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Una palabra necesaria: NO

Por Javier Fernández Lópiz

Interesante y necesaria cinta chilena es la que dirige Pablo Larraín, No, que narra el plebiscito chileno de 1988. Estamos ante una película inteligente en su contenido, narrada desde la perspectiva de la publicidad, de la promoción política a través de las campañas de televisión. Se nos cuenta el final de la dictadura militar de Augusto Pinochet, un buen amigo del periodo de gobierno de Francisco Franco en España. Ante las tensiones y exigencias de los gobiernos extranjeros, el gobierno de Pinochet en Chile se ve en la circunstancia de realizar el plebiscito con la creencia de que ganará el SÍ con total seguridad. Sólo hay dos opciones, el SÍ y el NO, y para que se muestre el estado democrático en Chile, se otorga a la oposición la oportunidad de tener su propia franja en televisión durante 15 minutos para que se derroque a Pinochet de forma totalmente legal.

Un momento histórico importante, con personajes históricos importantes. La película de Larraín, no obstante, muestra problemas a la hora de ofrecerse al público, siendo un producto que casi se vende de forma exclusiva a unos pocos que estén interesados en el hecho en cuestión. Es curioso, porque la película es, al fin y al cabo, una muestra del poder de la promoción, del convencimiento a la multitud, y sin embargo Larraín no parece que tenga interés en que su película trascienda un poco más allá de una simple nominación al Oscar a mejor película de habla no inglesa.

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¿Por qué sucede esto? Porque la película es un producto sumamente feo de ver, con una estética horrible. Se entiende el propósito, pues la fotografía otorga a la película un componente sumamente realista en tanto que nos sumerge más en ese momento de la historia de Chile. Sin embargo, molesta, puede costar ver esta película, más aún si sumamos los movimientos de cámara, con lo que uno puede llegar a preguntarse si de verdad Larraín tiene talento. Todo lo contrario, como se dice al principio, es un film inteligente, pero falto de valor estético, de atractivo, de imagen, lo que es irónico.

Protagonizada por Gael García Bernal (La mala educación), que realiza un trabajo estupendo en el papel de René Saavedra como ejecutivo y director de publicidad, es lo mejor de la película, el personaje que hace precisamente que el film se muestre hábil en sus momentos de mayor virtud. Una película que, si bien puede discutirse si es buena o mala, no puede discutirse que sea necesaria, porque lo es.

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