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Una obra cumbre de Buñuel

Por Enrique Fernández Lópiz

El ángel exterminador es una extraordinaria película de nuestro gran Luís Buñuel, “el genio de Calanda”. Buñuel sabía que en España la censura no lo dejaría trabajar libremente en aquellos entonces, por lo que vuelve a acometer este proyecto en México, producido de nuevo por Gustavo Alatriste e interpretada por la esposa del mismo Alatriste, Silvia Pinal, entre otros intérpretes como luego diré, pues en realidad, más que actores principales, esta película emplea el formato de obra coral con múltiples protagonistas.

Este film fue realizado tras el enorme éxito internacional de Viridiana, film sobre la relación entre una novicia y su tío, que fue duramente criticado por el Vaticano por la «impiedad y la blasfemia» de la obra. También fue producido este film por Alatriste e interpretada por la Pinal.

Según cuenta Buñuel: … el año anterior, en Madrid, José Bergamín me había hablado de una obra de teatro que quería titular ´El ángel exterminador´. El título me pareció magnífico, y dije: Si yo veo eso en un cartel, entro inmediatamente en la sala. Le escribí desde México para pedirle noticias de su obra… y de su título. Me respondió que la obra no estaba escrita y que, de todos modos, el título no le pertenecía, que estaba en el Apocalipsis. Podía cogerlo, me dijo, sin ningún problema; cosa que hice, dándole las gracias.” De esta guisa la obra fue parida en 1962. Cuentan que Buñuel siempre se lamentó de no haber podido rodar la película en Europa, con más medios, concretamente en Londres, con toda suerte de lujos. Pero la producción no daba para tanto. Como él mismo dijo: “… en México, pese a la belleza de la casa, pese a mis esfuerzos por elegir actores cuyo físico no evocara necesariamente a México, padecí una cierta pobreza, por ejemplo en la mediocre calidad de las servilletas. No pude enseñar más que una, y esa, era de la maquilladora que me la prestó. Curioso y gracioso. Buñuel habría querido más boato, más fasto, personajes más lustrosos y con más aspecto de ricos, y de ricos anglosajones.

En la historia, un grupo de burgueses de la ciudad de Méjico es invitado a una cena en la casa palacio de los Nóbile, tras haber asistido a la ópera. Antes y durante la entrada de los comensales, se puede observar cómo los sirvientes y los cocineros sienten un imparable deseo de abandonar la mansión, lo cual que se marchan, cara al espectador, de forma inexplicable, como si la clase trabajadora de la casa, o sea, la servidumbre, barruntara algo malo. En efecto, al terminar la cena, los invitados descubren que por razones enigmáticas, no pueden salir de la habitación, si bien no existe nada aparente que lo imposibilite.

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Conforme transcurren los días de encierro van escaseando los alimentos, la bebida, algunos de los personajes enferman y el lugar se va convirtiendo en una especie de pocilga, con basura acumulada; incluso para aparentar y dar a los actores la sensación de suciedad, Buñuel decidió que los actores se untaran con miel de abeja y tierra, para que tuvieran la sentida impresión de estar mugrientos, lo cual que, al decir de Silvia Pinal en una interesante entrevista, fue muy duro y repugnante. En fin, que en la trama, los buenos modales y la cordialidad se van perdiendo paulatinamente y esos ricachones burgueses empiezan a comportarse de manera asilvestrada e incluso brutal, guiados por el instinto de supervivencia.

Cualquiera que vea esta película, no podrá escapar a dos mensajes principales. El primero es que las clases sociales altas, los ricos de vocación, la burguesía en el peor sentido constituye una clase cerrada sobre sí misma, lo cual la aboca a una suerte de descomposición y degradación. Y está claro que Buñuel carga contra esa clase burguesa que se asfixia en su propia consunción, sin ocurrírsele a nadie, tan cegados como están con sus asuntos, con sus negocios y riquezas, a empujar la puerta y salir al aire libre, a un terreno abierto y expedito. La comunidad de gentes de esta película está prisionera de su propio egoísmo y su inmoralidad; no ven más allá de sus propias narices. Toda una parábola sobre la putrefacción de una clase social endogámica e insalubre. Hay que fijarse que eso no ocurre en la generalidad de los mortales. El ejemplo en el film son los sirvientes, que saben marcharse a tiempo. Pero la clase dominante lucha en la trama contra una fuerza invisible, sin razón alguna objetiva, lo que hace que afloren pulsiones desconocidas, reacciones primitivas y una gran angustia.

La segunda parábola que a mí particularmente siempre me ha iluminado desde que vi esta película y que suelo tener en cuenta en la vida, es que una solución, una alternativa o una puerta no se abren si uno no se acerca, agarra el pomo, lo gira y observa que lo que parecía clausurado, es sencillamente accesible, está abierto. Que los problemas y las dificultades, en gran medida sólo requieren abrir puertas que están abiertas, pues por lo común, nada está definitivamente sellado. Somos nosotros mismos quienes nos encerramos.

Del trabajo de Buñuel como director apenas diré casi nada, pues ya mucho se ha escrito sobre este genio. Desde luego es es una película cumbre, la obra de un maestro, uno de los más grandes de la cinematografía de todos los tiempos, y una película muy estudiada y calculada hasta el mínimo detalle. Quizá el más potente de los potentes filmes de Buñuel. Contó para ello con un gran guión del propio Buñuel junto a Luís Alcoriza, que introduce la angustia en el espectador, amén de elementos surrealistas que no me atrevo a denominar símbolos, pues a Buñuel no le gustaba que dijeran eso. Más si incluye animales (ovejas, el enigmático oso), objetos, una mano que va por su cuenta, la referencia a un águila, etc., así como repeticiones de escenas (Buñuel dijo que lo hizo porque la cinta era corta y para alargarla, pues). La música de Raúl La vista es estupenda y la fotografía de Gabriel Figueroa en blanco y negro, a tono con la obra.

En el reparto está la inolvidable Silvia Pinal como Leticia, “la valkiria”; Enrique Rambal, estupendo; Jacqueline Andere, de lujo; y acompañando en un genial y conjuntado coro José Baviera, Augusto Benedicto, Claudio Brook, César del Campo, Antonio Bravo, y las ovejas, y el oso más controvertido de la historia del cine.

En 1962, en el Festival de Cannes fue nominada a la Palma de Oro como mejor película. Y la debería haber conseguido.

Estamos ante una hibridación drama-sátira, todo ello en clave surrealista e incluso mágica, que se ha convertido sin duda en una película de culto. Una especie de “reality show”, como dijo Silvia Pinal, sobre aquella gente que había quedado atrapada y enferma de los males que imperan en la sociedad burguesa, una especie de peste provocada por la ignorancia, la pereza, el egoísmo, la envidia, la codicia y tantas otras faltas capitales. Y es que yo creo que al final, Buñuel moraliza lo suyo.

La verdad, cuando la vi la primera vez, me quedé admirado de ver, dentro de un mundo tan surrealista, mensajes tan evidentes. Admirarse es algo positivo, como dijo Larra, propio de las almas al justo medio, como que las muy superiores o las estúpidas, fueran las que no se admiran de nada.

Estamos, ahora lo digo, pasados los años, ante una obra cumbre del cine universal. Una muestra palmaria de que el cine es arte ante todo, sencillamente porque apenas puede explicarse. El cine hay que sentirlo y disfrutar de las emociones que suscitan en nosotros. Y de nuevo quiero mencionar al grande que fue Mariano José de Larra cuando dijo: “Las teorías, las doctrinas y los sistemas, se explican; los sentimientos se sienten.” Y en este film se siente lo humano, y más concretamente y como escribió Palomo, las entrañas se remueven al presenciar cómo: Las convenciones burguesas son dinamitadas por el maestro Buñuel. [...] que juega con una catarata de códigos surrealistas [...] desde una parábola lúcida y extenuante. Acuerdo plenamente.

Al final de la película vemos una cruenta represión policial, antecedida por una leyenda tremenda del escritor y poeta surrealista belga Louis Scutenaire: En este mundo en el que no tenemos sino el terror como defensa contra la angustia.

Si no la has visto, no demores más. Vela y me cuentas.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=ERHL5nzEMmM.

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