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Una huida atropellada

Por Enrique Fernández Lópiz

Los hermanos Addison y Liza (Eric Bana y Olivia Wilde) acaban de robar una fuerte suma en un Casino. Cuando escapan en un automóvil junto con un tercer sujeto por una nevada carretera, sufren un aparatoso accidente. Muere uno de ellos, pero los hermanos sobreviven. Adisson propone a Liza en medio de la ventisca, separarse para llegar hasta la frontera canadiense. Pero la fuerte tormenta dificulta mucho la pretensión de ambos. Mientras Addison emprende el camino campo a través, matando a unos y a otros y dejando un reguero de muerte en su huida, Liza es recogida por un joven, ex-boxeador y ex-presidiario (Charlie Hunnam), recién salido de la cárcel y con problemas con la justicia, que se dirige a casa de sus padres (Sissy Spacek y Kris Kristofferson) para celebrar con ellos la fiesta de Acción de Gracias. Los acontecimientos se precipitarán hacia un final imprevisto y violento.

La huida (2012), película dirigida en los Estados Unidos, con buen oficio, por el director austríaco Stefan Ruzowitzky, que firma este tenso y a veces disparatado thriller que pretende ser una exploración de la naturaleza humana y la frontera que separa el bien y el mal, lo cual que apenas llega a conseguir. El guión de Zach Dean está cargado de exabruptos, giros y lagunas evidentes; un guión confuso y alborotado. Está bien la música de Marco Beltrami, y es bastante meritoria la fotografía de Shane Hurlbut. Por cierto que esta Huida, nada tiene que ver ni por temática ni por calidad con la mítica película La huida (The Getaway), 1972, de Sam Peckinpah, con Steve McQueen y Ali Mac Graw.

El reparto es irregular, con estrellas importantes entre los jóvenes, pero sobre todo en los personajes mayores, estrellas muy conocidas y de relumbrón. Los actores protagonistas hacen actuaciones irregulares. Actores y actrices que cumplen su cometido, unos mejor que otros y de manera más o menos creíble, como el famoso Eric Bana, mediocre como hermano atracador de apariencia tranquila inicialmente y que deviene en psicopatón asesino en serie; Olivia Wilde, regular como arrebatadora hermana seductora y auténtica femme fatale; Charlie Hunnam, bien en su rol de ex-convicto y problemático boxeador; Sissy Spacek, estupenda en su rol de madre de Jay; Kris Kristoferson, magnífico como padre severo de Jay y sheriff retirado; y acompañan bien otros secundarios como Jason Cavalier, Kate Mara, Treat Williams, Alain Goulem, Allison Graham, Patrixk Kerton, Sarah Hansen, David Goff y Benoit Priest.

Cuando hace unos días empecé a ver esta película me atrajo el encuadre blanco, las estupendas vistas de ventisca y nieve, así como un arranque que parecía prometedor. Cuando hay nieve, sobre todo en películas de terror o tipo thriller, este aspecto tiene un significado de aislamiento; e incluso de descomposición moral interior en medio de la blancura exterior; o espacio hostil en el que poner en marcha el instinto de supervivencia, aunque sea a costa de teñir de rojo otros devenires. Entonces, esta panorámica del Michigan más septentrional me sedujo y me hizo pensar que estaría ante una cinta recomendable.

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Es decir, el inicio nevado, un robo exitoso, un accidente… y ahí ya me empezó a molestar que el personaje de hermano ladrón, sin mediar palabra asesinara a sangre fría a un policía que iba a auxiliarles. Violencia gratuita y estúpida, pues tampoco tiene una pizca de racionalidad lo que hizo, dado que con eso sólo conseguiría que se le echara encima el séptimo de caballería, como habría de ocurrir luego efectivamente (mal el guión).

Luego, paralelamente otra historia: un joven que sale de la cárcel. Y cómo poco a poco, estos personajes van confluyendo: correcto. Pero de nuevo los despropósitos del hermanito sirven al guionista al parecer de excusa o a modo de soporte facilón, frente otras opciones que habrían sido más interesantes para la historia que la mera balacera o crímenes en tropel. De forma que continúan los asesinatos de Addison incluso cuando no vienen a cuento. Al final la peli queda absolutamente jorobada con una conclusión de pura catástrofe, decapitaciones de miembros y disparos. Una singular manera de clausurar una trama que habría podido tener un mayor interés.

Creo entonces que es un film que se acerca más a una peli tipo B que se hunde con estrépito en una trampa (deadfall) en toda regla, tanto para la historia como para el espectador. Este melodrama de suspense se queda en ese punto medio en el que uno no se atreve a levantarse y largarse, ni tampoco queda satisfecho cuando acaba. Es un “entre-dos-aguas” y al final, te alegras de que se haya acabado, antes que te salpique un dedo o cualquier otro miembro de los que varios que se seccionan en la peli.

Tal vez, es un suponer, el director de tan difícil apellido, Ruzowitzky, haya querido construir una historia donde un grupo de personajes van a la deriva buscando una salida airosa a sus incontenidos impulsos, e incluso cierta forma de redención. Lo que ocurre, que si esta idea es (habría sido) generosa para poder hacer un film, en esta obra en concreto, los tales personajes, tras unos increíbles vuelcos del destino y algún truco inverosímil y un abuso de la variable azar, como dice Ocaña de la historia: llega en forma de asedio final en el salón de una casa que parece alojar la inocencia en la mirada de una madre.” De hecho, cuando el peligroso Addison irrumpe en la casa al final, casa de los padres del boxeador y novio ya de su hermana, el rostro de Sissy Spacek parece retransmitir alivio, calma y cierta paz. Pero lejos de amansar la fiera que habita dentro de Addison, lo que en realidad acontece es una ensalada de violencia gratuita de nuevo, lo cual que Ruzowitzky no acierta a encontrar una salida airosa al lance.

Además, debo decir que la película tiene el “síndrome del atropello”, o sea, del desencadenamiento de acontecimientos múltiples en poco tiempo. En un tris todo parece mezclarse: la relación de los hermanos Addison y Liza que tiene todas las trazas de una velada relación incestuosa; la historia de amor a todo tren entre el ex–boxeador y Liza: un romance poco creíble; crímenes a gogó de parte de un Addison que había empezado con otras trazas la historia; el conflicto entre el Sheriff y su hija; y como broche, un desenlace bestial y de todo punto inverosímil. O sea, la espuma se desborda y se va el fuelle de la historia por sobresaturación, vertiginosidad, despropósito y… acontecimientos “atropellados”.

Pero como a mí me gusta, como ya he dicho otras veces, sacarle un partido positivo a cada película que veo, diré en su descargo, y con esto acabo, lo siguiente. La huida puede resultar para muchos entretenida; no es una película con pretensiones, pues si no habría sido mucho peor; es breve (94 minutitos que se pasan pronto); las tramas paralelas se siguen sin dificultad; el protagonismo está repartido entre varios personajes definidos de manera concisa; y hay de todo: violencia, romance, drama familiar; con un exceso de violencia gratuita, en un metraje que venturosamente es medido.

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