al ensalzamiento de lo facineroso: el régimen castrense y lo militar; esto es, para mí, algo que no se justifica.

Pero concluyo. Algunos han querido ver en este film una de las mejores películas de la historia del cine. Desde luego es una de las películas más laureadas y queridas, después de haber ganado ocho premios de la Academia, incluyendo los de Mejor Película y Mejor Director. La vida militar es retratada con gran profundidad y la temática salta a escena brillantemente en este clásico dirigido maravillosamente por Zinnemann, con un elenco actoral de diez para arriba. Resulta así un film imprescindible de los años cincuenta. Esta película resultó ser un éxito de crítica y público que recaudó 30,5 millones de dólares, y no sólo fue una de las películas más taquilleras de 1953, sino una de las diez películas más taquilleras de la década de los cincuenta. Recomendable. Ahí queda.

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