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Una película aleccionadora y positiva

Por Enrique Fernández Lópiz

Sidney Lumet dirigió en 1973 esta excelente película en la que se habla de la policía en los EE.UU., y la corrupción dentro del seno de su arquitectura organizativa, que toca a todos sus componentes, desde los de arriba a los de abajo, los agentes de a pie como su protagonista Serpico.

La dirección de Lumet es excelente, con un buen guión (quizá tocado por el tiempo) de Waldo Salt y Norman Wexler basado en la novela de Peter Maas. Maravillosa música de Mikis Theodorakis, una buena fotografía de Arthur J. Ornitz y excelentes también la puesta en escena y el montaje de la cinta. No obsta lo que digo, para que me haya dado la impresión de que el paso del tiempo ha dejado huella en el film, pareciéndome un tanto ingenuo e incluso naif en algunos planteamientos del guión y en algunas de las soluciones que se dan a la historia. Empero, buena película.

El cuadro de intérpretes es bueno en general, si bien destaca la presencia de un jovencísimo Al Pacino, siempre genial y convincente que lleva el peso de la obra. Junto a él, actores de reparto con desigual fortuna en su trabajo como John Randolph, Jack Kehoe, Tony Roberts, Biff McGuire, Cornelia Sharpe, Barbara Eda-Young, John Medici, Allan Rich, Ed Grover y Judd Hirsch.

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Serpico era una de esas películas que tenía ganas de ver desde hacía mucho tiempo, ocasión que surgió ayer en TV. La película cuenta la historia real basada en la biografía de Frank Serpico, un policía honesto, incorruptible que nunca se dejó sobornar, en un entorno policial donde esto era lo habitual por parte de sus colegas. Su talante decente le acarrearía problemas, evidentemente, al punto de verse expuesto a situaciones de peligro y a agresiones diversas, incluso al punto de quedar al borde de la muerte.

En aquel año 1973 recibió diferentes premios y nominaciones (más nominaciones que premios): 2 nominaciones al Oscar: mejor actor (Al Pacino), guión adaptado. Globos de Oro: mejor actor (Al Pacino). Nominada Mejor película-Drama. Premios David di Donatello: mejor actor extranjero (Al Pacino). Círculo de críticos de Nueva York: nominada a mejor actor (Al Pacino).

Como elemento que yo destaco de esta película está la claridad al definir valores como la honradez, la profesionalidad, la honestidad, la entrega al trabajo bien hecho o la INCORRUPTIBILIDAD. Tal vez sea un film para que se proyectara obligatoriamente en los foros de políticos, banqueros, multinacionales, y quién sabe, igual también entre la policía. Pues en este mundo de tanta corrupción, soborno, uso ilícito del dinero público (y privado), donde hay una dominancia implícita incluso de la idea de que si no eres así eres un poco tonto, pues una obra de este corte resulta aleccionadora. Serpico es un hombre cabal, valiente, minucioso y escrupuloso en el ejercicio honesto de su profesión como policía, y que no se aviene a las tentaciones del dinero fácil pero sucio que sus colegas le ponen en la mano.

Además, la película es la historia de un desencanto, como tantas veces ocurre lamentablemente en este mundo, es decir, nos cuenta el infortunio de un policía (que no olvidemos que fue un personaje real) que no podía imaginar ni por el forro que los valores que juró defender cuando se licenció como policía, estaban corrompidos dentro de la institución de la que entró a formar parte. Y en aquellos años setenta había que ser valiente como lo fueron Lumet y todos los que colaboraron en el film, para no dejar títere con cabeza en la policía norteamericana. Además, Frank Serpico no es presentado en la historia como un héroe, sino meramente como un policía que quiere ejercer su profesión de la mejor manera, incluso involucrándose en la sociedad y camuflándose en ella con sus extravagantes atuendos y su aspecto de pelo largo, bigote o pendientes; alguien que quiere hacer su trabajo con disciplina y oficio, tarea poco menos que imposible, tal como se irá dando cuenta en el transcurso de los acontecimientos.

Desde Doce hombres sin piedad yo admiro a Lumet. En esta película, al igual que ocurriera luego con la magistral Tarde de perros en 1975, Lumet y Pacino dan que hablar pero de manera positiva. Serpico, inspirado en un personaje real heroico de Nueva York, nos muestra las dificultades del vivir, eso que a veces los psicólogos llaman la “resistencia de la realidad” y que sencillamente quiere decir que ella, la realidad, lejos de facilitar, nos pone las cosas complicadas desde que nos levantamos de la cama por las mañanas. Por eso la existencia es un reto que hay que saber afrontar de la mejor manera. Serpico nos habla de eso, y de la valentía que conlleva esta tarea.

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