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Una noche para sobrevivir

Por Alejandro Arranz

-A pesar de su evidente número de virtudes, hemos vivido esta historia demasiadas veces para no prever exactamente cada giro; algo que no impide en absoluto el entretenimiento.
-Dirigida con profesionalidad y con un reparto de altura. Tal vez si el guión de Ingelsby no fuera una concentración de tópicos e ideas a medio cocinar pudiera haber salido de aquí algo relevante y no sólo un thriller sombrío de buena factura.

El dúo Serra-Neeson consigue unos resultados excelentes en taquilla y cada vez gusta más a los críticos también. Si bien Sin identidad era la hermana tonta y mala de Bourne, la cual -por suerte- contaba con un buen equipo, con Non-Stop el director barcelonés consiguió llamar la atención de todos. Gracias a un control excelente de la tensión, a los hábiles juegos de manos, las enérgicas escenas de acción y por supuesto, a Liam Neeson. El actor norirlandés se ha afianzado estupendamente en el género de la acción. Como una especie de nuevo Bruce Willis o Charles Bronson pero totalmente diferente. Entre sus rasgos de cowboy cabreado, su forma de moverse y la competencia actoral suficiente para bordar a esos personajes duros y dramáticos; si a día de hoy buscas un actor para un filme de acción, no hay duda de que Neeson es tu hombre. Capaz de hacer verosímiles incluso escenas escritas por Luc Besson y matizar su aspecto de duro lobo solitario con algo de sarcasmo e incluso cierta ternura si es necesaria. Cuando este habilidoso director y este fantástico actor se juntan suelen salir las cosas bien, el problema -como es el caso- suele encontrarse en el guión. Para culminar con este exordio, indicar los secundarios que apoyan o persiguen a Neeson en este thriller mafioso: Joel Kinnaman, Ed Harris, Vincent D’Onofrio, Genesis Rodriguez, Boyd Holbrook -entre otros-.

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Esta tercera colaboración entre director y actor fácilmente puede ser la mejor de las tres. La prestidigitación y el misterio que protagonizaban su anterior trabajo abandonan el barco para dejar paso a una especie de western urbanizado de persecuciones. Sustituyendo un avión por una inhóspita Nueva York a lo largo de una sola noche. De nuevo tenemos a ese personaje protagonista de las películas de Neeson: atormentado, con problemas familiares, alcohólico, duro como el que más y en busca de redención por causas del destino. A penas hay algunas variaciones y aún así -como siempre- Neeson le aporta vida, credibilidad y robustez a su personaje y a lo que le rodea, es fascinante observar lo bien que le sienta el actor al género. No sólo es el personaje protagonista el que nos resulta terriblemente familiar, el guión de Brad Ingelsby (Out of the Furnace) es una retahíla de tópicos incoherentes que con otro director al mando seguramente habrían acabado mucho peor. El libreto tiene muy poca sustancia, cuenta con esa sombría historia de mafias y la importancia de la familia que siempre está muy presente en los filmes de Collet-Serra, pero no parece desarrollar los temas escogidos más allá de lo puramente narrativo. Su única intención es la de entretener al espectador durante algo menos de dos horas y eso lo consigue con suma eficacia. Por otra parte la lógica nunca ha jugado a favor de este tipo de cine, algo que a pesar de la capacitada dirección, permanece invariable. También podemos observar cantidad de escenas innecesarias, detalles y situaciones argumentales cuestionables, giros previsibles y personajes que elevan el significado del adjetivos “estereotipado”, como puede ser el policía interpretado por D’Onofrio o el sicario con las Google Glass. Aunque no todo son problemas, hay alguna vuelta de tuerca inteligente y un buen juego con los tópicos, además como western urbano nos topamos con escenas como la de la vía del tren o en la cabina telefónica, y desde luego esas largas y fabulosas conversaciones entre Neeson y Ed Harris como amigos convertidos en enemigos por los pecados de sus hijos y los suyos propios, dos hombres que saben qué cuando llegue la hora, cruzarán esa línea juntos.

Hay que hablar del resto del reparto, que secunda a Neeson muy correctamente. Desde luego Ed Harris cumple con creces y destacan sus escenas de diálogo con el protagonista, pero también Kinnaman hace un buen trabajo en contraste con lo común que es la subtrama correspondiente. Otros como Common se conforman con soltar las líneas de diálogo sin ningún tipo de expresividad y D’Onofrio no tiene apenas minutos en pantalla. El otro punto fuerte del filme es la vigorosa dirección de Jaume Collet-Serra, que imbuye cualquier situación con un extraña intensidad contenida y una tensión realmente eficaz. También le da a la ciudad un bienvenido semi-protagonismo que ayuda a dar esa sensación de ambiente cerrado y peligroso del que no puedes huir. Si hay que decir algo malo de su trabajo tal vez es el abuso de algún que otro tic visual y una reducida tendencia al subrayado, pero uno no puede quejarse cuando vemos convertido lo que parece un simple thriller de mafia en una imparable persecución nocturna entre hermanos e hijos en busca de venganza y redención. Todo un western sobre asfalto sazonado con sangre y que deja para revisión una potente persecución al volante. El climax de la cinta es absurdo por completo; lo que ocurre en esta parte no está guiado ni por la lógica más primitiva y tan sólo sirve para llevar a un lugar de equilibrio las subtramas restantes. Lo más congruente hubiera sido que el guionista hubiera unido la escena de las vías con la del bosque para que todo tuviera al menos una cantidad mínima de sentido común, no obstante la última escena entre la niebla está bastante bien y acaba de una manera fría que no es nada habitual en este tipo de cine.

En casi dos horas de película no hay momento para el aburrimiento, tal vez una pausa para ver a Nick Nolte, una aparición con cierto regusto de humor negro irónico. De todas maneras Run All Night es un oscuro y muy entretenido thriller de acción del dúo Serra-Neeson que si bien repite el esquema visto tantas veces lo hace con una eficacia y un estilo tan marcados que es difícil rechazarlo. Era necesario un guión más trabajado que puliera muchos inconvenientes y desarrollara más las virtudes, pero gracias a una dirección dinámica y a un Liam Neeson tan acertado como siempre se logra la mejor de las tres colaboraciones entre estos dos profesionales de la industria. No va a renovar el género pero lo que promete lo cumple con creces, funciona.

Alejandro Arranz

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