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Una invectiva feroz contra la vergonzante ex URSS

Por Enrique Fernández Lópiz

El niño 44 se desarrolla la historia en la antigua Unión Soviética (URSS). Un antiguo guardia de seguridad, Leo Demidov (Hardy), héroe de guerra, es un auténtico y fervoroso individuo que cree en Stalin ciegamente. No obstante es un buen hombre que se resiste a los métodos crueles de sus colegas de la seguridad. Así, en un punto de la historia debe investigar los reiterados asesinatos de niños, en los que él ve la mano de un sádico que siempre actúa de la misma manera. Pero como reza el lema de la historia: En el paraíso no hay crímenes. O sea, la URSS de Stalin, supuestamente el paraíso del hombre en la tierra, es pura, sólo genera buenos hombres y mujeres, y entonces el crimen es negado sistemáticamente. De esta guisa, Demidov es relevado de su cargo, apartado de la investigación y de esta forma el régimen estalinista preserva la ilusión de una sociedad utópica libre de delincuencia. Demidov, deportado junto a su esposa, es perseguido y está en el punto de mira de antiguos colegas que lo quieren eliminar, como Vasili. Pero él no se rinde y lucha contra viento y marea para encontrar la verdad que late tras esos asesinatos. Por su parte, su esposa (Rapace) es la única que permanece a su lado, aunque ella oculta también sus propios secretos.

Estamos ante una ficción con visos de realidad según la Historia de la Rusia estalinista, de aquella sociedad en la que todo el mundo podía ser culpable y la ira de un vecino o cualquier nimiedad podía desencadenar que toda una familia acabará en las gélidas llanuras de Siberia o sencillamente fusilada. Como apunta Oti: La lucha entre el bien social y el mal individual, entre la verdad y su envoltorio, tiene su correspondencia en el argumento con la lucha entre las leyes del «thriller» y las del cine de denuncia política, o ideológica.”

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Producida por Ridley Scott, dirige este film con encomiable pulso narrativo y sabiendo bien qué pretende decir, el director chileno-sueco Daniel Espinosa, de entre cuya filmografía destaca Safe House de 2012, una película que hizo una histórica recaudación de más de doscientos millones de dólares. O sea, Espinosa conoce bien el oficio y en este caso ha construido un film impecable al que no le falta de nada: política, amor, thriller, y todo magistralmente dirigido por su batuta. Vertebra el film un excepcional guión de Richard Price, adaptación de la novela de Tom Rob Smith, autor británico de la novela Child 44 de 2008, que se adentró en el complejo y asfixiante mundo estalinista de 1953, poco antes de la muerte del “padrecito”, para desarrollar una novela negra en toda regla. Y aunque se trata de ficción, el carnicero de Rostov, que mató a 52 personas, con especial dedicación a los niños, fue real. Por supuesto los norteamericanos se apresuraron a comprar los derechos para el cine de esta original e inquietante novela. Excelente música de Jon Ekstrand y gran fotografía de Philippe Rousselot, así como gran puesta en escena y montaje.

El reparto es verdaderamente genial, con actores que saben hacer su trabajo con absoluta credibilidad y virtuosismo. Así, tenemos a un gran Tom Hardy en el papel de guardián de la revolución represaliado; Hardy es un actor que se adapta a cualquier papel, que no tiene rostro ni físico de estrella, pero al que se lo rifan los mejores directores por la veracidad que imprime a sus personajes. Junto a Hardy está una Noomi Rapace muy inspirada en su rol de esposa con sus miserias y secretos. Gary Oldman está genial, Joel Kinnaman estupendo, Paddy Considine de lujo, Jason Clarke extraordinario, y les secundan con igualo maestría Vincent Cassel, Fares Fares, Josef Altin, Nicolaj Lie Kaas y Sam Spruell, entre otros. Verdaderamente el cuadro actoral es uno de los valores importantes de esta obra.

Película que dota a la historia de un denso, pesado y peligroso clima dentro de una creíble ambientación, un ritmo in crescendo que oprime el corazón del angustiado espectador, con inquietantes personajes, un nebuloso y oscuro tono como el mismo argumento, todo ello además, con un depurado estilo narrativo que pone en evidencia la pureza del estado soviético donde no puede haber crímenes ni hechos contaminantes. Como dice Boyero: “En las dictaduras el mal está ausente, el orden no permite desvaríos, la delincuencia es inexistencia y los crímenes siempre son pasionales, están incontaminadas contra la podredumbre moral, los negocios turbios, el gansterismo activo o subterráneo, los ajustes de cuentas.

Además, el film pone en evidencia cómo la gente más perversa, tipo el personaje Vasili, fue la que más ascencendió en la época estalinista y post-estalinista; personas cobardes, que como vemos al principio del film, quedaban paralizados en la batalla, sin capacidad de respuesta o de colaboración con los compañeros. Pero luego, ya tras la II Gran Guerra, eran capaces de matar a sangre fría a unos pobres granjeros, simplemente porque alguien los había delatado como “disidentes”. Fueron individuos malignos, como decía Fromm con un “carácter necrófilo” (como también el asesino en serie del film), ciudadanos que ciegamente y agarrándose de la mano del “padrecito” Stalin eran capaces de las mayores atrocidades, pues eran unos sádicos en toda regla. Este matiz enfermante de aquella sociedad bolchevique que tanto tiempo duró, es un importante punto para reflexionar del film. Y agradecer no haber tenido que vivir en ese experimento social de los comunismos del Este europeo que tanta marca dejaron en quienes los padecieron y que aún colea. Por ejemplo, los enfrentamientos en Ucrania entre filo europeos y pro rusos, el conflicto de los Balcanes de no hace tanto, la política rusa de un Putin que fue nada menos que Director del KGB, el atraso de todos los países post-comunistas: Rumanía, Albania, Bulgaria, etc.

En conclusión, gran película, para mí entre las tres mejores de este año, de entre las que he visto, película en la que Espinosa se centra y ausculta el oprobio profesional y el destierro al páramo siberiano de un policía antiguo héroe de guerra, que, destinado a un confortable y esplendoroso porvenir, es repudiado por el mero hecho de plantearse preguntas, de no denunciar a su mujer de subversiva, mujer que por cierto no le ama, y hastiado de ver cómo tratan de ocultar bajo la alfombra del régimen la basura del asesinato del niño de un amigo; o sea, alguien que se enfrenta a la ley del silencio. Creo que esta sí es una película para pensar. Lo que no quita para que sea una obra que se ve con mucha atención e interés, pues el ritmo y la trama están muy bien llevados.

Puedes ver aquí el tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=wIfW-UwT9zQ.

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