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Una joya de nuestro cine con el tándem Erice-Querejeta

Por Enrique Fernández Lópiz

Para mí, la película El sur es equivalente a belleza, poesía y fondo del bueno, del que en lo oculto, desvela. Algunos la valoran como una obra lenta, como si el cine tuviera que estar presidido por la acción trepidante. Otros la ven pesada, e incluso inacabada. Bueno, algo de lo segundo hay como luego diré, pero esta película no es un cuento infantil con un punto de partida, un desarrollo y un final previsible y feliz. Esta película deja al lado los flecos que también nuestra historia reciente arrojó y olvidó en pueblos, calles o cunetas de nuestra geografía tras la Guerra Civil española. Pero hay mucha belleza en esta obra cumbre y ya icónica, lo dijo muy bien Fernández Santos: “La hermosura del filme es indefinible. Hay que verlo y, aun así, a la visión seguirá la mudez del espectador, porque la historia y su magistral visualización nos sitúan en el borde de lo inefable, más allá de las palabras”.

La historia se desarrolla en una casa de nombre la “Gaviota”, una casa a las afueras de una ciudad en el norte español. En ella viven Agustín Arenas, hombre del sur, médico y zahorí; Julia, su mujer, maestra represaliada tras la Guerra Civil; y Estrella, la hija de ambos. Estrella, conforme va creciendo es una niña fascinada por la figura de su padre, “atracción por la figura abstracta, enigmática, del padre, mitificado y desmitificado casi en una misma mirada” (Fernández Santos). Tanto es así que lo observa a cada instante. Pero la niña no comprende a ese hombre silencioso y enjuto, ni el universo que lo envuelve. Estrella va a la escuela, tiene sus amistades y vive feliz, entre otras por ser ajena a los problemas de su madre, una mujer que constantemente está apenada por haber sido sancionada por la dictadura. Por cosas del azar, una tarde, Estrella ve desde la calle a su padre sentado en un café, y mirando de reojo tras los cristales, descubre una carta que su padre escribe, lo cual que se da cuenta que éste guarda un secreto: un romance con otra mujer.

El director Víctor Erice es un genio con una obra muy personal en su curriculum como cineasta de culto. En este sentido de lo que digo sirvan como ejemplo El espíritu de la colmena (1973) o El sol del membrillo (1992). En esta película, Erice sabe hacer uso de medios sorprendentes con una cadencia propia, una musicalidad y lirismo indiscutibles, junto con una gran elaboración narrativa. Tiene la película un guión del propio Víctor Erice, en el cual colaboró durante un par de meses el gran crítico y ensayista Ángel Fernández Santos. El libreto está basado en la novela de Adelaida García Morales, que contiene dos relatos, siendo el primero de ellos el que da título al libro y al film: El Sur. El guión contenía inicialmente unas quinientas páginas por la prolijidad de las descripciones, pero el rodaje una vez finalizado contaba con una hora y cuarenta y cinco minutos de duración. Interesantes diálogos y silencios aterradores se extienden a lo largo de la trama. Tiene una música variada y sobrecogedora (no hay más que recordar la conversación en el restaurante entre el padre y la hija mientras suena un conocido pasodoble entrañable a los oídos y sentimientos españoles). Magnífica fotografía de José Luis Alcaine que pinta las imágenes con un tono cuasi onírico, elegantes movimientos de cámara y calculadas iluminaciones que consiguen fascinar la sensibilidad del espectador. Buena puesta en escena y planificación excelsa.

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Quien vea la película, algo por demás muy aconsejable para quien le guste el cine, observará la singularidad del inicio del film que es sin duda fruto de la creatividad de Erice para generar una atmósfera que definirá el resto de la obra. Este efecto lo consigue al fijar la cámara en la cama de Estrella mientras van pasando los días, amanecer tras amanecer. Este plano repetido produce en el espectador una sensación de soledad, abatimiento y nostalgia que ya continúa hasta el final. De otro lado, quiero recordar la imagen de esa niña que se aleja en bicicleta por la carretera mientras un cachorro la sigue y ésta se pierde en la lejanía; y cómo, en un suave fundido la vemos volver, como hace cada día, pero ya adolescente mientras un perro adulto acude a recibirla. Genial.

Los comentarios técnicos e históricos sobre este film resultarían inacabados sin la mención importantísima y explícita al enorme productor que fue Elías Querejeta. Hay quienes piensan que esta obra cimera no llegó a terminarse, según la idea original de Erice, que tenía previsto sobrepasar las dos horas y media de duración. Y es que Querejeta, aludiendo a razones de “criterio”, aplicó la tijera y la dejó como la conocemos. Sin embargo, esta “sinfonía inacabada” –que dice Fdez. Santos- quedó excelente con este metraje de 93 minutos, convirtiéndose en todo un referente de nuestro cine, una “obra maestra de recorrido interior, de sensaciones, de emociones, tristezas y alegrías. De vidas por las que la cámara recorre sólo los momentos que forzosamente han de quedar registrados en la memoria. Por eso sus elipsis son tan sesgadoras” (Fernández Santos).

En el reparto Omero Antonutti hace un trabajo parco al que dota de cualidades enigmáticas, justo lo que se pretendía, pues es un hombre callado con secretos y sentimientos muy escondidos: trabajo genial. Sonsoles Aranguren interpreta con gran sensibilidad a Estrella cuando es niña, en tanto Icíar Bollaín lo hace magistralmente cuando la niña ya se ha convertido en una mujercita. Lola Cardona está muy bien, en su papel de mujer que sufre calladamente. Rafaela Aparicio es siempre una garantía y sirve a modo de contrapunto alegre al drama que sobrevuela el film: magnífica. Y acompañando con trazas de gran calidad actoral Germaine Montero, Aurore Clement, María Caro, Francisco Merino y José Vivo.

Entre premios y nominaciones en 1983 obtuvo: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película). Festival de Chicago: Hugo de Oro – Mejor película. Festival de cine Ibérico de Burdeos: Mejor película. Premios San Jordi: Mejor película española. Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos (Mejor director. Con el tiempo ha resultado ser mucho más que todos estos premios juntos.

¿Y qué le faltaría a la película? Pues bien, aunque la cinta quedó como ya he dicho maravillosa como está, la gran autora de la narración homónima Adelaida García Morales, ganadora del premio Herralde de novela en 1985 con El silencio de las sirenas, sí había escrito una segunda parte tras el estreno del film, que cuenta las vivencias de Estrella a partir de la muerte de su padre, en las que ya adolescente, viaja a Carmona en Sevilla al conocer que tiene un hermanastro debido a la relación de su padre con otra mujer. Ahí queda lo que no se rodó…

Pero el éxito de público y crítica de la película fue tal, que productor y director, Erice-Querejeta, decidieron no acometer el rodaje de esta segunda parte. En realidad es una composición inacabada que quedó sobresaliente, una obra maestra, intimista, interiorista y muy emotiva. Así, el final del film queda cerrado pero a la vez con un inacabado perfecto convertido ya en una joya que es el “evocador relato de los secretos de una familia y la pérdida de la posguerra” (Patterson), a pesar de que durante el rodaje quedara, supuestamente, mucho por filmar.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=OHz1maSVCWw.

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