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Una película digna, adaptación de una obra de Alfonso Paso

Por Enrique Fernández Lópiz

Me llamó la atención esta película de título El sol en el espejo, una obra que cuenta la historia de diversos personajes que viven en una misérrima pensión en Madrid. En este escenario se va forjando el romance entre una misteriosa mujer y un escritor fracasado, así como otros entramados diversos. Está basada en la comedia Los pobrecitos de Alfonso Paso, de la primera época del prolífico dramaturgo. En esta comedia-drama palpita una cierta preocupación social que se hace evidente en las precarias circunstancias en que viven los moradores de la pensión, sometidos a los dictámenes de la tirana patrona, siempre recordándoles su morosidad y otros asuntos más íntimos, como prueba de poder y de capacidad para represaliar a los moradores, a los cuales trata como “pobrecitos”. Pero resulta que cuando los habitantes del lugar están a punto de ser desalojados por falta de recursos dinerarios, la suerte viene a sonreírles y casi por encanto comienzan a llegar sobres anónimos con abundante dinero para cada uno de los inquilinos. Como se verá, y no quiero desvelar la identidad, la benefactora resulta ser una huésped de la pensión que robaba dinero en el banco.

Es una película que merece la pena ser visionada al menos una vez. Tiene, como ahora diré, unos actores soberbios, y además una estupenda estructura dramática junto a una excelente y dinámica narrativa, junto a con grandes diálogos.

Antonio Román, padre de la criatura, pertenece al grupo de directores renovadores del cine español de posguerra, junto con José Luís Sáez de Heredia y Rafael Gil. Sus películas fueron en numerosas ocasiones galardonadas y premiadas, aunque hoy su cine permanezca en el olvido. Si bien la evolución de Román es difícil de explicar, lo es cierto es que aprovechó el momento político para hacer dos películas que fueron los proyectos más arriesgados y personales de su filmografía; estas películas fueron Intriga (1943) y La casa de la lluvia (1943); pero tiene en su haber otras como Los últimos de Filipinas (1945), Pacto de silencio (1949) o La fierecilla domada (1956), por mencionar algunas.

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Gran guión de José Luis Colina, el propio RománAntonio Vich, basado en la obra que antes mencioné de Alfonso Paso, lo cual es siempre una garantía, como cabe suponer. Alfonso Paso era un escritor de teatro que se caracterizaba por su exquisita técnica, lo cual le facilitaba producir a un ritmo muy veloz y con pasmosa facilidad la descripción de personajes a caballo entre la caricatura y la extravagancia, así como la utilización de un lenguaje efectista. Muchas de sus obras fueron adaptadas al cine y a la televisión. De manera que tras este film está nada menos que la pluma de Paso, un autor que compuso más de trescientas obras teatrales, algunas de ellas tan conocidas como esta de Los pobrecitos, 1957; y muchas de gran éxito como Cuatro y Ernesto, 1960; Al final de la cuerda, 1962; o, por no extenderme, El armario, 1969. En la actualidad Alfonso Paso ha caído en el olvido, pese a que sus obras se han traducido a más de veinte idiomas y a que fue el primer autor español vivo en estrenar una comedia en Brodway (El canto de la cigarra, 1963). Sin embargo, a pesar de la indiferencia española, hoy día sigue representándose en países como Alemania, Hungría o México. De igual manera, el cine de Román ha sido también obviado, y apenas quedan rastros de su obra en cines, TV o salas de aficionados y cinéfilos.

Esta cinta tiene una buena música de Manuel Parada y excelente fotografía en blanco y negro de Manuel BerenguerAlberto Etchebehere. Gran puesta en escena.

En el reparto hay grandes actores, con una forma de actuación cuasi teatral, lo que hoy ya no es común, pero que no deja de ser meritorio porque hay arte y oficio en esta forma de trabajar. Esta película supuso la entrada de Luis Dávila en el cine español, un actor argentino que destaca por su elegancia y su prestancia ante la cámara. Además, actores y actrices de enorme solvencia y probada fama como Gracita Morales, Ismael Merlo, María Asquerino, José Isbert (en una de sus interpretaciones menos conocidas) o Porfiria Sanchiz (magnífica en el papel de la dueña de la modesta pensión) hacen trabajos muy meritorios y conjuntados, a los que acompaña la actriz y cantante argentina Yvonne de Lys (pseudónimo de Yvonne Bastien) que está muy bien, junto a Venancio Huro y José María Taso.

Es una obra donde los personajes están bien definidos y que tiene un poco de tinte surrealista, toque en tono buñueliano que resulta gracioso, esto es, que los moradores protagonistas no quieran irse de la pensión, donde parecen haber encontrado un entorno familiar con individuos de variada condición, e incluso un contexto de seguridad, amistad y camaradería, a pesar de la desagradable dueña, que es como una parte más de sus vidas.

Además, el film cuenta una sencilla historia de amor al gusto clásico, que si bien puede tener sus limitaciones por sus reservas y el enfoque un poco timorato, desde el punto de vista formal resulta impecable, amén de la ambientación interesante dentro de la pensión, lo que en las escenas exteriores incluso mejora.

Buen gusto, contención, y un singular encanto que posteriormente ya no se dio en nuestro cine. Este es cine tradicional en coproducción con Argentina, lo cual supone otro aliciente, dada la tradicional calidad del cine austral.

Otras películas de Antonio Román: http://www.cinecromos.es/el-sol-en-el-espejo.html.

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