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Una película de intriga que se deja ver

Por Enrique Fernández Lópiz

En el film, Charles Ritchmond (Ralph Richardson) es un magnate de las finanzas de agrio carácter y malignas intenciones, déspota y despiadado. Ritchmon lleva años inmovilizado en una silla de ruedas y con una frágil salud de hierro. En la trama juega un papel primordial Anthony (Sean Connery), sobrino del millonario cuya madre casó con su él tras fallecer su padre. Anthony odia a Richardson y anhela ante todo heredar su inmensa fortuna, aun sabiendo que su tío-padrastro no le va a dejar prácticamente nada en su testamento. Así, a través de él, entra en escena María, una enfermera italiana protagonizada por Gina Lollobrigida. María, con su belleza y bien hacer conquista el corazón de viejo rico. María también mantiene una relación amorosa y de negocios con Anthony. De esta forma y en el tenor de los acontecimientos, Ritchmon contrae matrimonio con María, boda que han tramado la propia María y Anthony. Si Ritchmon falleciera, María heredará una enorme fortuna, y su cómplice Anthony recibirá a cambio un millón de libras. Durante un crucero por las islas Baleares, Charles fallece inopinadamente. Supuestamente y según el sobrino, el testamento debe ser legitimado en Inglaterra para que sea válido, por lo que María y Anthony simulan que el magnate sigue vivo hasta llegar a Londres. Mas de manera inopinada la policía entrará en juego poniendo en entredicho la farsa.

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Se trata de una película británica dirigida con profesionalidad por el irregular Basil Dearden (Kartum). No obstante, es una película con sus dosis de intriga y tensión que nos mantienen pegados a la pantalla los 117 minutos qyue dura el metraje. Está basada en un guión con algunos altibajos de Robert Muller, Stanley Mann y Michael Relph, que construyen una historia de intriga donde los acontecimientos son en gran medida predecibles. De hecho yo iba imaginando lo que iba a suceder, y así ocurría; salvo quizá el final. O sea, un guión al que le falta algo más de sorpresa y de capacidad de asombro, que es lo que más se valora en este tipo de dramas de intriga. La música es esencialmente música de Ludwig van Beethoven, que era la música que apasionaba al magnate. La fotografía de Otto Heller está bien y ambienta con un color ocre la historia.

El reparto es excelente, con un Connery magnífico que sintoniza a la perfección con la bellísima Lollobrigida; ambos forman un tándem perfecto en esta película. E igualmente está magnífico el déspota viejo encarnado por un Ralph Richardson sembrado que sabe transitar de la malignidad a cierta benevolencia tras su matrimonio con la protagonista María, su ex-enfermera. Otros intérpretes cierran el círculo actoral con total credibilidad y profesionalidad, así, Johnny Sekka, Alexander Knox o Laurence Hardy.

Yo sí aconsejo esta película que por cierto no es muy conocida y sin apenas reconocimientos. Es una peli de intrigas que aunque predecible, al estar bien conducida por Dearden y magistralmente interpretada como hemos dicho, merece la pena. No olvidemos que por esa época, Connery está en pleno auge con sus papeles en el de 007 James Bond “permiso para matar”, y también, como no hace mucho dije en estas páginas, actuó ese mismo año con Hitchcock en Marnie, la ladronaLa Lollobrigida está también en pleno alza, esplendorosa, magnífica actriz, y no les va a la zaga el veterano Richardson. O sea, película entretenida que sin ser una excelencia se ve con gusto; y ¡ojo al inesperado final!

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